La historia de Eslovenia no es sencilla. Ubicada en la región de los Balcanes y en medio de distintos imperios poderosos, la estabilidad política y la soberanía sufría en forma constante idas y venidas. Pero quienes más sufrían, eran sus habitantes y su historia de vida. Recién logró su independencia en 1991 y se pudo separar de Yugoslavia y la influencia de los países socialistas para tomar su propio rumbo. Un hijo de esa tierra, Stanko Grebenc, salvó su vida en la Segunda Guerra Mundial al venirse a la nuestra –a Mendoza- donde asentó su hogar- ha vivido más de 70 años, y creó una enorme familia, aunque siempre sueña con su tierra en paz. Volvió en 1991, cuando se independizó, acción que no estuvo falta de violencia, y nuevamente -por segunda vez- tuvo que huir para sobrevivir.

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La niñez y adolescencia de Stanko fue un tiempo de dolor e imágenes horrendas. Sin embargo este mendocino por adopción siempre guarda en su mente el recuerdo de su gente y la casa paterna, la que tuvo que abandonar para salvar la vida.

La niñez y adolescencia de Stanko fue un tiempo de dolor e imágenes horrendas. Sin embargo este mendocino por adopción siempre guarda en su mente el recuerdo de su gente y la casa paterna, la que tuvo que abandonar para salvar la vida.

El esloveno- mendocino Stanko siempre esperó el mensaje de sus parientes en Eslovenia para volver. A 30 años de la independencia de Eslovenia, lograda el 25 de junio del ’91, el Ministerio de Relaciones Exteriores hizo un concurso para que la gente de aquel país europeo contara donde estaba en ese momento. Stanko se anotó y ganó con un sentido relato de sus experiencias, las que son dignas de un voluminoso libro, donde en dos oportunidades tuvo que escapar de su patria para salvar la vida.

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Su nombre, Stanko, proviene de Stanislav, y nació en 1930. Su hogar formaba parte de la antigua Yugoslavia, y las convulsiones políticas de la Europa de entreguerras mundiales, la propia segunda guerra, hicieron que el hogar se viera roto, con sus hermanos mayores prisioneros o muertos, a manos de nazis o comunistas, según quien dominara en ese momento, y otros que tuvieron que escapar a las persecuciones religiosas o políticas. "Pudimos escapar a Austria, donde estuvimos tres años y medio en un campo de refugiados, para luego salir y venir a Argentina. En casa sólo quedaron mis padres y los hermanos más chicos", recuerda Stanko con una lucidez pasmosa, que junto a su energía física desmienten sus 91 años.

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Parte de lo que quedó atrás, pero no fuera del corazón de Stanko: sus padres y hermanos, ya que los menores no pudieron escapar de Eslovenia y las persecuciones religiosas y políticas. La casa paterna es lo primero que viene a la mente de Stanko cuando escucha el nombre de su patria.

Parte de lo que quedó atrás, pero no fuera del corazón de Stanko: sus padres y hermanos, ya que los menores no pudieron escapar de Eslovenia y las persecuciones religiosas y políticas. La casa paterna es lo primero que viene a la mente de Stanko cuando escucha el nombre de su patria.

Stanko llegó a Argentina en 1948, primero estuvo en Buenos Aires, y luego se vino a Mendoza, donde se casó con otra eslovena de apellido conocido, María Bajda y tuvieron cinco hijas: Irene, Ángela, María, Cristina y Claudia. "¡Éramos unos pibitos con mi esposa! Nos conocimos en Austria, y luego viajamos a Argentina en el mismo barco, aunque su familia se vino derecho a Mendoza", recuerda el hombre que actualmente tiene 21 nietos y 29 bisnietos y fue presidente de la Sociedad Eslovena de Mendoza por muchísimos años.

