Hasta hace muy poco, el nombre de Facundo Biffi había circulado en los medios por una línea escueta y formal: un tuit del gobernador Alfredo Cornejo felicitándolo por un reconocimiento académico internacional. Un logro importante, sin dudas. Pero detrás de ese premio —y de ese funcionario que hoy ocupa cargos clave en el área económica del Gobierno de Mendoza— hay una historia mucho más profunda, más humana y, sobre todo, más trabajada de lo que sugiere cualquier síntesis de redes sociales.
Facundo Biffi, entre los 5 mejores estudiantes del mundo: "El esfuerzo todavía vale la pena"
Tiene 41 años, es economista, funcionario del Gobierno de Mendoza y fue reconocido por la Business Graduates Association entre 10.000 candidatos de 75 países
Facundo Leandro Biffi tiene 41 años. Nació en Godoy Cruz en 1984, es hijo de César y Gloria, hermano de Matías y Lisandro, está en pareja y se define, antes que nada, por una convicción personal que no negocia: no está dispuesto a sacrificar nunca sus valores ni su esencia. Economista, jefe de Gabinete del Ministerio de Hacienda y Finanzas de Mendoza y director general de Modernización del Gobierno provincial —este último rol incluso ad honorem—, acaba de ser distinguido a nivel mundial como uno de los 5 mejores estudiantes del año entre más de 10.000 participantes de 330 escuelas de negocios de 75 países.
En una charla íntima con Diario UNO, Biffi habla del esfuerzo, los valores familiares, el estudio de madrugada, el liderazgo en equipo y la influencia de sus amigos del Banco Rugby Club.
Lo cierto es que el reconocimiento llegó de la mano de la Business Graduates Association (BGA), una asociación global que acredita programas de educación empresarial de alto nivel y que evalúa mucho más que calificaciones. Liderazgo, proyección profesional y capacidad de aplicar conocimientos en proyectos con impacto institucional o social fueron los criterios centrales que lo ubicaron en la shortlist de Estudiante del Año 2026.
Sin embargo, cuando Biffi recuerda cómo empezó todo, menciona el escepticismo.
“Todo empieza con que la Escuela de Negocios me comenta que me va a postular como candidato. Honestamente, no pregunté demasiado. Les dije que me parecía bien que avanzaran y que me avisaran si yo tenía que hacer algo. Con cierto escepticismo y, también, desconociendo bastante de qué se trataba”, cuenta, vía telefónica desde Londres, donde se realizó el evento de premiación.
"Cuando me informaron que estaba entre los 5 finalistas empecé a dimensionar"
Recién cuando le informaron que había quedado entre los 5 finalistas empezó a dimensionar el alcance real de la postulación. “Ahí tuve que interiorizarme más, investigar qué era la asociación, de qué se trataba el evento. Pero incluso así, diría que no terminé de entender bien hasta que estuve ahí. Se trata de una asociación que nuclea a las grandes escuelas de negocios de Europa, del Reino Unido, de buena parte del mundo occidental —y también de Argentina— y entonces sí tomé verdadera dimensión”.
La ceremonia fue el punto de inflexión. Y también el momento de una confirmación íntima: que el esfuerzo todavía importa.
“Lo primero que se me vino a la cabeza fue eso: los esfuerzos valen la pena. Tomar la decisión de hacer un MBA (Maestría en Administración de Empresas), hacerlo a distancia, cursar en un mundo donde todo parece reducirse a un scrolleo de imágenes, a un like o a un corazón… que el esfuerzo todavía se premie, que no sea todo virtual, eso te gratifica. Te dice que vale la pena”.
Biffi estudia en la UBI Business School, una escuela de negocios con sede en Bélgica y presencia en Luxemburgo, Madrid y Shanghái. Cursó un MBA en Negocios Internacionales desde un campus virtual belga, muchas veces de madrugada, compatibilizando la exigencia académica con responsabilidades familiares y una agenda pública intensa.
“Lo que me llevó a elegir esa institución fue que hacía tiempo venía buscando un MBA que me permitiera ampliar el scope, salir estrictamente de la economía provincial o regional. Necesitaba una mirada global. Pero además fue una de las pocas escuelas que me ofreció una beca. Eso fue clave. Tengo un agradecimiento enorme con la escuela por haberme dado esa oportunidad”, reflexiona.
"Lo que sucede en el mundo impacta en el país y en Mendoza, que siempre salió a competir con otros mercados"
La formación internacional no fue un lujo ni un gesto aspiracional. Fue una herramienta concreta. “Buena parte de lo que sucede en el mundo, más tarde o más temprano, impacta en Argentina y en Mendoza. Nuestra provincia tiene un perfil productivo que siempre salió a competir a otros mercados. Tener una visión internacional te permite detectar oportunidades, entender mejor los procesos y pensar políticas públicas con otra perspectiva”.
En su recorrido personal, el apellido no es un dato que esquive. Su padre tuvo una trayectoria política fuerte en Mendoza, mientras que el resto de su familia se desarrolló en la actividad privada. Pero si hay una herencia que Biffi reconoce como determinante, no es partidaria: es ética.
“Los valores de mi casa son la decencia y la honestidad. Pondría esos dos primeros, y después el trabajo incansable. En mi caso particular, soy más producto del esfuerzo que del talento. Siempre fui así. A todo le puse muchas ganas”, señala.
Esa idea se repite a lo largo de la charla. Y aparece asociada a imágenes muy concretas: madrugadas de estudio, sacrificios sostenidos, procesos largos sin gratificaciones inmediatas.
“Insisto: reconozco que mis pequeños logros han sido más producto del esfuerzo que del talento. Como en el deporte: muchos días de sacrificio para algunos días de satisfacción. Y después, otra vez, esfuerzo y sacrificio. Eso lo tengo muy claro”.
No es casual que, al hablar de inspiración, aparezca el rugby en su vida
Tal vez no sea casual que, cuando habla de inspiración, aparezca el rugby. Y, puntualmente, el Banco Rugby Club.
“Mis amigos tienen un lugar especial en mi vida. Todos ellos muy vinculados al Banco Rugby Club. Ellos y el club son una inspiración cotidiana. Me empujan a ser un poco mejor, a dar un paso más”, sintetiza.
En el deporte, como en la gestión pública, Biffi cree en el equipo. Su concepción del liderazgo está lejos del individualismo.
Explica: “No creo en los resultados inmediatos. Creo en los procesos largos, en sostener una decisión incluso cuando nadie la está mirando”.
“No pretendo tener la verdad revelada de nada. Creo sinceramente que el equipo siempre puede más que una sola persona. Busco un liderazgo participativo, donde todas las piezas funcionen y el conjunto sea más fuerte. A veces sale mejor, a veces peor, pero es el tipo de liderazgo en el que creo y que quiero seguir construyendo”, agrega.
Quizás por eso, cuando se le pregunta por las personas clave en su camino, no duda: familia, pareja, hermanos, padres, amigos. Nadie se salva solo.
Hacia el final, la pregunta inevitable invita a una sonrisa.
—¿Qué le dirías al Facundo de hace 15 años?
—Que aún queda mucho por hacer… y que ya vamos un poco tarde —dice, entre risas.







