Ignacio Pavesi tiene 20 años, vive en Guaymallén y nació con parálisis cerebral distónica debido a una mala praxis en su nacimiento. Se desplaza en silla de ruedas y se comunica a través de un dispositivo denominado Tobi, similar al que utiliza Esteban Bullrich en su lucha contra la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Pero Ignacio, o "Nacho", tiene alguien que lo ayuda a transitar su discapacidad: la mejor hermana del mundo. Valentina no sólo lo entiende, lo escucha y lo admira, sino que es su mejor amiga y su cómplice en cada aventura.
El amor de hermanos, un vínculo único que no conoce de discapacidad ni límites
A través de un video que se hizo viral, Valentina Pavesi demostró que, cuando hay amor, la discapacidad no es un límite. Una conmovedora historia de hermanos.

Valentina junto Nacho, que sufre parálisis cerebral, y Benjamín. "Los límites de una discapacidad los ponemos nosotros", dijo.
GentilezaRecientemente, un video conmovedor y divertido protagonizado por ambos se hizo viral. En él, Valentina dice con orgullo: "Tuvimos que reestablecer metas porque Nacho no tiene sólo uno, sino dos trabajos. Así que acompañémoslo a la Barber Club a una jornada laboral".
Dos empleos y muchas ganas de más: la discapacidad no es barrera
Nacho trabaja una vez por semana en Barber Club, una cadena de barberías, donde registra los cortes realizados por los peluqueros y elabora informes para Cristian, el encargado del local. “Va visitando las distintas sedes y completa datos con su computadora. Nacho maneja su equipo con los ojos y realmente puede hacerlo. Está buenísimo porque es su primer trabajo y le encanta estar activo”, cuenta Valentina.
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Pero eso no es todo. También desempeña una labor fundamental en La Bodeguita, un restaurante del barrio privado Mendoza Norte. Allí, lleva el control de stock: “Cuenta gaseosas, platos, cubiertos y todo lo necesario. Inspecciona con una planilla qué insumos hay y cuáles faltan, para que luego salgan a comprarlos”, relata su hermana.
Valentina e Ignacio tienen otro hermano menor, Benjamín. Son hijos de Fernanda, profesora de Educación Física, y de Adrián, licenciado en Sistemas.
Hermanos, un vínculo único de amor y complicidad
Valentina y Nacho no sólo son hermanos, son inseparables. “Nos llevamos dos años y nos morimos de risa juntos. Ojo, también peleamos, tenemos nuestros códigos internos. Si bien él no se comunica como nosotros, tiene su propia forma. Me dice 'Titi', tiene sus propias palabras y creo que cualquiera podría entenderlo si se toma un poquito de tiempo”, expresa Valentina con una sonrisa.
Ahora que ella está por sacar el carnet de conducir, Nacho ya tiene planes: “Quiere que lo lleve a comer a la montaña y me invitó con su sueldo”, cuenta entre risas.
Cuando iban juntos al colegio secundario Santa María, compartían los recreos conversando, y las charlas se extendían en casa. “Él me contaba todo lo que hacía y lo que planeaba para el día. Ojo, con mi hermano menor tengo la misma relación”, advierte.
La lucha por la verdadera inclusión
Valentina ha atravesado distintas etapas en su vida respecto a la discapacidad. “Me crié con Nacho y lo veo igual que a todo el mundo”, señala. Sin embargo, con el tiempo entendió que la sociedad no siempre lo percibe de la misma manera. “Hubo momentos en los que me enojé porque pensaba: ‘No es tan difícil, solo hay que hacer un esfuerzo y tratar de entenderlo, incluirlo’".
Gracias a sus padres, comprendió que muchas personas simplemente no saben cómo acercarse o cómo incluir a alguien con discapacidad. Lejos de quedarse de brazos cruzados, decidió actuar. Así nació "En los zapatos de otro", una cuenta de Instagram donde busca concientizar y generar impacto en la sociedad. “Siempre trato de enseñar, ya sea en la escuela o en la calle, cómo tratar a alguien como Nacho”.
Tiempo atrás, toda la familia corrió una carrera en Villavicencio de 12 kilómetros, donde participaron profesores del colegio. “Eso ayudó mucho a hablar de inclusión”, asegura.
“La verdadera inclusión se logra con pequeñas acciones”
Valentina lo tiene claro: la inclusión real se logra con pequeñas acciones que pueden marcar grandes diferencias. “Nos hemos propuesto demostrar que es muy fácil incluir. Y hay que hacerlo desde lo más simple: ofreciendo empleo, dando un espacio donde el otro se sienta útil y valorado”.
Y deja una frase que es un mensaje para todos: “Me crié con mi hermano y sé que es muy fácil incluir. No tenemos idea de lo mucho que podemos hacer con tan poco. Siempre repito lo mismo: el límite de una persona con discapacidad lo ponemos nosotros”.
Porque, al final del día, reitera, convencida, la verdadera inclusión empieza con una mirada diferente, con un corazón abierto y con el deseo de caminar, aunque sea por un instante, en los zapatos de otro.