Con una sonrisa recuerda Stanko Grebenc las vísperas de su casamiento, en 1952. "Cuando nos fuimos a casar, ya estaban enviadas hasta las invitaciones, y resulta que en el registro civil se dieron cuenta que era menor de edad, al igual que María, pero ella tenía la autorización de sus padres, por lo que tuvimos que postergar y esperar al 10 de noviembre, que era mi cumpleaños y obtenía la mayoría de edad".

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El día de bodas. El 16 de noviembre de 1952, luego de que Stanko cumpliera la mayoría de edad y el Registro Civil les diera el visto bueno.

El día de bodas. El 16 de noviembre de 1952, luego de que Stanko cumpliera la mayoría de edad y el Registro Civil les diera el visto bueno.

Eslovenia, su tierra y su amor

"Si me nombran a Eslovenia, lo primero que se me viene a la mente es mi casa", confesó el esloveno al ser consultado sobre ese tema. Allí quedaron los recuerdos de la niñez, y estos se mezclaron con los horrores de la adolescencia, donde la muerte, el miedo y el dolor tiñeron de negro los años dorados. "La casa ya no es nuestra, la vendimos hace unos años. Ahí vivía un hermano y una hermana, que luego se casó, y cuando murió mi hermano la tuvimos que vender. Cuando fui en 1991 al pueblo (Rašica, en el municipio de Velike Laše, en el centro Eslovenia) la pude ver de nuevo", confesó Stanko.

De su memoria desfilan en el relato las banderas rojas del comunismo, la de la cruz gamada de los alemanes y la tricolor de los aliados italianos, todas ellas sojuzgando a su país, y a su gente. "Cuando comenzó la guerra (Segunda Guerra Mundial), el gobierno yugoslavo hizo un trato con Hitler para que no nos atacaran, a cambio del libre paso de las tropas alemanas a Grecia. Pero una vez que entraron, se quedaron; ellos y los italianos", explicó Stanko.

En el país se comenzó a organizar la resistencia por parte de los civiles, y en ella participaron activamente integrantes del partido comunista, que habían tenido instrucción militar y habían combatido en la Guerra Civil Española (17 de julio de

1936–1 de abril de 1939) y mientras Hitler no atacó a Rusia no actuaron, pero al iniciarse la Operación Barbarroja (ataque de Alemania a Rusia), estos partisanos se pusieron en acción. "Estaban en los bosques, y querían crear miedo entre la gente. Mataban a los líderes anticomunistas y provocaban a las tropas italianas que estaban en otros pueblos. Mataron a más de 1.000 eslovenos. En 1942, en mi pueblo, en la noche quisieron matar a nuestro intendente, que no estaba en su casa, pero se llevaron a las mujeres jóvenes y les cortaron el pelo y mataron a tres. Los italianos, en represalia, rodearon el pueblo y agarraron a los hombres de entre 18 y 25 años y se los llevaron a Italia, entre ellos a mi segundo hermano, recuerda tristemente Stanko, quien recomienda un libro y las películas de su paisano José Mozina, que respaldan sus memorias.

"Esa noche del ataque a la intendencia y la vejación de esas muchachas, mi hermano estaba ahí como guardia, con otros 20 cómo él, y lo mataron. Yo tenía 12 años, y los comunistas me llevaron obligado a cavar fosas en la intendencia, y ahí encontré entre los muertos a mi hermano. Había un partisano, que era un poco mayor que yo, vecino. Cuando estábamos cavando pasó un avión muy rasante, y yo me tiré y oculté detrás de unos juncos, y entonces vino este vecino y me maltrató y amenazó de muerte. Después terminó siendo un "héroe"; del comunismo y siendo autoridad en el pueblo, decidiendo quien vivía y quien moría", detalló Stanko sobre una de las noches más tristes de su juventud.

