Decir librería, de por sí genera un sabor dulce en la boca, y hace que la mente comience a desplegar alas y sueñe con que este lugar con su magia le dará aire e impulso. Una librería es una mezcla de túnel del tiempo y certero oráculo. . La librería García Santos, con cuatro generaciones de libreros en el país, celebra 80 años entre nosotros.
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"No vamos a festejar en ninguna fecha en particular. Pensamos hacer uno o dos eventos por mes a lo largo del año, planificados junto con profesoras de la facultad de Filosofía y Letras", dijo Pilar García Santos, la cuarta generación argentina dueña de la librería que lleva su apellido y está actualmente en su tercer emplazamiento en Ciudad, sobre avenida San Martín al 921.
Una historia que nace en España
Toda historia clásica solía comenzar con un "había una vez". El de esta emblemática casa tan arraigada en la cultura mendocina es contado por Pilar así: "Mi bisabuelo tenía librería en España -Asturias, para más datos- se viene en el año 1893 a Buenos Aires, y ahí instala una librería que se llamaba A. García Santos, y estuvo ahí hasta el año 1937".
Fallecido en 1937 el bisabuelo, el negocio quedó en manos de la segunda generación -abuelo de Pilar-, Eugenio García Santos. "En el año 1939, cuando se va a fundar la Universidad Nacional de Cuyo, el doctor Edmundo Correas, fundador, lo invita a instalar una librería en Mendoza, porque no había librerías especializadas en libros universitarios", recordó Pilar.
Las tertulias de los maestros
"Mi abuelo vino a ver la posibilidad de instalarse aquí a fines del año '39, y a principios de 1940 ya abrió la librería, en la calle Rivadavia 55, muy cerquita del Rectorado de la Universidad", explicó la administradora de la casa. En ese tradicional lugar estuvieron hasta el año 1983, cuando "bajaron" hasta Rivadavia 52.
"En esa época la mayoría de los clientes eran profesores -y alumnos- de la Universidad, y entre ellos estaba Joan Corominas (Coromines), que fue el que hizo el mejor diccionario etimológico de la lengua castellana, y que comenzó a hacer las investigaciones y a escribirlo acá en Mendoza", contó García Santos, que agregó: "También estaban Claudio Sánchez Albornoz, que era un medievalista español de muchísimo prestigio y Julio Cortázar. Se hacían tertulias en la librería o se juntaban varios profesores a charlar con mi abuelo o mi papá, que era muy jovencito", recuerda con orgullo Pilar.




