Historias

El mendocino que recuperó una historia que creía perdida y su hijo de 12 años la convirtió en un libro

Federico Lardone había comenzado a escribir Volver a ser uno hace 20 años y creía que aquella historia se había perdido. Se la contó a su hijo y todo cambió

Editado por Cecilia Corradetti
corradetticecilia@gmail.com

Hay historias que esperan durante años. Algunas quedan guardadas en una computadora que se rompe, en una caja, en un cuaderno o en la memoria. Y hay otras que, aunque su autor deje de escribirlas, siguen creciendo en algún lugar de la cabeza. La de Federico Lardone estuvo allí durante más de dos décadas, hasta que un día apareció su hijo Lorenzo, que entonces tenía 12 años, y le hizo una pregunta mucho más sencilla que todas las que atraviesan el libro que terminarían escribiendo juntos.

“¿Qué recordás?”.

Lorenzo y Federico Lardone. El niño practica taekwondo, pero la historia que hoy los une tiene que ver con un libro.

Federico había comenzado a escribir aquella historia en Santa Cruz. Tenía unos pocos capítulos y una idea que lo acompañaba desde chico, vinculada con esas preguntas que alguna vez todos se hacen pero que él nunca dejó de hacerse: por qué nos contaron determinadas cosas, quién escribió aquello que creemos saber y cuánto de una historia puede quedar afuera cuando quien la cuenta también interpreta, elige y, eventualmente, se equivoca.

Pero la cuenta de Hotmail donde guardaba aquel primer trabajo desapareció. Con ella se fue buena parte de lo que había escrito. Federico se enojó, dejó de escribir y siguió con su vida.

La historia, sin embargo, no desapareció.

Muchos años después, su hijo lo convenció de escribir un libro

Muchos años después, durante un almuerzo familiar, decidió contarle a Lorenzo de qué se trataba aquella vieja idea. El chico escuchó y no dudó.

“No, papá, lo tenés que escribir”. Federico le explicó que no tenía tiempo y que no sabía si iba a poder hacerlo. “Yo te ayudo”.

Después de comer, se sentaron frente a una computadora. Federico abrió un documento de Google y empezó a reconstruir lo que recordaba. Lo que ninguno de los dos imaginaba en ese momento era que aquella conversación iba a modificar no solamente la historia, sino también la relación entre padre e hijo alrededor de una pasión compartida.

Así nació Volver a ser uno. La razón de Lucifer, una obra de ficción profundamente filosófica que terminó transformándose en una saga de tres tomos y en un universo que se extiende mucho más allá de las páginas.

Pero antes de que existieran ángeles, humanos, Lucifer, rebeliones, dimensiones y teorías sobre el tiempo, existían Federico y Lorenzo sentados a hablar.

Y discutir. “Primero empezó corrigiéndome estilo. Después me empezó a corregir frases. Después empezó a corregir ideas”, cuenta Federico.

Un padre y un hijo que le dieron vida a una gran historia

Lorenzo no se conformaba con señalar que algo no le gustaba. Quería saber por qué. Encontraba contradicciones, detectaba huecos y hacía preguntas que obligaban a su padre a volver sobre lo que había escrito.

“Me amplió tanto el universo porque encontraba huecos y me decía: ‘Pero si esto dice en el capítulo 1 y después en el 20 decís esto…’”, recuerda Federico.

Lo que inicialmente podía haber sido un solo libro terminó creciendo hasta convertirse en tres tomos. Incluso comenzaron a trabajar en un spin-off, pero la editorial les pidió que primero terminaran la saga.

Una de las grandes transformaciones llegó cuando Lorenzo cuestionó a los antagonistas. Federico había imaginado dos enemigos principales y un consejo de 24 ancianos. Para el chico, no alcanzaba.

“Papá, son muy flojitos estos enemigos”, le dijo.

La frase obligó a Federico a pensar nuevamente la trama. De allí surgieron nuevas ideas, nuevas posibilidades y una historia que empezó a tomar dimensiones que el autor original jamás había imaginado.

También apareció una compleja teoría sobre el tiempo, desarrollada a partir de una pregunta de Lorenzo sobre los millones de años que transcurrían en la historia. Y nació Luana, uno de los personajes centrales, inspirado indirectamente en la hermana de Lorenzo y construido a partir de la relación entre ambos.

Pero quizá una de las intervenciones que más sorprendió a Federico fue otra.

Una escena del libro cuestionada por un hijo inquieto y curioso

En una escena del primer tomo, el padre había pensado una situación determinada como algo romántico. Lorenzo la leyó y lo frenó.

“Papá, esto que está acá es una violación”.

Federico no lo había interpretado de esa manera. Lorenzo le explicó que no había consentimiento y que lo que ocurría debía ser leído de otra forma.

“Una conciencia de los pibes es una locura”, dice Federico al recordar aquella escena y la claridad con la que su hijo, con apenas 12 años, había planteado el problema.

Para Lorenzo, escribir con su papá fue mucho más que corregir un texto. “Disfruté y disfruto de nuestras charlas y discusiones. También aprendí mucho sobre cómo defender argumentos y explicar ideas”, cuenta.