"Ante estos atropellos, la gente común, que tenía armas en sus casa, o ex soldados, organizaron unas partidas de autodefensa, aunque los italianos (ocupaban esa zona) no les gustaba, pero finalmente tuvieron que ceder, ya que ellos tampoco podían protegernos. En definitiva, habrán pensado "que se maten entre ellos", y se pudo muchas veces rechazar estos ataques de los partisanos (comunistas", agregó Grebenc.

Al rendirse Italia (1943), Alemania tomó el control de toda Yugoslavia, su hermano prisionero volvió, y tras estar éste un tiempo en manos de los partisanos comunistas, se escapó y junto a otros jóvenes eslovenos formaron otra guerrilla, en lo que se llamó Guardia Nacional Eslovena (Domobranci), apoyado por los alemanes ya que lo integraban jóvenes católicos anticomunistas, que llegaron a ser unos 15.000.

"Cuando terminó la guerra, Stalin, Churchill y Roosevelt se reparten el mundo, y dicen "por aquí va a pasar la frontera", y Eslovenia y Yugoslavia van a pertenecer a Rusia. El ejército rojo ya estaba en toda Yugoslavia. Ya no podíamos hacer nada, porque tendríamos que luchar nada menos que contra los rusos", prosiguió Stanko.

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Stanko, primero a la izquierda, junto a familiares y amigos en el campo de refugiados de Austria, donde pasó casi tres años y medio, antes de venir a Argentina.

Stanko, primero a la izquierda, junto a familiares y amigos en el campo de refugiados de Austria, donde pasó casi tres años y medio, antes de venir a Argentina.

Escape a Austria

Con la enemistad de los pro-soviéticos sobre ellos, Stanko y su familia supieron que tenían que huir para no ser muertoso enviados acampos de concentración. "Nuestro ejército, y los civiles, decidimos escapar a Austria, por la amenaza de los comunistas. Nos fuimos, dos hermanas; un hermano mayor que yo que era soldado; y yo. Papá, y mis hermanos chiquitos se quedaron. Llegando a la frontera, nos encontramos con que los comunistas habían tomado el puente que teníamos que cruzar, para impedirnos el paso. También salió a perseguirnos el ejército ruso, pero un batallón nuestro (Domobranci) llegó, se enfrentó a los del puente, los eliminó y nos abrió camino para poder salir del país", describió vívidamente el ahora mendocino que vive en la calle Godoy Cruz, de Guaymallén.

"A los que se rezagaron los capturaron. Fue un momento tan crítico, que mucha gente se suicidó ahí. Al ver que no podían pasar por el puente, se tiró al río, y murieron ahogados", agregó.

"Así entramos a Austria. Éramos unos 12.000 soldados, unos 10.000 civiles, y allí comenzó otra tragedia. El ejército inglés se puso de acuerdo con los comunistas de Yugoslavia y entregaron a los del ejército nuestro, mintiendo de que los iban a llevar a Italia. A los 12.000 los masacraron cuando volvieron nuestra tierra", describió amargamente Grebenc.

"A los civiles nos salvó un médico que sabía hablar inglés, aprendido en la Primera Guerra Mundial, y fue al comando del campamento donde estábamos -un ex campo de concentración alemán que acondicionamos- y les reclamó. Desde Londres aceptaron que siguiéramos ahí. Estuvimos en distintos campamentos durante tres años y medio, donde hasta organizamos escuelas", destacó el ex refugiado esloveno.

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El recuerdo imborrable del viaje en barco que trajo a Stanko y a María a nuestro país, para reiniciar la vida lejos del hogar paterno.

El recuerdo imborrable del viaje en barco que trajo a Stanko y a María a nuestro país, para reiniciar la vida lejos del hogar paterno.

