La historia oficial sobre la muerte de tres menores elegidos para un sacrificio ritual cambió para siempre. Un reciente estudio científico analizó momias de niños incas para comprender sus últimos meses de vida. Los resultados mostraron causas mortales muy distintas a las teorías aceptadas previamente por los expertos.
Investigadores examinaron al Niño de El Plomo, fallecido durante el siglo quince cerca de la cumbre del cerro chileno homónimo. También evaluaron a dos niñas inmoladas treinta años antes en el desierto de Atacama. Las técnicas modernas permitieron un descubrimiento fundamental sobre sus últimos instantes terrenales.
Lo que dice el estudio
Los científicos creían que el niño pereció por hipotermia. El análisis con tomografías descartó esa versión al detectar traumatismos contundentes en la cabeza. Las jóvenes de Atacama presentaban marcas en el cuello, atribuidas originalmente al estrangulamiento. La investigación actual determinó que la ropa causó dichas señales de forma póstuma.
Verónica Silva-Pinto lideró el trabajo para la Universidad Diego Portales. La especialista afirmó: "La Capacocha no se limitaba al acto final de ofrenda en la montaña". Según la arqueóloga, constituía un proceso ritual prolongado que comenzaba meses antes e involucraba movilidad, cambios dietéticos, participación comunitaria o creación de paisajes sagrados.
Un destino sagrado
Muestras capilares evidenciaron largos traslados territoriales. El niño caminó miles de kilómetros desde Cuzco durante nueve meses. Las menores recorrieron tramos cortos por un trimestre. Silva-Pinto explicó: "Los individuos que eran ofrecidos adquirían un nuevo estatus ritual y podían convertirse en mediadores entre comunidades, montañas, divinidades, el Estado".
Ciertos especialistas mantuvieron cautela frente a las conclusiones. La bioarqueóloga Dagmara Socha señaló: "Los análisis isotópicos por sí solos no permiten reconstruir la ruta potencial tomada durante el viaje". Pablo Mignone cuestionó la narrativa centralizada advirtiendo que considerar a Cuzco como único motor conquistador representa una interpretación científica debatible.




