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Argentina: tierra de vinos

Nuestro país respira y vive cultura de vino. Pero no sólo a la hora de beberlo, sino también de hacerlo. Existen 18 provincias elaboradoras, cada una tiene una historia detrás y por delante.

Cada final de verano y durante todo el otoño, Argentina se prepara para una nueva vendimia para cosechar los frutos de todo un año de trabajo; frutos que luego se transformarán en vino, que reposarán en tanques, botellas, barricas o serán la base para futuros espumosos. Todo un año esperando ese momento.

Lo mismo ocurre con quienes participan de la Fiesta Nacional de la Vendimia, el homenaje anual que se celebra cada marzo en Mendoza. Pero, ¿por qué se celebra en provincia cuyana? Simple: Mendoza basa su economía en entorno al vino y cuenta con el 70% de los viñedos del país.

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Si bien en la provincia cuyana se encuentran la mayor cantidad de viñedos, Argentina es un país vitivinícola a lo largo y ancho de todo el continente. Ocupa el quinto lugar de los países productores, por debajo de Francia, Italia, España y Estados Unidos; y por encima de China, Australia, Chile, Sudáfrica y Alemania.

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Muchos se preguntarán qué ocurre con el 30% restante, ¿dónde están esos viñedos? Y la respuesta es simple: en 17 de las 23 provincias restantes del país. Sí, en Argentina son 18 las provincias que elaboran vino, donde San Juan cuenta con el 21,1% del total, La Rioja el 3,6%, Salta el 1,6% y Catamarca el 1,3%. La Patagonia, con una fuerte connotación positiva de sus vinos, representa solamente el 1,83%: Neuquén y Río Negro tienen el 0,8% cada uno, el resto se reparte entre Chubut (0,03%) y La Pampa (0,1%). Pasando los números en limpio, el 0,4% de los viñedos del país destinados a la elaboración de vino están repartidos en 9 provincias: Córdoba, Buenos Aires, Tucumán, San Luis, Entre Ríos, Jujuy, Misiones, Santiago del Estero y Santa Fe.

Primera viñas

Según los historiadores, las primeras vides que llegaron a América fueron de la mano de los Jesuitas que se instalaron en México. Este grupo religioso –en su mayoría misioneros– se iban movilizando hacia otras tierras y en ese camino cargaban con ellos sus vides de origen europeo (españolas, sobre todo). Para los católicos, el vino es fundamental en su religión porque –según sus creencias– se convierte en la sangre de Cristo. En este peregrinaje, en cada nuevo pueblo o ciudad que desembarcaban, plantaban nuevas estacas.

En Siglo XVI se creó el Virreinato del Perú y se estima que en el 1700 llegaron las primeras vides a la actual provincia de Salta, que en ese entonces correspondía a dicha gobernación (el Virreinato del Río de La Plata se creó en 1776). En aquel entonces, el único fin de las vides era de proveer vino para misa y no como producto comercial.

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A principios del Siglo XIX, las plantaciones de vid llegaron a la región de Cuyo y fue el gobernador de Mendoza Pedro Pascual Segura quien creó en 1853 la primera escuela de enología argentina. La iniciativa de profundizar el trabajo vitivinícola argentino fue de Domingo Faustino Sarmiento quien convocó al especialista francés Miguel Amado Pouget –que estaba en Chile– para trabajar en nuestro país con cepas francesas, en las que se encontraba nuestra querida Malbec.

Tiempos de prohibición

La historia vitivinícola argentina no siempre estuvo distribuida como lo está en la actualidad. Según cuentan los registros históricos, hacia el año 1910, Entre Ríos ocupaba el cuarto puesto en el censo Nacional de Viñas, con una extensión que alcanzaba casi las 5000 hectáreas y con más de 60 bodegas en los departamentos de Colonia San José, Concordia, Victoria y Federación. Sin embargo, todo cambiaría luego de la crisis del ’30 que azotó a casi todo el mundo y que Argentina no se mantuvo al margen, y tampoco el consumo de vino. Para contrarrestar esta caída, el por entonces gobierno de facto de Agustín Pedro Justo tomó una de las medidas que cambió para siempre la historia de los viñateros argentinos, sobre todo los de la provincia de Entre Ríos. En 1934, el entonces presidente –de curioso origen entrerriano– sancionó la Ley Nacional Nº 12.137 en la que se desalentó la actividad en todo territorio que no fuera en las provincias cuyanas. Su idea era que dicha zona potencie su producción y se transforme en el polo vitivinícola argentino, algo que sí ocurrió, pero que obligó a otras regiones a cambiar de actividad, sin pensar que era una de las principales de la provincia mesopotámica, por ejemplo.