Argentina les abre las puertas

Si bien salvaron la vida entrando a Austria, la situación de permanencia ahí no podía ser por tiempo indeterminado. "En 1948 había una organización (UNRRA) que nos sentenció que, o nos volvíamos a Yugoslavia, o emigrábamos. En Estados Unidos o Canadá, sólo recibían trabajadores, no familias con niños. Nosotros, gracias a un sacerdote que estaba en Buenos Aires, entrevistó al entonces presidente Juan Perón, le explicó cómo era nuestra situación, y éste aceptó que viniéramos a Argentina 10.000 eslovenos", explicó el hombre que en esos campos aprendió el oficio de sastre, con el que se ganó la vida en Buenos Aires, y en Mendoza, en un principio.

Fueron años duros al principio, y al no tener documento y ser menor de edad (18) hasta fue metido preso en alguna oportunidad, hasta que un cuñado, casado con una hermana mayor, firmó una tutoría. "Vivimos en Avellaneda, era un barrio bravo, y compartíamos una casa hasta cinco familias. Luego se vino a Mendoza, trabajó en varias sastrerías, entre ellas la de José Denaro, hasta que decidió ofrecer su trabajo en casa -tercerizado- lo que le convenía más económicamente. "Un día vino mi suegro (Bajda), y me dijo "¿Por que no largás eso de la aguijita?", y me fui a trabajar con ellos, que tenían (y tienen) una tonelería. Así que comencé a trabajar en el mundo de la compra y venta de maderas, entre otras cosas".

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Los dos trabajos que ejerció Stanko en su larga vida: sastre, oficio que aprendió en el peregrinaje fuera de Eslovenia, y el de maderero en la empresa de su suegro, conocido tonelero de Mendoza. El esloveno tiene muchas dotes de historiador, gracias a su prodigiosa memoria, excelente redacción, y nutrida documentación sobre su patria natal.

Los dos trabajos que ejerció Stanko en su larga vida: sastre, oficio que aprendió en el peregrinaje fuera de Eslovenia, y el de maderero en la empresa de su suegro, conocido tonelero de Mendoza. El esloveno tiene muchas dotes de historiador, gracias a su prodigiosa memoria, excelente redacción, y nutrida documentación sobre su patria natal.

Stanko, o Stane firmó un escrito que ganó un concurso organizado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Eslovenia, al conmemorarse los 30 años de la independencia del país, para que la gente contara donde estaba en ese momento, el 25 de Junio de 1991, allí describió su segundo escape a Austria.

Para el concurso "Donde estuve en 1991", Stanko escribió en una de las páginas: "Después de 45 años, abrazamos a nuestros familiares en el reencuentro. Nos recibieron con mucha alegría y nos llevaron a casa en Rašica. Mi hermana Ani (fallecida el 22 de enero de 2007) vivía sola en el hogar familiar. Vivimos las seis semanas previas a la independencia junto a ella con mucha intensidad", detalló.

Pero la tensión política generada por los pro-soviético (terencev, especie de punteros políticos comunistas) que se oponían a los patriotas eslovenos, trajo nuevamente imágenes tristes del pasado y sobre todo miedo. "Eslovenia atravesaba días de incertidumbre y grandes decisiones. Todavía bajo la opresión de la dictadura y de los terencev que mostraban desconfianza hacia nosotros por nuestro regreso", describió Stanko en su trabajo premiado.

Luego de la caída del Muro de Berlín y sancionada la independencia de Eslovenia, y ante bombardeos del ejército yugoslavo a centros estratégicos, decidieron salir del país, y la meta fue nuevamente Austria. Un auto conseguido por su cuñado Martín Bajda, también de viaje con ellos, los esperaba en un punto de Ljubljana, la capital. "Llegamos caminando en fila india con 10 metros de distancia entre uno y otro. Regía el toque de queda, estaba prohibido circular en grupo de dos o más personas en el centro de la ciudad. Nos subimos al coche y nos dirigimos a “Gorenjska Cesta”, la principal avenida que lleva a Austria. Después de 46 años por el mismo camino cruzando el túnel hacia Austria...", relata el escrito ganador del concurso, que vio cómo se volvía a abrir la herida de la partida no querida de su tierra.