Quino, en el documental
La nueva vida
Los últimos tres años han sido intensos en la vida del maestro. Especialmente el 2017, cuando murió Alicia Colombo: su esposa, su compañera de toda la vida, su representante. Su otra mitad.
Ese giro del destino precipitó otro: la vuelta definitiva a Mendoza después de tantas décadas entre Europa y Buenos Aires, aunque matizadas con visitas a los hermanos y sobrinos y demás descendientes y amigos mendocinos. Por cumpleaños. Para pasar las fiestas. Para decir algún último adiós. Porque sí.
Entonces, Quino se radicó en su provincia natal otra vez y comenzó una nueva vida.
En la inmensidad del nuevo hogar lo asisten y lo miman los Lavado, con su sobrino Diego -el abogado penalista- y su familia. Desde Buenos Aires lo hace su mano derecha: Julieta Colombo, la sobrina de Alicia, la mujer que lo representa hace varios años. "Trabajo con él desde mis 18 años; aprendí todo de mi tía Alicia", dice Julieta que no puede venir a ver a Quino, como lo hacía periódicamente, por la cuarentena.
"¿Cuándo vas a venir?, me pregunta Quino por teléfono desde que estamos en la cuarentena" "¿Cuándo vas a venir?, me pregunta Quino por teléfono desde que estamos en la cuarentena"
Julieta Colombo
Mano a mano y grabando
Olmi cuenta cómo se gestó el documental del Festival Internacional de Innovación Social (Fiis), esta nueva página en la vida de Quino.
Quino y el vino
"Ya no es una bebida: es una filosofía", le decía Quino a Rodolfo Braceli en uno de los tantos reportajes de mendocino a mendocino. Ahora, ese tópico vuelve y se renueva de la mano de Boy Olmi.
Entonces, Quino, con una copa de malbec que el dibujante Tute le envió especialmente para la ocasión, rompe el hielo. Curiosamente él lo hace: "Viene muy bien para mi gusto", dice Quino del vino tras escuchar al artista a través de un video.
Entonces Quino se afloja y habla de la infancia, de la crianza, del dolor de la guerra civil española y de sus padres, a los que perdió siendo él apenas un niño, drama que desterró en él todo deseo de paternidad. Y acerca del vino en aquella la mesa de la niñez, recuerda.
"Cuando mi padre volvía a casa al mediodía me pedía que le sirviera medio vaso de vino, pero una parte me la bebía yo" "Cuando mi padre volvía a casa al mediodía me pedía que le sirviera medio vaso de vino, pero una parte me la bebía yo"
Quino
Y cuando dice Yo lo dice a lo mendocino entonces suena io.
Un seleccionado de artistas y amigos
También Joan Manuel Serrat le habla a Quino a través de otro video que Olmi exhibe desde una notebook. El Nano lo trata de "Quinito", y le dice que lo quiere, y le promete visita -la reunión se concretó a fines de 2018 cuando el catalán actuó en Chile-; y le desea que ojalá le hayan convidado de un buen vino durante la filmación del documental.
Tute, el vino, Serrat y el testimonio de otro artista gráfico, Rep, fueron estrategias de Olmi y la producción para acercarse a Quino. Para agradecerle que les haya abierto la puerta. Para estimular la charla, al comienzo imaginada como una misión imposible por Olmi y el mismo Quino. Para ganárselo.
El documental dura casi media hora y es producto de la edición de tres días de conversaciones entre Quino y Olmi.
Fue estrenado el 25 de mayo último y Quino lo vio ese mismo día. Julieta Colombo cuenta que a Quino le gustó. Mucho. Y que había quedado más que satisfecho con las reuniones. Tanto, que Olmi y el equipo de producción se estaban yendo de regreso a Buenos Aires y el ánimo conversador de Quino era altísimo.
El espinel de temas fue más extenso aun. El amor: "El lugar del amor es la comprensión", dijo Quino. Los sueños: "He soñado mucho con los nazis; siempre los tenía en la mira de mi fusil: tal vez la maldad me atraía".
"¿Quién escribe el libreto de las ensoñaciones? porque alguien nos lo escribe..." "¿Quién escribe el libreto de las ensoñaciones? porque alguien nos lo escribe..."
Quino
"Usted tendría que haber nacido en Buenos Aires... ¡Qué tanto!", se despacha Rep en el video y entonces Quino ríe. No a carcajadas. A lo Quino.
El otro Quino
La luz natural entra por todos lados. El bastón de Quino es uno de los testigos no humanos de la grabación del documental y observa todo desde un rincón, incluso el inusitado ir y venir de tantas personas con equipos, luces y cables y otros elementos técnicos. Hay plantas bellísimas y muebles austeros.
En la casa de Quino hay otro Quino. Está enmarcado y dispuesto en una pared para ser visto, para llamar la atención, para ser comentado. Y de eso también se habló.
"Ese del cuadro soy yo a los 13 o 14 años. Es una acuarela que pintó mi tío, Joaquín Tejón" "Ese del cuadro soy yo a los 13 o 14 años. Es una acuarela que pintó mi tío, Joaquín Tejón"
Quino
El Quino de hoy
Aunque el artista ve "luces, sombras y resplandores", como advierte el documental, reconoce a los suyos y está al tanto de todo lo que pasa a su alrededor. Como la pandemia de Covid-19 y el aislamiento colectivo.
Sin embargo, él, como tantos otros genios y creativos, ya es un adelantado en esto de vivir en estado de soledad. De andar muy poco afuera pero mucho en su laberinto interior.
Está más delgado que en 2018 por obra y gracia de una dieta que sigue por razones de salud.
Pero sigue siendo el mismo Quino: el que dejó de dibujar a Mafalda hace 47 años porque la masacre de Ezeiza le atravesó el alma; el que se crió en una familia antirreligiosa pero halló en la Biblia una valiosísima fuente de inspiración para su obra -a Dios le concedió espacios relevantes-.
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Dios y el mundo, según Quino.
El mismo Quino que estudió a pocas cuadras de la casa paterna, en la escuela Guillermo Cano de San José, a la que volvió hace 15 años para ser distinguido por una marea de chicos, maestros y padres. El mismo Quino al que Mendoza le dedicó la Feria del Libro 2017; el hombre que meses después, ya en 2018, inauguró las esculturas de Mafalda y sus amigos en la renovada Arístides Villanueva de Ciudad.
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Mendoza le dedicó la Feria del Libro.
El mismo que disfrutó de los manjares y la hospitalidad del abogado y chef Javier Figueroa y familia hace ya un tiempo.
El mismo hombre tímido que habla con los ojos cerrados y con más silencios que palabras. Quino. A secas.