Es difícil saber si la charla es real, pero el tono y las formas que usan los interlocutores no permite desconfiar. Como sea, la conversación telefónica entre la operadora de un banco y un usuario se difundió en las redes y generó miles de reacciones diferentes. A algunos le causó gracias y a otros mucha pena.
La llamada la realiza una mujer, que se identifica como del sector de cobranzas de un banco. Atiende un hombre y la operadora pregunta por una mujer “¿Usted es familiar?”, consulta.
-No, yo era familiar- dice el hombre. El tono de la operadora indica que la respuesta la sorprende un poco y que imagina que está generando una situación dolorosa, quizás el fallecimiento de la mujer por la quien está consultando.
La voz del hombre parece pertenecer a la de una persona entrada en años y de costumbres simples. Igualmente se interesa por la consulta e intenta tener más datos. La operadora le pregunta si tiene algún número de teléfono “para contactarnos con ella”.
-No, no, pero puedo conseguir- dice el consultado, bien predispuesto, y luego pregunta: “¿Cuánto debe?”
La operadora le dice que no le puede dar esa información, pero después el hombre sigue dándole una explicación que a la empleada la descoloca aún más:
-Yo no sé, porque ella se fue con otro hombre, ¿viste? Y se llevó todas sus cosas y no me dejó nada a mi-, dice.
La operadora, ya completamente incómoda, ya lucha por concluir la charla y dice: “Bien, en ese caso nos trataremos de comunicar con ella”.
El hombre, desolado, lanza una última frase:
-Si te comunicás con ella, decile que yo la extraño-
-Muy buen, hasta luego, gracias- dice la operadora antes de cortar.
La comunicación dura apenas un minuto y 22 segundos. En ese tiempo mínimo deja una sensación de soledad y angustia brutales. Y una historia ignorada, con miles de posibilidades abiertas… o cerradas.




