Lo que nació como un juego con un amigo entrañable de toda la vida se transformó en una pasión que también arraigó profundamente en su familia, tanto que hasta ocupa una habitación de la casa y algunas dependencias más. Rubén Adrián Lepez ama tanto los trenes, que se puede decir que en vez de venas o arterias, su sangre corre por vías en su cuerpo. El profesor de inglés es un hobbista ferromodelista y coleccionista, y alberga en su casa más de 100 locomotoras y cerca de 800 distintos vagones a escala, además de ser integrante del Ferroclub Trasandino Mendoza.

"Comencé a los 20 años con esta pasión por los trenes, pero siempre me interesó el tema. De chico mi amigo Leo (Leonardo) Rodríguez tenía un tren eléctrico y jugábamos en su garaje, cuando éramos chicos allá en Tunuyán", explicó Rubén, quien aún sigue unido en estrecha amistad con Leo, luego de cursar estudios "desde el Jardín hasta el Liceo Militar General Espejo".

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Rubén tiene 52 años, es profesor de Inglés en las escuelas Arístides Villanueva, Sebja Francisco Lecaros y el CENS de Algarrobal. Está casado con otra docente, Irene, profesora de Historia, con quien tiene dos hijos: Martín, de 16 años, quien comparte su pasión por los trenes, y Emiliano, de 12. Aprovecha el peso de este medio de transporte que ama para su labor docente, y -antes de la pandemia- sus alumnos eran asiduos visitantes del Ferroclub Trasandino o muestras itinerantes donde se presentaban bajo el programa Tren va a las Escuelas, entre el 2010 y 2015. Martín creció entre las bellezas de maquetas de su papá, y pronto se hizo fan de la serie animada inglesa Thomas y sus Amigos, y la película Expreso Polar pasó a ser su favorita. Tal es así que su papá, cuando tenía 5 años le dio una gran sorpresa al regalarle un kit con el tren idéntico -con muchas piezas hechas por su mano-, y hasta el tícket dorado, elemento fundamental en la historia.

Una casa-museo

No es exagerado decir que la pasión ferroviaria y modelista ocupa gran parte de la casa, ya que una habitación completa ocupa la bella red de vías que armó con sus propias manos Rubén, apoyado por Martín. Esa parte de la casa en un submundo de pequeños pueblos recreados hasta el más mínimo detalle, puentes, túneles, estaciones y talleres, montañas (hasta con escaladores), bosques, o casas rurales. Todo es controlado con un sistema digital, que hasta reproduce los sonidos de las máquinas relacionadas con la velocidad, los silbatos y campanas. "Nosotros hacemos lo que no hacen los arquitectos con las maquetas, ya que les agregamos detalles tan finos como óxido en las chapas de un techo, o características especiales a cada persona que se ve. Los trenes se hacen en escala H0 (1:87) y es un desafío respetar las características de cada tren y sus vagones. Para los ferrocarriles argentinos hay que aguzar el ingenio porque aquí no se fabricaron muchos trenes. Entonces descubrimos que una marca brasileña hace los de ese país, y las locomotoras son casi las mismas que las nuestras, y de esta forma, con mínimas modificaciones hacemos trenes de aquí", detalló Lepez. "Si te preguntás costos, te puedo decir que hay "un par de autos" en todo esto", agregó luego.

La casa, del lasherino barrio Cirsubdoz, está arreglada y decorada con exquisito buen gusto, y además de una pieza completa -con su placard incluido- a los pequeños trenes, también cede espacio en la biblioteca, donde hay más 70 libros específicos de ferrocarriles mezclados con autores clásicos y modernos, además de películas y piezas de colección sobre el tema. También en el living hay una elegante muestra de coleccionismo, que Rubén comparte con Irene, relacionada con bebidas, donde se aprecian envases, carteles, merchandising, vasos, jarras y chopps antiguos.

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El heredero de la pasión de Rubén, Martín Leandro, pasó de los dibujitos animados a las películas, y su singular memoria le permite hoy a sus 16 años hablar de trenes como un erudito. No faltan en la charla nombres de trenes famosos, o deslizar datos como cuál es el récord de velocidad de una locomotora a vapor. "El Flying Scotsman logró en 1934 el récord de velocidad de un tren a vapor, superando las 100 millas por hora (160 km/h) durante 393 millas en el recorrido Edimburgo- Londres", comenta Martín con total normalidad, mostrando el modelo de aquella famosa locomotora y mencionando otras similares como la Mallard, de la línea A4.

