Lucas Pérez tenía 21 años y muchísimo por vivir pero el domingo 4 de mayo de 2014 a la madrugada fue acuchillado y molido a golpes y patadas en la cabeza por tres hombres.
Fue en el distrito Philipps, departamento Junín, frente al emblemático Club Social y Deportivo 25 de Mayo, a la salida de un cumpleaños.
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Lucas murió tres días después por las heridas sufridas en la cabeza y la Justicia condenó a los homicidas en un juicio en San Martín
Este asesinato vuelve a la memoria colectiva porque tiene bastante similitud con el caso que sacude al país este verano: el crimen de Fernando Báez Sosa en Villa Gesell, que tiene a varios jugadores de rugby acusados de matarlo de la misma forma.
Fiesta y tragedia
La noche del sábado 3 hubo celebración en el Club 25 de Mayo. Una fiesta de quince.
Desde temprano, la música que salía del salón entraba a las casas vecinas. Cerca de allí, más precisamente del otro lado de la plaza de Philipps, Claudia Pérez jamás intuyó la tragedia que estaba por abalanzarse sobre la familia.
Casi en el amanecer del domingo, Lucas, su hermano, llegó a la casa gravemente herido. Sangraba terriblemente. En el rostro, que había sido tajeado. En la cabeza. En el cuello. Estaba lúcido. Hasta uno de sus pulmones había sido perforado.
“Mi papá lo llevó al hospital Saporiti en la camioneta”, diría luego la mujer. En ese centro asistencial les firmaron la derivación a la guardia del Perrupato de San Martín y el muchacho fue llevado en ambulancia.
Claudia lo acompañó y Lucas le contó durante el viaje cómo habían sucedido los hechos y quiénes lo habían herido de esa manera brutal. A mansalva.
La víctima reveló que El Turco le había abierto dos tajos en la cara y que junto a los Tejada lo habían golpeado mientras estaba en el piso. Caído. Sin chances de defenderse. Ni de escapar.
El Turco era Angel Ernesto Aguirre Pereyra y los Tejada eran hermanos y se llamaban Julio y Ernesto. Todos tenían muchísimo que ver con la fiesta de quince: los Tejada eran padre y tío de la cumpleañera y El Turco era amigo de la familia.
El testimonio de Lucas Pérez fue rotundo. Todo había comenzado en las adyacencias del club. Puteadas. Corridas. Dos grupos enfrentados en una especie de batalla campal.
Después las acciones siguieron con menos protagonistas: Lucas recibió las heridas cortantes, después cayó al piso y sucumbió a la ola de puntapiés que Aguirre y los Tejada descargaron sobre su humanidad.
Otros testigos corroboraron esta versión en sede judicial.
Lucas fue atendido en el Perrupato y poco después le dieron el alta médica. Pero en su casa comenzó a sentirse mal. Súbitamente. Lo internaron. Lo asistieron. Hicieron todo lo posible. Hubo muerte cerebral y final.
En la Justicia
Los hermanos Tejada y Aguirre Pereyra fueron detenidos y sometidos a proceso penal.
En la escena del crimen se incautó un cuchillo de 30 centímetros de hoja con el que Aguirre Pereyra hirió al muchacho.
Los resultados de la autopsia fueron importantísimos para avanzar con la investigación y determinación de las responsabilidades de los acusados.
La víctima había sufrido una hemorragia en el sector lateral izquierdo del cuello, adonde había sido pateado. A nivel del cartílago tiroides de la laringe y en la arteria carótida izquierda. Derivó en un infarto en el hemisferio izquierdo del cerebro. Y en la muerte.
En 2015, los tres imputados llegaron a juicio oral y público en libertad y acusados del delito de homicidio en riña.
Sin embargo, el correr de las audiencias y de los testimonios provocaron el agravamiento de la calificación legal.
Fue el trabajo del fiscal Oscar Sívori fue determinante. Para él, aquella noche no hubo pelea y tampoco riña sino asesinato. Entonces pidió agravar la calificación legal del expediente.
