La protagonista de esta historia y su padre demostraron que, con trabajo, planificación e innovación, es posible transformar cultivos abandonados en una fuente de riqueza y desarrollo sostenible.
En 2021, tras encontrar la finca familiar en estado de abandono, Inara Souza, decidió dejar São Paulo y mudarse al sertão de Paraíba para acompañar a su padre, José Dias de Souza, de 88 años. Ese mismo año su hija, comenzó un proceso de reorganización de la propiedad con el objetivo de recuperar su potencial productivo.
Dejó todo por su padre y salvó una finca: hoy cosecha 24 toneladas
La historia de la finca familiar se remonta a la década de 1930, cuando la familia adquirió la propiedad rural que hoy se conoce como Fazenda Nova Boa Vista, ubicada en Monte Horebe, Paraíba. Durante décadas, su actividad estuvo centrada en el cultivo de mandioca y la cría de ganado bovino, dos pilares tradicionales de la economía de la región.
Sin embargo, la hija decidió cambiar el rumbo de la producción y romper con el modelo basado en el monocultivo de mandioca y la ganadería. En su lugar, apostó por la fruticultura, especialmente por el melón amarillo y la sandía, productos con mayor valor comercial y posibilidades de inserción en mercados más exigentes.
Padre e hija: un legado familiar que renació con 24 toneladas
Uno de los principales desafíos fue enfrentar las condiciones extremas del semiárido brasileño, marcado por largos períodos de sequía. Para garantizar una producción estable, la hija del ganadero desarrolló un sistema de riego controlado abastecido por reservorios de agua propios, como represas y açudes, lo que le permitió reducir la dependencia de las lluvias y mantener un esquema productivo constante.
El trabajo de Inara fue reconocido en 2025, cuando obtuvo el primer lugar en Paraíba dentro de la categoría Productora Rural del Prêmio Sebrae Mulher de Negócios, celebrado en Campina Grande.
Además, aprovechó que la tierra de la finca familiar nunca había sido tratada con productos químicos para obtener el sello oficial IBD de producción orgánica. Esta certificación transformó sus melones y sandías en productos con valor agregado, pasando de una producción rural tradicional a una oferta premium con origen garantizado.
En 2026, la superficie cultivada ya se había duplicado respecto al inicio del proyecto. Actualmente, la Fazenda Nova Boa Vista se encuentra en etapa de preparación del suelo para una nueva cosecha de melón amarillo, con una expectativa de producción de entre 18 y 20 toneladas bajo un modelo de planificación continua.
En pocas palabras
- Padre: Padre de 88 años inspiró a su hija a recuperar una finca familiar abandonada.
- Inversión: La hija dejó São Paulo para transformar la propiedad en un próspero negocio de frutas orgánicas.
- Reconocimiento: La producción de melón amarillo y sandía obtuvo certificación orgánica y duplicó su superficie cultivada.







