Lo que parecía un gesto inofensivo terminó alterando el equilibrio ecológico de todo un continente. En 1859, el terrateniente inglés Thomas Austin liberó apenas 24 conejos europeos en su propiedad de Victoria, Australia, con la intención de mantener una tradición de caza.
Más de 160 años después, los descendientes de estos animales siguen siendo una de las mayores plagas ambientales del país. Para enteder este desastre ambiental tenemos que remotarnos al principio de esta historia.
Los tiernos animales que se apropiaron de Australia
Austin había emigrado desde Inglaterra y quería reproducir las jornadas de caza que eran habituales en su tierra natal. Para ello hizo traer conejos europeos y los soltó en Barwon Park, convencido de que no representarían ningún problema. Sin embargo, encontró el escenario perfecto para que la población explotara. Estas tierras de Australia contaban con bundante alimento, extensas áreas abiertas y casi ningún depredador natural.
En pocas décadas, estos animales se expandieron por enormes regiones de Australia. Su extraordinaria capacidad reproductiva permitió que la población creciera de forma descontrolada, afectando tanto a la producción agropecuaria como a los ecosistemas. Los animales consumían grandes cantidades de vegetación, degradaban pastizales, destruían cultivos y competían con la fauna nativa por alimento y refugio.
Australia se impone a los conejos
A finales del siglo XIX, la situación ya era considerada una emergencia nacional. Entre las medidas más ambiciosas de Australia para intentar contener la invasión estuvo la construcción de la Rabbit-Proof Fence, una barrera de más de 3.000 kilómetros diseñada para frenar el avance de los conejos hacia nuevas regiones. Sin embargo, la velocidad con la que se reproducían hizo que el problema continuara creciendo.
Durante el siglo XX, Australia recurrió a métodos biológicos para reducir la población. Primero introdujo la mixomatosis, una enfermedad que provocó la muerte de millones de conejos, aunque con el tiempo muchos desarrollaron resistencia. Décadas más tarde incorporó el virus hemorrágico del conejo, que volvió a disminuir la cantidad de animales en algunas zonas, pero tampoco logró erradicar la plaga.
En pocas palabras
- Control de plagas: 24 conejos europeos introducidos en Australia en 1859 causaron una plaga incontrolable.
- Impacto ecológico: Alteraron el equilibrio del continente, afectando la producción agropecuaria y la fauna nativa.
- Medidas de contención: Se implementaron barreras y métodos biológicos sin éxito total para erradicar la invasión.





