“Entre el crepitar de los fuegos artificiales, el año viejo emprende vuelo. La brisa de primavera trae calidez y el vino Tusu aporta alegría. En incontables hogares brilla el sol matutino. Mientras nuevos amuletos de madera de durazno sustituyen a los antiguos”.
Celebración para un tiempo de promesas
El Festival de Primavera, inscrito en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO en diciembre, se celebra este año el 29 de enero. Te invitamos a unirte a nosotros para darle la bienvenida al Año de la Serpiente.
En 1069, Wang Anshi, el renombrado poeta y estadista de la dinastía Song del Norte (960-1127), compuso este poema para celebrar la llegada de un nuevo año.
El poema perdura como una expresión atemporal de esperanza, memorizado y recitado por generaciones de chinos durante las celebraciones del Año Nuevo.
Esa esperanza se basa en una promesa estacional. El calendario tradicional chino alinea el Año Nuevo con el final del invierno y el inicio de la primavera, de ahí su nombre, Festival de Primavera. En el centro del calendario, que integra ciclos lunares y solares, se encuentra un esfuerzo por armonizar las prácticas agrícolas y sociales con el ritmo de la naturaleza. El Año Nuevo marca el inicio de la temporada de cultivo, cuando la esperanza brota de la tierra que empieza a descongelarse.
El calendario ha evolucionado a lo largo de miles de años, al igual que las tradiciones del Año Nuevo Chino. A pesar de que el Año Nuevo comienza a la medianoche, las celebraciones festivas suelen extenderse por semanas e incluso en algunas áreas, más de un mes, iniciándose mucho antes de la víspera.
Como señaló Wang, el año viejo se despide con el sonido ensordecedor de los fuegos artificiales, pequeños truenos que sacuden las ventanas en las calles, provocan que los niños se tapen los oídos con alegría y dejan en el suelo restos de papel rojo desgarrado que envolvía los explosivos.
Aunque los petardos crean una caótica sinfonía llena de energía, su propósito no es deleitar los oídos, sino, según la leyenda, ahuyentar a una bestia feroz.
Esta bestia, llamada Nian, que es también el carácter para “año”, aterrorizaba a las aldeas hasta que un anciano sabio descubrió que, a pesar de su aparente invencibilidad, Nian temía a tres cosas: los ruidos fuertes, las luces brillantes y el color rojo.
Por eso los petardos explotan por la noche, las velas arden hasta el amanecer y los faroles se balancean en cada tejado. El color rojo está presente en todas partes: desde coplas escarlata y decoraciones recortadas en papel para las ventanas, hasta sobres rojos llenos de dinero, obsequiados a los niños como augurio de buena fortuna.
Una parte indispensable del Festival de Primavera es la cena de reunión, compartida por todos los miembros de la familia en la víspera del Año Nuevo Chino.
En muchas partes del norte de China, esta celebración incluye comer empanadillas o dumplings. Estos deliciosos bocados consisten en pequeñas envolturas de masa redonda, del tamaño de la palma de una mano, rellenas de ingredientes picados y con forma de lingotes, que simbolizan riqueza. Ocasionalmente, se esconde una moneda dentro de una de las empanadillas, prometiendo suerte extra a quien la encuentre.
En el sur de China, los pasteles de arroz, conocidos como niangao (homófonos del término que significa “mejor año”), son un elemento básico del Festival de Primavera, simbolizando progreso para el año venidero. Estos se complementan con los tangyuan, bolas de arroz glutinoso de sabor dulce que encarnan la alegría de la unión familiar.
También están los rollitos de primavera —dorados y crujientes envoltorios de masa rellenos con brotes de vegetales— y el pescado, cuyo nombre es homófono del carácter chino que simboliza excedente y abundancia. En la víspera del Año Nuevo, la cabeza y la cola del pescado a menudo se dejan sin comer, representando el deseo de un buen inicio y final para el año venidero.
Los recuerdos del Festival de Primavera son distintos para cada generación, y cada una participa en actividades únicas que a menudo difieren significativamente de las de generaciones anteriores o futuras.
En tiempos de escasez material, el Festival de Primavera era una rara oportunidad para un verdadero banquete, esperado con ansias por los niños durante semanas, incluso meses.
La comida solía ser preparada por la familia, y el bullicio de la cocina —el estrépito de ollas y sartenes, el aroma de los alimentos— realzaba el ambiente festivo.
Para los niños, la sola idea de un banquete abundante, con una mesa repleta de platos, era suficiente para hacerlos salivar y desatar su imaginación, todo en medio del alegre caos de una gran reunión familiar.
La escasez comenzó a aliviarse en la década de 1980, tras la reforma y apertura de China, iniciada a finales de 1978. Estos cambios, que impulsaron significativamente el crecimiento económico, también propiciaron una vasta población de trabajadores migrantes. Para mediados de la década de 1990, su número había aumentado a cientos de millones.
La migración laboral de las áreas rurales a las ciudades industriales no solo impulsó el auge económico del país, sino que también alteró profundamente la vida rural y las estructuras sociales, transformando tradiciones como el Festival de Primavera de manera duradera.
Para los trabajadores migrantes y las familias que dejaron atrás (padres, cónyuges e hijos), el Festival de Primavera ya no es solo una pausa en las labores agrícolas, sino un tiempo muy preciado para reuniones, una breve oportunidad de cerrar la distancia impuesta por la necesidad económica.
Antes de la llegada de los trenes de alta velocidad, el flujo masivo de personas en los días previos al Festival de Primavera convertía los viajes en tren en una agotadora odisea.
Además del desafío del propio viaje, casi todos llevaban enormes paquetes con regalos para sus seres queridos, en una época en la que lo disponible en una parte del país podía ser imposible de encontrar en otra. Estas experiencias ahora solo habitan en la memoria. Hoy en día, los niños ya no esperan con ansias el festival para probar dulces, y el Festival de Primavera puede incluso celebrarse en una playa soleada, lejos de casa.
Por ZHAO XU





