Llega el fin de año y es época donde comienzan a repetirse en la TV las películas que llegan del Norte y que hablan -hasta el hartazgo- del "milagro navideño". Para cerrar un año durísimo, que a pesar de todo dejó enseñanzas y gestos nobles, los niños de la escuela primaria de una barriada mendocina vivieron un pequeño e inesperado "milagro". Gracias a la impronta y voluntad de su maestra, los alumnos del 7° grado de la escuela Julio César Raffo de la Reta, del barrio San Martín de la capital mendocina, tuvieron una despedida de la escuela primaria que nunca hubieran soñado, especialmente en este contexto de pandemia. A plena mañana, sus maestros los visitaron sorpresivamente con una caravana de autos para llevarles regalos y saludarlos.

"Muchos estaban con sus familiares -que sabían y trabajaron en el tema-, y se llevaron una gran sorpresa. Pero otros estaban solitos en sus casas, y la alegría fue doble por lo inesperado, ya que ninguno podía creer que a la puerta de su hogar había llegado una caravana multicolor, de varios autos, con globos y carteles, donde los docentes les llevamos un desayuno de despedida, con el lema 'Un dulce final para un nuevo comienzo', y que fue una forma de agradecerles a los 20 chicos de séptimo grado el esfuerzo enorme que hicieron. Este año fue muy difícil para ellos, pero también muy esperado, ya que cerraban un ciclo", explicó a Diario UNO la mentora del emotivo homenaje, Gabriela Di Mateo, la seño de séptimo, que llenó de alegría y esperanzas este pasado viernes a sus ya ex alumnos, pero también a un barrio que observaba, y seguramente no olvidará fácilmente este gesto de amor, y también de esperanza.

Te puede interesar...

Silvia Fernandez Castro

Gabriela organizó junto a todos sus colegas maestros y no docentes de la escuela, y con el especial apoyo de la directora Magdalena Abraham y la vice Silvana Ahumada, la despedida sorpresa para los chicos que finalizaban la primaria. La idea en sí, fue armar una caravana colorida, con una impecable hoja de ruta, conocida por ser recorrida a lo largo del año para apoyar a las familias y alumnos con los cuadernillos del programa Seguimos Educando y bolsones de comida, llevados a la casa de cada uno. Pero esta vez, los egresados recibieron una bandeja con un gran desayuno, lleno de alimentos, y también un vaso personalizado, colmado de golosinas. "Seño, nunca había comido tantas cosas ricas juntas", le agradeció a Gabriela una de sus alumnas, feliz por este regalo, y también por haber podido ver a su maestra, después de un largo año escolar.

"Los chicos de mi séptimo son un grupo muy hermoso, muy unido, y que se esfuerza para ser cada mejores. Tengo la ventaja de haberlos tenido también en sexto grado, por lo que conozco sus fortalezas y también sus debilidades. Gracias a eso hemos podido llevar adelante este año tan difícil. Con su gran voluntad, el apoyo de sus padres, y organización salimos adelante", contó la señorita Gabriela.

Pero el milagro no tuvo un único hacedor, sino que fue el esfuerzo y el cariño mancomunado de toda una comunidad. Personal de la escuela, sus familiares, los padres de los chicos, vecinos del barrio, un grupo de señoras del barrio Dalvian, y una estación de servicio cercana colaboraron para que este año los niños pudieran aprender a distancia. "Si algo demostró esta pandemia y tener que trabajar en la virtualidad, fue la gran desigualdad que hay en nuestra sociedad. Pero eso no nos frenó. Recibimos 20 computadoras del Plan Conectar, que había quedado archivadas y tuvieron que ser actualizadas en su software. También 20 modems, pero al poco tiempo notamos que las cargas de crédito para los modems se acababan rápido y se dificultaba la conectividad, por eso decidimos hacer grupos de Whatsapp y así enviar las tareas, contactarnos y explicar los nuevos temas, para los que, con ayuda de mi esposo, grababa videos", detalló la inquieta maestra mendocina, que agregó: "Gracias a mucha gente que nos apoyó, donando celulares, tablets y cargando crédito en esas líneas, los chicos cursaron su último año sin que se resintieran los objetivos académicos".

"Lo fundamental fue la colaboración y preocupación de los padres, verlos involucrados buscando para sus hijos la mejor calidad educativa, y eso fue un desafío para nosotros los docentes, que le dijimos 'aquí estamos'. Yo creo ciegamente en la educación pública, quiero que los chicos vuelvan a las escuelas de su barrio, ya que algunos padres buscan darle lo mejor, y los envían a otras escuelas, pero provocan desarraigo en los chicos. Ahora fue hermoso ver a todo el barrio trabajando junto a la escuela, en lo educativo, y para esta despedida también. Vimos orgullo y alegría en las caras de los niños y también en su entorno", concluyó la emocionada Gabriela Di Mateo, que cerró un ciclo lectivo y el capítulo más importante en la vida de todos, con una sonrisa y con el orgullo de saber "que se puede", y que se pudo.