El conflicto bélico que atraviesa Ucrania generó un fenómeno biológico impactante en las poblaciones de caninos domésticos. Aquellos ejemplares que habitan cerca de las líneas de fuego experimentaron cambios visibles en su estructura física y en su comportamiento en cuestión de meses. Estos animales, tras perder el amparo humano, enfrentan un proceso de domesticación inversa donde solo los rasgos más primitivos garantizan la permanencia.
Un estudio liderado por Mariia Martsiv, de la Universidad Nacional Iván Frankó de Lviv, documentó cómo los perros de las regiones más afectadas presentan ahora orejas erguidas, cuerpos más delgados y hocicos alargados. Estas transformaciones no responden a mutaciones genéticas nuevas, sino a una selección natural acelerada por la violencia. Los individuos con fisionomías frágiles, como patas cortas o rostros chatos, desaparecieron de las zonas de conflicto ante la imposibilidad de cazar o huir con rapidez.
El regreso de los lobos en zona de combate
La presión del entorno convirtió a los antiguos animales de compañía en depredadores oportunistas. La investigación, que analizó a más de 700 animales, confirmó que los perros que presentan un fenotipo cercano al de los lobos poseen mayores tasas de supervivencia en el frente. El pelaje oscuro o grisáceo y la ausencia de manchas blancas facilitan el camuflaje entre los escombros y la vegetación descuidada. La guerra forzó a estos animales a abandonar la dependencia del ser humano para buscar sustento de manera autónoma.
El hambre también modificó la estructura social de estas poblaciones. Mientras que en entornos urbanos pacíficos es común ver canes solitarios, cerca de la frontera de combate predominan las jaurías. Estos grupos, que en ocasiones alcanzan los once integrantes, colaboran para defender territorios y conseguir alimento en un paisaje donde los servicios básicos colapsaron. El análisis químico de las muestras de pelo reveló que la dieta de estos animales es pobre en proteínas y se basa mayormente en plantas o desechos, aunque se registraron casos de consumo de restos humanos.
Consecuencias ecológicas en Ucrania
La desaparición de los ejemplares viejos o enfermos es otra constante en este escenario hostil. La falta de atención veterinaria y las condiciones del entorno aseguran que solo los individuos jóvenes y sanos logren procrear. Este recambio generacional tan abrupto acelera la fijación de los rasgos salvajes en la población actual. La guerra no solo destruye infraestructuras, sino que reescribe los ecosistemas locales al alterar la jerarquía de las especies y sus hábitos de convivencia.






