"Ya no sabemos qué hacer para que cojan", decía la hábil campaña de una empresa de preservativos que se lanzó en los últimos días. Todo el mundo habló del deseo y la frecuencia de las relaciones sexuales. Y cuando el clima ya estaba cachondo, la empresa metió segunda y lanzó su nuevo producto estrella: un perfume que se llama "Ganas de coger".
La humanidad cambió el sexo por videítos de 10 segundos
¿Hay menos relaciones sexuales? Cansancio, pluriempleo, pantallas y pornografía en una época con célibes que se muestran sexys

Gran parte de nosotros vive pendiente del celular, ese enemigo del deseo.
Parece una historia que escribiría Vargas Llosa pasado de Viagra. Pero algo de lo que se dijo sobre el celibato masivo sonó real. Algo pasa con el sexo y con el deseo.
Recomendadas
Hoy el deseo y el sexo son un lujo
La premisa de esta columna es simple y arbitraria: desde hace unos años, hay menos condiciones materiales para tener sexo. Sí, hay gente que coge. Pero cada vez más personas prefieren mirar el teléfono o simplemente dormir.
Reconstruyamos la rutina de millones de personas en esta época de pluriempleos y deudas con la tarjeta. La mayoría arranca en la mañana a cien por hora -si tiene hijos, a ciento veinte- e intenta resolver, con uno o más trabajos, la economía doméstica. Al final se baña y va a la cama con el celular. Scrollea. Ronca.
"El deseo sexual se genera en nuestro cerebro -explica la psicóloga y sexóloga Florencia Danitz-. No en los órganos sexuales, que tienen un rol importante, sino en el cerebro. Y si vos estás ansioso, preocupado, en duelo, eso no se va a generar porque no va a encontrar su lugar".
La cultura del "marketing personal" no deja espacio para esos rituales de la lentitud. El tiempo se vuelve una planicie infinita donde sembrar la propia imagen y obtener beneficios. Cada momento, incluso los de relajo, se aprovecha para aparecer o mirar cómo aparecen los demás.
Danitz aporta: "Hoy nos acostamos y nos ponemos a ver TikTok en vez de tener sexo. Es automático: te acostás y agarrás el celular. Tal vez podés compartir esa actividad con tu pareja, ver videos juntos, pero no le das lugar al deseo y a lo erótico".
¿Y por qué nos acostamos con el teléfono? "Porque eso genera dopamina inmediata. Para coger, tengo que disponer de 15 o 20 minutos y quizá después voy a tener un orgasmo. En cambio veo un par de videos de TikTok, me cago de risa inmediatamente y mi cerebro va a preferir eso, que además gasta menos energía", reflexiona Florencia.
María Emilia Marín, también sexóloga, refuerza: "Son miles de componentes que hacen que, al terminar el día, colgar la ropa parezca más importante que empezar una relación sexual con la persona que tenés al lado. Me contactan parejas que tienen varios hijos e hijas y me dicen: ‘Emi, no encontramos el deseo’. Bueno, pero yo pregunto: ¿qué lugar tiene el deseo en sus vidas?".
Sexo o PlayStation
Un periodista de Radio Nihuil me contó esta anécdota: "Hace un tiempo le pregunté a mi hijo adolescente si necesitaba dinero para salir con la chica que le gusta. Me respondió que me aceptaba la plata, pero no para salir. ‘La voy a guardar y ahorrar para la PlayStation’, dijo".
El problema no es solo el sexo o el deseo, sino el simple encuentro con otro ser humano. La mala calidad del contacto. "Hay personas que no se hablan en toda la semana, pero se mandan 18 reels", ilustra la sexóloga Marín.
Y está el porno. David Foster Wallace anticipó la miseria que se vendría en un artículo que publicó -bajo pseudónimo- allá por 1998:
"La Academia de Medicina de Urgencias lo confirma: entre una y dos docenas de hombres adultos americanos ingresan todos los años en urgencias después de haberse castrado a sí mismos. Normalmente usan utensilios de cocina, y a veces pinzas. A modo de respuesta a la pregunta obvia, los pacientes que sobreviven a menudo explican que sus deseos sexuales se habían convertido para ellos en una fuente de conflicto y ansiedad intolerables. El deseo de un alivio perfecto, unido a la imposibilidad en el mundo real de obtener ese alivio (...), les había producido una tensión que ya no podían soportar".
Aquellos se castraban con pinzas o cuchillos. Hay otras maneras, menos sangrientas, de hacer que el deseo parezca apagado.
"Lo que veo -complejiza la sexóloga Danitz- es que el contenido de la pornografía es cada vez más explícito y con cuerpos cada vez más hegemónicos y menos reales. Después yo me tengo que acostar con mi pareja, que no tiene ese cuerpo, y entonces la excitación no aparece".
El porno vende un producto. Sus categorías prometen algo y, si lo cumplen, el consumidor se siente satisfecho. Pero no se puede consumir a un ser humano. O, al menos, hay una parte de lo genuinamente humano que se resiste a ser consumida. La presencia del otro implica incertidumbre. Y uno, cuando compra en Mercado Libre, no quiere imprevistos: quiere lo que pidió.
"El otro no te va a decir cuándo y cómo quiere, y vos tampoco le podés hacer saber al otro exactamente cómo querés ser amado, porque en medio hay una interpretación. Hay siempre algo que cae, una falta, y no nos la bancamos. Por eso muchos prefieren quedarse en su casa, sin sorpresas. Porque para estar con el otro hay que poner el cuerpo: no sabés con certeza qué está deseando el otro de vos. Eso te pone en jaque, y jode", observa Marín.
Camas moralizadas
Por otro lado, pareciera que tener sexo es obligatorio. Otro factor para que las ganas desaparezcan. Y no solo eso: cada orientación sexoafectiva se cargó, en las últimas décadas, de patrullas morales.
En la novela "Los favores" ("Acts of service"), Lillian Fishman plantea el dilema de Eve, una mujer que anda por los treinta y ha transitado casi toda su vida adulta en el movimiento queer. Pero he aquí que se engancha con una pareja en la que uno de sus integrantes tiene una función dominante y "poco democrática". Y eso la excita y la preocupa. Fishman se pregunta qué pasa con eso, con los valores que hemos asociado a nuestra sexualidad, cuando en lo profundo aparecen corrientes contradictorias que nos calientan.
Un viejo chiste militante cuenta que los progres cogen siempre de costado... para que no haya relaciones de dominación. La caricatura oculta una verdad. Llevamos décadas metiendo en la cama una cantidad de ideas que supuestamente tenemos que expresar ahí. Morales que nos dicen: "Deseá de una manera coherente con lo que sos".
Quizá haya que probar lo contrario. Ver si encontramos en el sexo una fuente de sorpresas y -por qué no- algo del vértigo que la piel está pidiendo. Escuchar la voz que habla desde ese calabozo que se ve tan lejano y que, paradójicamente, es donde nos sentimos más reales.
- La sexóloga María Emilia Marín está presentando su obra "Manual del placer" en el Teatro Imperial. La última función con localidades disponibles será el viernes 9 de octubre a las 22 en el Cine Teatro Imperial de Maipú.
En pocas palabras
- Caída del deseo sexual: múltiples factores como el cansancio, el pluriempleo y el uso de pantallas afectan la intimidad.
- Falta de tiempo y presencia: la vida moderna deja poco espacio para el encuentro no sólo erótico, sino humano en general.
- Impacto de la tecnología: el consumo de contenido digital inmediato (TikTok, porno) reemplaza la conexión real, generando dopamina rápida en lugar de deseo duradero.