Cuando la mendocina Mariana Castro (44) cumplió 19 años, le dijo a su padre que algún día se iría a la Antártida. En ese momento su padre no la tomó en serio.
Mariana Castro, la única suboficial mendocina en la base Marambio
25 años después, y luego de haber hecho su carrera militar, Mariana es la única mendocina viviendo y trabajando en la base Marambio, es la encargada de la cocina de la base. Esta es la misión que la suboficial ayudante mendocina tiene desde noviembre del 2019. Su estadía se termina a mediados de noviembre del 2020, pero se llevará para siempre la experiencia de estos 12 meses, que ella describe como de un gran aprendizaje.
La suboficial mendocina pertenece a la Fuerza Aérea Argentina, en Mendoza integra la IV Brigada y para llegar a la base Marambio, en la Antártida, tuvo que pasar por varias pruebas, psicológicas, físicas y personales.
En diálogo exclusivo con Diario UNO, la suboficial mendocina habló de las dificultades y de las satisfacciones de permanecer en el continente blanco, a más de 3500 kilómetros de su casa.
Una mendocina en la Antártida
Como todos los años, la suboficial mendocina esperó a que se publicara la convocatoria militar para vivir la experiencia de la Antártida.
En el caso de Mariana, ella es cocinera, y se inscribió para Marambio en marzo del 2019.
En Buenos Aires les realizan estudios físicos y psicológicos, para determinar el grado de preparación que tienen las personas que quieren vivir en la Antártida. Hay que tener en cuenta que no sólo el clima y la geografía es hostil. También lo es el aislamiento, el tiempo de separación del grupo familiar, y la distancia entre la Antártida y el continente. Sin embargo, la suboficial mendocina pasó airosa todas esas pruebas.
Un sueño hecho realidad
Vivir la experiencia de la Antártida no sólo es el sueño que pudo concretar esta mendocina. También lo es para muchos de los que deciden seguir la carrera militar.
“Todos lo anhelan vivir en la Antártida dentro del Ejército, es una experiencia única, un hito en la carrera militar”.
Sin embargo, muchas veces es una situación dura, hay temporales de viento y nieve frecuentemente –por ejemplo, durante este domingo, la temperatura era de -16° y el viento superaba los 120 km por hora- se pasan muchos días sin ver el sol, y el único día libre de Mariana es el domingo.
Pero a pesar de esto y de estar tan lejos de su familia y de su casa, el aprendizaje, la convivencia con 56 personas que provienen de distintas provincias, ámbitos y vidas tan diferentes, la está enriqueciendo de una forma diferente a todo lo vivido hasta ahora.
Lejos de casa
La distancia que separa a la suboficial mendocina de su casa y de sus dos hijos –Gabriel de 22 años, y Nahuel de 21- fue en un principio, sobrellevable porque ella tenía en Mendoza una familia que los sostendría. Sobre todo, se los encargó a sus dos hermanas.
Pero la vida tiene algunos planes que exceden los que podemos llegar a imaginar.
Las horas más duras que pasó Mariana en su estadía en Marambio, fue el fallecimiento de su hermana Norma.
Esa pérdida la marcó a fuego, pero pudo superarla gracias a sus compañeras.
Mariana se refiere a la teniente Ginette Benitez, a la suboficial principal Marcela Ignacio, a la suboficial auxiliar Gina Ponzo, y a la cabo principal Iris González.
Entre las 5 han hecho una pequeña familia y quieren seguir viéndose una vez que la convivencia en Marambio termine.
Vida cotidiana
La rutina en la base Marambio es estricta, aunque no todos realizan las mismas actividades.
En el caso de la suboficial ayudante mendocina, es la encargada de la cocina de la base.
Mariana relata que el día en Marambio comienza a las 7 am, a esa hora se levantan, y a las 8 am deben realizar una presentación con el jefe de base.
“En mi caso, después me voy a la cocina, a preparar el almuerzo. El comedor abre a las 2 de la tarde, a esa hora se almuerza. Luego hay un descanso de 3 a 5 y a esa hora arranco con la cena, que se sirve a las 20 y a las 21 cerramos el comedor”.
Luego Mariana tiene unas horas antes de dormir, los domingos son sus días libres.
“Algunos domingos se puede caminar hasta la pista, cuando el clima lo permite. Pero cuando está muy feo, hay actividades para hacer, un gimnasio, internet, sala de estar”
Lo dice y lo resalta, la vida en Marambio no ha sido muy diferente a la que hemos llevado cientos de argentinos durante los meses de aislamiento por la pandemia. Sólo que en Marambio no se puede salir a comprar, y el dinero no se utiliza.
“Me traje 1000 pesos en la billetera, y me los voy a llevar intactos”.
En cuanto a las actividades cotidianas, todas son especiales en la Antártida, cocinar, tirar la basura, recibir mercadería, intentar ver el sol.
La suboficial mendocina contó que la gran mayoría de lo que se va a necesitar para consumir y utilizar en Marambio durante un año, llega en los meses de verano a bordo del ARA comandante Irizar.
El buque atraca en el mar de Wedell y desde allí se traslada la mercadería en helicóptero hasta la base. Todo: desde alimentos secos, congelados y enlatados, medicamentos, vestimenta, hasta materiales de construcción, caños, vigas, herramientas, madera y combustible.
“Este año cuando llegó el Irizar trabajamos sin parar durante 4 días, casi sin descanso”.
Igualdad de género
La suboficial mendocina reconoce que son sólo 8 las mujeres que viven en Marambio -5 de las dotaciones y 3 del servicio meteorológico- también asegura que las mujeres están encontrando cada vez más su lugar en la carrera militar.
“Acá es cierto que somos pocas mujeres, porque es difícil dejar todo por un año. Pero con los compañeros nos respetamos mutuamente y trabajamos a la par de ellos”.