Un tramo del proceso de escritura. "Lorenzo fue un gran corrector", dice su papá.

Las discusiones sobre la historia aparecieron en cualquier lugar. Incluso en el colectivo. Padre e hijo podían comenzar a hablar de ángeles, Lucifer o alguna de las teorías del libro y olvidarse de que estaban rodeados de pasajeros hasta descubrir que varias personas los estaban mirando.

También estaban los audios.

Federico pensaba una idea, la grababa y se la mandaba a su hijo. Lorenzo podía estar con sus amigos cuando el teléfono comenzaba a sonar una vez, dos, tres veces.

Eran mensajes de su papá con nuevas teorías.

Y entonces volvía la conversación.

“Lo que más me gusta es que tarde o temprano me hace caso”, dice Lorenzo, con la naturalidad de un chico que ya entendió que en ese mundo que construyeron juntos también tiene algo que decir.

Un estudiante que comparte un universo con su papá

Hoy Lorenzo es estudiante de la modalidad Audiovisual de la escuela José Vicente Zapata, practica taekwondo, hace ejercicio, se reúne con sus amigos, cocina algunas cosas en casa y mira videos para aprender o simplemente divertirse. Pero también tiene un universo propio que comparte con su papá.

“Volver a ser uno” es una historia de ficción sobre ángeles, humanos, Lucifer, identidad, memoria y una antigua rebelión. Federico explica que no busca ofender a nadie ni plantear una defensa de Lucifer. La propuesta es imaginar que quizá existe otra versión de una historia, otra mirada, una verdad más amplia.

Y esa idea también parece atravesar la manera en que padre e hijo construyeron el libro.

Porque Federico tenía una historia.

Lorenzo fue siempre un buen alumno. Y ahora se convirtió en coautor de un libro.

Lorenzo tenía preguntas.

Y entre los dos apareció algo diferente.

El proyecto también salió de las páginas. Dentro de los libros hay códigos QR que funcionan como llaves para ingresar a una página web donde existen cámaras secretas con contenidos adicionales. Hay diarios personales de personajes, juegos, información sobre objetos y nuevos elementos de la trama.

El sistema está pensado para que el lector no se adelante. Según el capítulo al que llegó, se habilitan determinados contenidos. Así, quien llegó al capítulo 5 no puede encontrarse accidentalmente con una revelación del capítulo 20.

Un libro extenso podría resultar difícil de sostener

La idea nació, entre otras cosas, de una preocupación de Lorenzo: sus compañeros quizás no fueran grandes lectores y un libro extenso podía resultarles difícil de sostener. Entonces buscaron otra forma de entrar en la historia.

El resultado terminó siendo mucho más grande de lo que aquel padre imaginó cuando recuperó de su memoria una historia que había comenzado a escribir en Santa Cruz.

Al principio, Federico y Lorenzo escribían para ellos. Después pensaron en los amigos, los familiares, alguien que pudiera recomendarlo por WhatsApp. Más tarde aparecieron referentes de la cultura mendocina que leyeron los primeros capítulos y los alentaron a publicarlo. Julio Rudman fue uno de los primeros mentores y luego se sumaron otros referentes hasta que la editorial LEO Libros se interesó por la obra.

Federico fue solo a aquella primera reunión con la editorial. Pensaba que probablemente le dirían que la historia era interesante pero que había que reescribirla.

En cambio, le preguntaron quién lo corregía.

“Mi hijo”.

La respuesta sorprendió.

Y entonces Federico entendió hasta qué punto Lorenzo ya había dejado de ser simplemente el chico que se sentaba a ayudarlo con los errores de tipeo.

Era su coautor.

Quizás por eso, cuando se habla de “Volver a ser uno”, la historia más linda no está solamente en lo que ocurre dentro del libro.

Está afuera.

Está en un padre que durante años creyó que había perdido una historia y que volvió a encontrarla gracias a su hijo. Está en un chico de 12 años que no se limitó a escuchar a su papá, sino que se animó a discutirlo, cuestionarlo y proponerle otros caminos. Está en los audios de WhatsApp, en las conversaciones del colectivo, en las teorías que aparecen a cualquier hora y en ese extraño momento en que dos personas se dan cuenta de que están hablando de ángeles y Lucifer frente a desconocidos.

Y está, sobre todo, en una experiencia que ninguno de los dos había planeado.

Federico quería recuperar un libro.

Lorenzo quería ayudarlo.

Terminaron construyendo un mundo juntos.

Y mientras la saga crece, también queda algo que no necesita tres tomos ni códigos secretos para ser contado: un padre y un hijo encontraron en la escritura una manera nueva de escucharse, discutir, imaginar y volver a elegirse como compañeros de una aventura que todavía no terminó.

En pocas palabras

  • Padre e hijo: Federico Lardone y su hijo Lorenzo, de 12 años, coautores de la saga de ficción "Volver a ser uno".
  • Recuperación de obra: Federico reconstruyó una historia perdida hace 20 años con la ayuda esencial de su hijo.
  • Universo literario: la colaboración padre-hijo expandió la idea original a una saga de tres tomos con contenido interactivo.
Resumen generado por Thinkindot AI

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