Se avecinan tiempos convulsos. Y los primeros truenos acaban de caer. Por un lado, los relojeros suizos. Por otro, los relojes inteligentes. Estos últimos llevan como bandera la tecnología «wearable» -vestible, en español-, que está pisando fuerte entre un público que demanda este tipo de aparatos electrónicos y que, lentamente, va haciéndose un hueco en el mercado. Mientras tanto, la relojería clásica, que desde hace decenios es sinónimo de diseño y elegancia, intenta reinventarse en una sociedad hiperconectada. Y debe hacerlo si no quieren tener que compartir parte de la industria.
Los "smartwatches" ponen en jaque a los relojes suizos
