La realidad virtual o VR –del inglés virtual reality– es una de esas quimeras tecnológicas que aparecen cada cierto tiempo en el panorama y que promete crear un nuevo mundo completamente digital en el que poder sumergirse con todos los sentidos. La última vez que intentó asaltar el mercado de consumo fue a principios de los 90, pero entonces la ‘realidad’ era muy poco real –estaba demasiado pixelada–. Ahora, con pantallas de muchísima más calidad y procesadores millones de veces más potentes que aquellos, la VR ha resurgido con fuerza.La tecnología VR –no confundir con la realidad aumentada (AR) de las Google Glass– es relativamente sencilla de entender, pero bastante más complicada de implementar con éxito en el mundo real. Básicamente se trata de recrear la imagen que habitualmente se muestra en la pantalla del televisor en un visor personal, aislando al usuario de los estímulos visuales externos. Para añadir realismo, la imagen se muestra con una perspectiva diferente a cada ojo, creando la sensación de tridimensionalidad. Aquí resulta de vital importancia usar pantallas con una muy alta densidad para que el ojo vea los detalles de los objetos, pero no perciba los píxeles.
En 2016 llegarán prometedores sistemas de realidad virtual con los que la inmersión audiovisual puede cambiar la forma de interactuar.
Las posibilidades de la realidad virtual resurgen con fuerza