“Los inspectores llegaban en compañía de las fuerzas armadas y, sin mediar palabra, arrancaban las vides de raíz, incendiaban plantaciones enteras y perforaban los toneles, derramando de esta forma, la producción y los sueños de cientos de entrerrianos”, cuenta Guillermo Tornatore, dueño de la actual bodega BordeRío (2014), ubicada en la localidad de Victoria. La prohibición de elaboración de vino en otras regiones fuera de cuyo se extendió hasta 1993.

En la actualidad, Entre Ríos cuenta con 56 ha. de viñedos y representan el 0,15% del total del país. La bodega pionera de esta segunda etapa entrerriana fue Vulliez Sermet, en el año 2003, y es un emprendimiento familiar liderado por Juliana Vulliez Sermet. La casa donde actualmente está la bodega fue construida por el inmigrante suizo Joseph Favre en 1874, pero abandonada luego de la prohibición. Juliana y familia elaboran actualmente 70 mil botellas anuales que se comercializan sólo en bodega, junto con el emprendimiento turístico que llevan adelante.

De Norte a Sur

No todas las historias tienen final feliz. Para sorpresa de muchos, en el año 2005, el ex gobernador de Misiones Carlos Rovira anunciaba la instalación de la primera bodega en su provincia. Se trataría de una bodega-escuela en la región con un trabajo en conjunto con el INTA en Cerro Azul. Se plantaron vides nuevas y de a poco comenzaron la elaboración. Pero apenas 4 años más tarde, el proyecto de un vino oficial quedaría en la nada. El detonante fue cuando las autoridades del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), prohibieron catalogar a la bebida como vino, dado que el producto no cumplía “con los estándares básicos exigidos por el organismo”. El edificio estuvo abandonado mucho tiempo y en la actualidad se utiliza sólo para elaboración de vino casero para consumo personal de los habitantes de la zona. En total en Misiones existen 18 ha. de superficie (0,04% del país).

En 2019, el empresario Alejandro Bulgheroni sorprendió al mundo vitivinícola con un proyecto de 50 ha. de viñas orgánicas en la provincia de Chubut –casi en el límite con Santa Cruz–, transformándose así en el viñedo más austral del mundo. El emprendimiento, que fue un secreto a voces por casi diez años, cuenta con el asesoramiento de Alberto Antonini y la dirección enológica de Juan Pablo Murgia. Las viñas fueron plantadas entre 2011 y 2015 y su primera vinificación se realizó en 2017. Para 2021, aseguran que lanzarán al mercado un espumoso orgánico. En Chubut existen otros emprendimientos vitivinícolas como Casa Yagüe y Nant y Fall, en Trevelin, y en la provincia existen un total de 75 ha. de viñas para vino, lo que representa el 0,07% del país.

De Norte a Sur, Argentina es tierra de vino. No importa si hay sólo un 0,1 ha. como en Santa Fe o más de 150 mil como en Mendoza. Cada uno tiene su estilo, su carácter, su forma de elaboración y su equipo, todos tienen una historia detrás y su forma de contarla es a través de una botella.

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Argentina ocupa el quinto lugar de los países productores, por debajo de Francia, Italia, España y Estados Unidos.

El 0,4% de los viñedos del país están repartidos en 10 provincias: Chubut, Córdoba, Buenos Aires, Tucumán, San Luis, Entre Ríos, Jujuy, Misiones, Santiago del Estero y Santa Fe. En 1910, Entre Ríos ocupaba el cuarto puesto en el censo Nacional de Viñas, con una extensión que alcanzaba casi las 5000 hectáreas y con más de 60 bodegas.

Por Pancho Barreiro

Especial para Revista Di-Vino