Casi todos son abuelos. Vienen de distintas profesiones, trayectorias y rincones de la vida, pero los une una certeza: fueron compañeros del colegio San José de los Hermanos Maristas, y en diciembre de 1975 egresaron y cerraron juntos una etapa que jamás se borró del todo. Medio siglo después, los “Restos del 75”, como se hacen llamar en su grupo de WhatsApp, decidieron volver al punto de partida.
El sábado 10 de mayo, a las 11 de la mañana, 28 de los 35 egresados de aquel año se reencontraron en la institución. Allí caminaron los pasillos que alguna vez recorrieron como niños y adolescentes, se sentaron en los bancos de siempre, izaron la bandera y participaron de una bendición encabezada por el hermano Renigio, de 91 años, en memoria de los cinco compañeros que ya no están.
“Ibamos caminando por los pasillos del colegio y, como suele suceder con estas experiencias, a muchos se le caían las lágrimas”, confesó Darío Arboit, uno de los organizadores del encuentro, que culminó entrada la noche en el club house de un barrio privado en Luján, con un asado inolvidable.
No fue fácil. Convocar a casi todos, después de 50 años, implicó un trabajo silencioso, paciente. “Fue un trabajo de hormigas que finalmente dio sus frutos”, resumió Darío, quien ingresó al colegio con apenas siete años, allá por 1965.
Las charlas del reencuentro giraron en torno a la familia, los nietos, el trabajo, pero sobre todo a aquellas anécdotas que resisten al paso del tiempo y que parecían haber estado esperando este momento para salir a la luz, intactas.
“Esto fue algo que debíamos hacer, que formaba parte de un recordatorio importante para todos nosotros y así fue”, expresó Darío. Y no se refería solo al reencuentro en sí, sino a lo que implica regresar, aunque sea por unas horas, a los lugares donde uno empezó a ser.
“Esta vez no fue solo el típico asado entre unos pocos —explicó—, sino una jornada completa de emociones, y en el colegio, cerca de la Virgen, del sagrario, de los lugares que recorríamos todos los días de niños y adolescentes”.
El nombre que eligieron para el grupo —“Restos del 75”— habla con ironía y ternura de lo que queda, la esencia de un vínculo que sobrevivió al tiempo.
En definitiva, un encuentro que, cinco décadas después, demostró que lo verdaderamente importante no se pierde.










