Hace poco más de 200 años, en 1817, un cabo del ejército británico tomó una decisión que nadie entendió, pero que cambiaría para siempre a una parte del mundo. Y es que después de una misión, él decidió negarse a abandonar un volcán que se encontraba en medio del mar y quizás solo sabía dentro de él, pero no fue un capricho, sino que allí había un tesoro esperándolo.
Willliam Glass era el nombre de este cabo del ejército británico. Él prefirió quedarse a vivir en la isla volcánica llamada Tristán de Acuña. Nadie entendió su decisión, pero lo cierto es que dos siglos después, este es el territorio habitado más remoto de la Tierra y sus descendientes han podido vivir de esta decisión.
Un acuerdo militar y la decisión de vivir en un volcán
En 1816, un año antes de que William Glass tomara su decisión, el Reino Unido instaló en el volcán una guarnición militar para evitar que tropas francesas se hicieran del islote y lo tomaran como base para rescatar a Napoléon Bonaparte, que se encontraba exiliado en la isla de Santa Elena.
Cuando ya no hubo razón para creer en esa posible amenaza, el Reino Unido decidió retirar las tropas, pero Glass se negó a irse y solicitó un permiso especial para quedarse en el islote justo a su esposa Maria Magdalena Leenders y sus dos pequeños hijos. La Corona aceptó.
Una vez establecidos, el cabo redactó un acuerdo de convivencia basado en la propiedad comunitaria, la igualdad de derechos y la redistribución de trabajo. En el entorno hostil de terreno volcánico y vientos huracanados, la familia construyó viviendas con bloques de piedra y madera recuperada de naufragios, subsistiendo a base de pesca artesanal y el cultivo de patatas.
200 años después, la decisión del cabo tuvo su legado
La decisión de Glass resultó no ser inaudita. Con el paso de los años, marineros, colonos y hasta náufragos se fueron sumando a su pequeña colonia, pero la familia Glass siguió manteniendo los hilos del nuevo territorio.
En la actualidad, unas 250 personas viven en el islote. La mayoría tiene el apellido del fundador o son descendientes de su linaje. De hecho, han logrado mantenerse y crear su propia industria económica a través del turismo de expedición, la captura de langosta y la emisión de sellos postales.
No obstante, llegar a este islote no es fácil, ya que se debe navegar una semana desde las costas de Sudáfrica para pisar la tierra del volcán Tristán de Acuña. Aunque también es cierto que ha sido este aislamiento lo que ha preservado su modelo social, en donde la tierra es pública y se está prohibida la venda de propiedad privada a personas que no pertenezcan a la comunidad.
Datos claves de Tristán de Acuña
- Ubicación: Está a 2.800 km de Sudáfrica y a 3.700 km de Sudamérica.
- Superficie: La isla principal tiene un área de 98 km².
- Habitantes: Viven cerca de 250 personas permanentes.
- No tiene aeropuerto.
En pocas palabras
- William Glass: Un cabo británico decidió vivir en el volcán Tristán de Acuña hace más de 200 años.
- Territorio remoto: La isla se convirtió en el asentamiento habitado más aislado del planeta.
- Legado duradero: Sus descendientes mantienen una comunidad autosuficiente con una economía basada en pesca y turismo.


