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No solo son un gran paso para alcanzar una suerte de soberanía alimentaria sino que también sirven como una actividad terapéutica con grandes beneficios para la salud y proporcionan toda clase de nuevos aprendizajes. Provocan nuevas conexiones familiares y nos vuelven a poner en contacto otra clase de vida: la que surge de la tierra. Las huertas urbanas ganan, cada día, más aficionados que se animan a producir sus propios alimentos.

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Las huertas urbanas no son una actividad aislada sino que forman parte de un nuevo paradigma ligado a la agroecología que hace hincapié en el cuidado del ambiente. A través de esta práctica se fomentan determinados valores como el respeto hacia los diferentes ecosistemas, el reciclaje, el control de los residuos orgánicos, el cuidado del agua y del suelo y la cooperación entre especies.

Carolina Jacky es abogada, en 2015 sufrió un problema de salud y, tras la recomendación de su médico, decidió meterse de lleno en el mundo de los cultivos. "Meter las manos en la tierra ya de por sí provoca que te olvides de todo", asegura desde su domicilio en Los Corralitos donde ya cuenta, no solo con hortalizas sino que decidió sumar frutales y hasta un invernadero.

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En tiempos de pandemia, agradece contar con este espacio. Es que no sólo implica una enorme distracción y le demanda tiempo al aire libre sino que también le ha proporcionado varios alimentos: "Tengo zapallos como para pasar el invierno tranquila. El placer de cortar una ramita de apio y hacerse una sopa con zapallo y jengibre rallado no tiene precio".

Es que realmente no tiene precio alguno cuando el aficionado logra conformar una cadena beneficiosa. Para esto hay que tener en cuanta algunos puntos, como la importancia de reciclar los residuos urbanos. Algunos servirán de recipientes, mientras que los orgánicos irán a la compostera que luego será vital a la hora de fertilizar los suelos y los sustratos.

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Los cuidados y tareas continúan con la producción, recolección y almacenamiento de semillas. En algunas hortalizas, los mejores ejemplares se dejan florecer para poder obtenerlas, mientras que en otras, como los zapallos, pimientos, las berenjenas o los tomates deberán extraerse de los frutos.

Alejandra Fredes, por su parte, es trabajadora social en los Juzgados de Familia de Mendoza y es profesora de yoga. Tener una huerta en casa fue parte de un sueño: el producir sus propios alimentos. "Empecé de a poco a construir mi huerta orgánica ya que la idea era producir verduras sin agrotóxicos. Libre de contaminantes. En la medida que trabajaba en este proyecto descubrí que me conectaba aún más con la tierra y nuestro planeta. Esa energía que se siente al tocar la tierra es sanadora. Podía pasar horas desde la mañana a la noche y no sentía el paso del tiempo. Tampoco ese cansancio mental que traés luego de una jornada laboral estresante", contó sobre su experiencia.

Fredes también destaca el lado económico de esta actividad: "La huerta se volvió terapéutica y este año, al ser el tercero de trabajar en este proyecto, puedo decir que también ha contribuido un poco a mi economía. Me ha dado muchísimos tomates redondos, peritas, cherrys rojos, marrones y amarillos. No he tenido que ir a ninguna verdulería a comprar estás verduras. He tenido pimientos rojos y verdes en cantidades que me permitieron regalar. Albahaca tradicional y morada, todas las aromáticas. En fin, he sido bendecida por la madre tierra", asegura.

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"No he hecho cursos ni nada, leo y pregunto mucho", comenta Jacky que ya ha conformado una red de contactos donde consigue plantines, semillas o tierra y ha dedicado las últimas semanas en realizar sus almácigos de la temporada otoño invierno.

A través de Facebook, también, se han abierto decenas de grupos en los que diferentes personas comparten sus experiencias y conocimientos. Por su parte, desde el INTA se han dispuesto de forma virtual varias capacitaciones.

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Los chicos también aprenden

Claudia Heredia es maestra de 7° de la escuela Cerro Aconcagua, de Godoy Cruz, y junto a su compañera de 6°, Marisol Almeida llevaron adelante un proyecto de huerta comunitaria en 2019.

"Fue una experiencia hermosa. Es muy gratificante haber podido enseñarles a los chicos en una comunidad urbano marginal la posibilidad de trabajar la tierra y los beneficios que se pueden obtener a través del esfuerzo", explicó la docente sobre las motivaciones de la propuesta.

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El resultado no dejó de sorprenderlas ya que la respuestas de los estudiantes fue de un claro compromiso. "Anhelaban que llegara el momento para ir a ver la huerta. No paraban de preguntar a qué hora íbamos a ir. Por otra parte, no contábamos con muchos elementos, así que el riego, al principio se hacia con baldes que los chicos acarreaban", describió.

Es que, a pesar de que se trate de una tarea que ha sido prácticamente despojada de la ciudad, los más jóvenes se mostraron muy entusiastas: "Poder verles las caritas cuando salía un brote o florecía un girasol es impagable", relata Heredia.

También resaltó las otras tantas aristas que involucró este tarea y que hicieron que esta comunidad educativa trabajara de forma unificada para lograr un fin: "Todos los grados se fueron prendiendo. Los más chiquitos hacían almácigos o plantines para llevar a la huerta. Otros profesores también colaboraron, algunos se ocuparon de abrir los surcos, mientras que desde otras asignaturas se hacía visitas a este espacio para explicar algún tema".

Cómo iniciar una huerta

Si se dispone de un terreno suficiente, la chacra será el sector productivo donde vamos a cultivar en forma asociada especies grandes, resistentes y que requieren menos cuidados como el maíz, poroto, calabaza, habas, mandioca, papa o batata.

Pero, muchas hortalizas también se pueden desarrollar en macetas dispuestas de patios o, incluso, balcones. Las aromáticas son una de las opciones más eficaces para producir en espacios reducidos, mientras que su asociación con otras plantas son muy beneficiosas para controlar plagas sin necesidad de utilizar químicos.

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Qué plantar

Dependiendo de la zona, la estación y el espacio, es determinante tener en cuenta el calendario de siembra. Cada cultivo tiene su época. Algunos necesitan calor para crecer. A otros, el frío les es indiferente. Para el agricultor, el calendario de siembra es una herramienta fundamental: recomienda qué época del año es la indicada para sembrar o plantar cada hortaliza.

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