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El ferromodelismo no es nada barato, ya que todo es importado. Las principales marcas que se pueden conseguir son: Lima, Marklin, o Tycoon entre otras, y un kit básico (locomotora, tres vagones y un furgón) está entre $28.000 y $50.000.

Como si fuera poco, la pasión por aquel medio de transporte que expandió los horizontes y permitió la segura y rápida comunicación de lugares distantes, se nota al comenzar a hablar con Lepez, quien desata instantáneamente una verborragia notable y enriquecida por minuciosos detalles técnicos e históricos, apoyados por el joven Martín, de memoria prodigiosa. No conformes con hacer de su casa un museo, ambos amantes de los trenes, padre e hijo, se reúnen periódicamente en el Ferroclub Trasandino Mendoza, que queda cerca de la estación del Ferrocarril Belgrano en Guaymallén.

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El Ferroclub Trasandino

Rubén siente un cariño especial por ese tren que unía al puerto de Buenos Aires con Valparaíso, y fue inaugurado en 1910. "Me gustaría mucho que se recuperara ese tren, que es una obra tan importante que está al nivel del Canal de Panamá o el canal de Suez. Atraviesa la cordillera de Los Andes en su parte más alta", explica el profe de Inglés, que además tiene para mostrar una medalla conmemorativa de aquella inauguración, como muestra de la importancia de la vinculación entre Argentina y Chile en aquel lejano inicio del siglo XX.

"Los socios del Ferroclub son muchos ferroviarios activos, y otros hijos o nietos de ellos. Hay otros apasionados como yo, que amamos escuchar sus relatos, y a veces, gracias a ellos podemos dar un paseíto en tren cuando vienen de Tucumán cargas de azúcar por el ex Belgrano", cuenta Rubén sobre el punto de reunión de los fanáticos. Allí se pueden disfrutar los distintos tipos de trenes a escala, ya que el lugar cuenta con más de 90 metros de vías, con sus paisajes y maquetas.

"Una de las obras más importantes del Ferroclub fue cuando en el 2015 pudimos levantar con la Municipalidad de Godoy Cruz el Museo Ferroviario (Estación Benegas). No habían planos ni fotografías de la época para reconstruir el lugar, cercano a donde se separaban los ramales de los ferrocarriles San Martín con el Trasandino. Luego de mucho gestionar, un amigo de Buenos Aires, apasionado también por el tema, Juan Kiektik, pudo conseguir los planos originales, y le permitieron sacarlos para copiarlos. Luego los digitalizó y me los envió por correo electrónico", explicó Lepez, que agregó: "Así se pudo restaurar fielmente la estación, y lo único que se le cambió fue el color de las aberturas (puertas y ventanas), que eran de feo color café con leche, por un verde inglés que le pusimos nosotros".

Rubén Lepez no pudo ser ajeno a la tristeza que generó la desaparición casi total de los trenes en Argentina, aunque señaló que se está revirtiendo de a poco esto. Destacó lo importante que sería recuperar el tren de pasajeros a Buenos Aires, y hasta explicó las ventajas de usar la vieja estación del Ferrocarril Belgrano en Guaymallén, por la cercanía con el microcentro mendocino y a los distintos puntos de acceso. "Es una pena que se piense en sacar a los talleres de locomotoras, que es uno de los más grandes del país, solo por hacer un negocio de bienes raíces. Actualmente en esos talleres se están reparando 13 locomotoras de distintas empresas del país y tiene 150 empleados de mano de obra calificada. Trasladar las gigantescas grúas y otras maquinarias, sería arruinarlas, y sería más barato hacer todo de nuevo", dijo.

Finalmente confesó un anhelo: "Me gustaría que se volviera a abrir el ramal del Trasandino, no por una cuestión sentimental, sino de practicidad y que beneficiaría a Mendoza y a Chile, ya que por esta provincia pasa el 70% de la producción del Mercosur, y por vías férreas se haría de forma más segura, económica y sin problemas climáticos", detalló. Para finalizar invitó a todos aquellos curiosos o que aman el tema ferroviario a unirse al club y visitarlo, comunicándose a su teléfono: 2615528724 o por el Facebook del Ferroclub Trasandino Mendoza.

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