Historias

"Lo más difícil es no saber cuándo volvemos a poner primera": la espera de un camionero en Mendoza

Diogo Wellington Borges Budke lleva más de una semana varado en Las Catitas junto a cientos de transportistas que esperan la reapertura del Paso Cristo Redentor

Los camioneros están acostumbrados a medir su vida en kilómetros. Saben cuánto demora un viaje, dónde detenerse a descansar y cuándo volverán a casa. Pero desde hace más de una semana, el reloj de Diogo Wellington Borges Budke dejó de marcar distancias para empezar a contar días.

Tiene 33 años, nació en Concordia, en el estado brasileño de Santa Catarina, y trabaja transportando cargas refrigeradas. En esta oportunidad lleva carne de cerdo y pollo congelada con destino a Santiago de Chile. Sin embargo, el viaje quedó suspendido mucho antes de cruzar la Cordillera. Desde el pasado jueves 23 de julio por la noche permanece en la estación de servicio Axion de Las Catitas, uno de los puntos donde cientos de camiones esperan la reapertura del Paso Cristo Redentor.

Diogo nació en el estado brasileño de Santa Catarina, y trabaja transportando cargas refrigeradas.

Diogo nació en el estado brasileño de Santa Catarina, y trabaja transportando cargas refrigeradas.

Puede parecer extraño que un transportista que viaja hacia Chile esté detenido a más de 300 kilómetros de la frontera. Pero durante los cierres prolongados del corredor internacional, las autoridades distribuyen los camiones en distintos puntos de la Ruta 7 para evitar que la alta montaña colapse. Las Catitas se transformó así en una ciudad improvisada sobre ruedas.

Mientras el pronóstico anuncia nuevas nevadas para la Cordillera y la incertidumbre se extiende al menos por algunos días más, Diogo resume en una frase lo que más pesa de esta espera.

"Queremos poner el camión en marcha", dijo el transportista

"Lo más difícil es que no sabemos cuándo se va a abrir el paso. Estamos acá y no sabemos cuándo vamos a volver a poner el camión en marcha para terminar el viaje, entregar la carga y hacer otro", dice.

La mercadería no corre riesgo inmediato. La carne viaja congelada y mantiene la cadena de frío. Sin embargo, cada jornada inmóvil significa un viaje que no termina y otro que todavía no puede empezar.

"Esperamos que Dios mire para la montaña y diga: 'No va a nevar más. Ahora los camioneros pueden volver a trabajar'", expresa con esperanza.

"Lo más difícil es que no sabemos cuándo se va a abrir el paso", dijo el camionero varado en Las Catitas.

"Lo más difícil es que no sabemos cuándo se va a abrir el paso", dijo el camionero varado en Las Catitas.

Paradójicamente, cuando llegue el momento de arrancar tampoco habrá lugar para la ansiedad.

Después de tantos días de espera, miles de camiones intentarán cruzar casi al mismo tiempo. Eso obliga a extremar los cuidados.

"Claro que tenemos apuro por descargar la carga, pero hay que ir despacio. Son muchísimos camiones y la tensión se redobla porque puede haber accidentes", explica.

Mientras tanto, la rutina se organiza alrededor de una comunidad improvisada. Los choferes cocinan juntos, preparan parrilladas, conversan y comparten las horas para que el tiempo pase un poco más rápido.

"Somos amigos, compartimos la comida, ya nos conocemos"

"Acá estamos con los amigos, hacemos comida, compartimos y ya todos nos conocemos", cuenta.

En medio de la espera, hay un gesto que lo conmovió especialmente. No habla de los camioneros, sino de los mendocinos.

Los camioneros se llevan horno, anafe y alimentos. Y pasan largas horas cocinando y conversando.

Los camioneros se llevan horno, anafe y alimentos. Y pasan largas horas cocinando y conversando.

"Tenemos que agradecer a la gente de acá. Nos ayudan mucho. Si necesitamos algo, nos acercan pan, bebidas o nos indican dónde comprar. Nosotros no somos argentinos, pero la gente nos recibe muy bien. Son muy amistosos con los brasileños y eso hace más llevaderos estos días", dice.

Esa hospitalidad se volvió un alivio inesperado para quienes llevan días lejos de sus casas. Porque, aunque el camión esté detenido y la nieve siga cerrando el camino hacia Chile, hay algo que no quedó varado: la solidaridad de un pueblo que convirtió una estación de servicio del este mendocino en un refugio para cientos de viajeros obligados a esperar.

Ahora todos miran el mismo lugar: la Cordillera. Allí donde una nueva nevada puede volver a cambiar los planes de miles de transportistas que solo esperan una señal para hacer aquello que mejor saben: volver a poner el camión en marcha.

En pocas palabras

  • Camioneros varados: más de 100 transportistas esperan la reapertura del Paso Cristo Redentor en Las Catitas, Mendoza.
  • Incertidumbre y espera: la principal dificultad es la falta de certeza sobre cuándo podrán continuar su viaje hacia Santiago de Chile.
  • Solidaridad local: la comunidad mendocina brinda apoyo a los choferes brasileños durante la prolongada interrupción del tránsito.
Resumen generado por Thinkindot AI