Con tanta información y títulos sobre el coronavirus uno pierde hasta la rapidez profesional. Fíjese: abro en la compu de mi casa (donde estoy obligado a trabajar) la edición latinoamericana de El País y voy a la nota principal: “Los empresarios mexicanos piden al Gobierno oxígeno para afrontar la pandemia”.
En cualquier otro momento lo hubiera entendido de una. Pero ahora me agarra desprevenido. ¿Oxígeno? me pregunto, pensando en que es por los problemas respiratorios que genera el coronavirus. Todo eso, claro, duró un instante.
La estúpida duda se desarmó apenas reparé en la bajada del título: el “oxígeno”, que quizás en estos tiempos ásperos debió escribirse así, con comillas, era una pedestre metáfora para referirse a las nuevas medidas fiscales reclamadas contra la recesión en aquel país.
¿Estaré perdiendo los reflejos o será que esto del virus también nos vuelve un poco pavos, síntoma que quizás nos lo están escondiendo para no discriminar?
No. Nada de eso. Nos saturamos de lecturas sobre un solo asunto. Esto se llama sobredosis monotemática aguda y, supongo, debe ser curable con el tiempo.
¿De casa al trabajo?
La nueva realidad que nos ha obligado a trabajar desde el hogar, como en Silicom Valley (ponele), tiene sus bemoles para los periodistas seniors, adjetivo que suena mejor que veteranos y mucho mejor que viejos y que chotos.
Creo que estoy llevando esta mudanza laboral con más temple del que creía. Mi mujer también tuvo que trasladar su trabajo al hogar por lo que nos hemos tenido que repartir los horarios para ocupar la única y trajinada notebook familiar.
Pero no puedo negar que extraño la Redacción del diario. Ese ha sido siempre mi paisaje. En ese ámbito -para mí- los ruidos o las conversaciones son música chill out. Puedo pensar y escribir muy bien. Y rápido. Y los achaques o el sueño no existen.
A veces al culminar la labor cotidiana en la Redacción me he preguntado: ¿yo no había llegado a trabajar con dolor de meniscos y de cuello y una sensación de conjuntivitis? Todo eso desaparece cuando llegás al diario y prendés la pantalla.
En la época en que cumplía horario de cierre en la edición papel de Diario UNO nunca sentía sueño, pero era salir de ese ámbito rumbo a casa, y relajarme, para empezar a bostezar.
La ola más jodida
En estas tres semanas de claustro social en las que el tema recurrente ha sido “el virus chino” como le dice con maldad Donald Trump, todos hemos tenido que hacer un curso intensivo de continencia. Y todo indica que deberemos profundizarlo.
Alberto Fernández ha dicho este sábado 4 de abril que en la primera quincena de mayo se espera la ola más brava de la pandemia en la Argentina, por lo que cualquier salida de la cuarentena deberá ser gradual, por actividades, y monitoreándola día a día.
El tipo del Financial
Cuando empecé a escribir estas líneas con la anécdota del “oxígeno”, acababa de leer una extensa entrevista que Hugo Alconada Mon le hizo en La Nación a Martín Wolf, columnista estrella del diario inglés The Financial Times.
Las predicciones de Wolf me dejaron mucho material para rumear. Les transcribo el título de la entrevista, que es un textual del entrevistado: “El coronavirus es una catástrofe de la que acaso no nos recuperemos realmente por décadas”.
La entrevista es mucho más que esa intrigante suposición del analista. Es la visión de un liberal honesto que nos plantea que esta pandemia debe ser encarada no sólo desde lo económico y sanitario sino desde un profundo planteo ético.
¿Qué tipo de políticos, qué clase de naciones, y qué “oxígeno" cree usted que le estará esperando a la humanidad a la salida de esta tragedia?
Ese es el tipo de preguntas sobre las que Wolf (73) se anima a teorizar según su profundo conocimiento de la realidad internacional.
Y son los remansos de inteligencia (aunque discrepemos de algunas de esas ideas) que nos permiten sobrellevar el aluvión informativo, la sobredosis a la que aludíamos en el título.




