Un aviso en una inmobiliaria de España activó los llamados. “Campo de 23.000 hectáreas se vende en San Carlos, Mendoza ”. Al pie de la montaña, escondido por la vieja ruta 101, con algunas vacas y una casita con dos habitaciones. Agua hay. Luz, no.
De vivir aislado y sin luz a codearse con magnates en su refugio del fin del mundo
Martín Salcedo vendió el campo de su familia a un grupo de millonarios y se quedó a vivir allí. Hoy es refugio de paz y un proyecto turístico en crecimiento

Martín Salcedo es uno de los antiguos dueños de la estancia que compró Varsavsky en el Valle de Uco, Mendoza.
Foto: Nicolás Rios/ Diario UNODetrás del mensaje estaban los hermanos Salcedo, hijos de un viejo comerciante de Luján de Cuyo que ya había fallecido.
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Corría el 2023.
A miles de kilómetros, cruzando el Atlántico, estaba Martín Varsavsky, un empresario multimillonario que conocía San Carlos desde chico.
Varsavsky soñaba con volver a instalarse en Argentina si la Tercera Guerra Mundial tornaba invivible a Europa.
A la distancia y por imágenes satelitales, aquel rancho recóndito del Valle de Uco parecía ser el paraíso ideal para ese proyecto: un refugio de paz para su familia que, con mínima intervención humana, funcionara también como desarrollo turístico de aventura y montaña.
Pero este argentino- español no era el primer inversor en querer quedarse con el campo de los Salcedo. Para ellos, la plata no era el principal asunto. Un pequeño gran detalle pesaba más: “Solo podía vendérselo a quien lo quisiera y lo tratara como lo hubiese hecho mi papá”.
Un campo comprado en 1981 y una familia que nunca se fue
El dueño de la historia es Martín Salcedo, un excéntrico campechano que aún hoy pasa sus días en la estancia Wamani, así bautizada por el magnate tecnológico que, junto con otros 4 inversores de diferentes nacionalidades, se quedó con las tierras.
Fue su papá quien en 1981 se embarcó en la locura de comprar un rancho recóndito a casi 200 kilómetros de su casa. “Plata que tenía, plata que la metía en el campo”.
Cada 3 o 4 meses, la familia Salcedo se metía tierra adentro y disfrutaba de uno que otro fin de semana campestre.
Sortearon crisis tras crisis. Fueron cambiando de caseros, enfrentando a cazadores furtivos y perdiendo animales. Criaron vacas y cuidaron de las mulas porteadoras del Aconcagua. Hoy, a 45 años de la compra de las hectáreas, casi no quedan rastros de aquellos tiempos.
“Mi papá soñaba con lo que hoy está haciendo Martín (Varsavsky) pero no tenía un peso”, dice el tocayo del nuevo estanciero.
La pandemia, un cambio de vida y 7 meses clave antes de la venta del campo
El campo ahora es su lugar en el mundo. Con más de 30 años en la espalda, mucha noche y una depresión que lo llevó a tomar decisiones extremas, en la pandemia dio vuelta su vida y terminó solo en la estancia, alejado del trajín de la ciudad.
“Los vecinos son todo”. Sin tener mucha calle rural, casi sin animales para comer y hasta atravesando alguna enfermedad, Martín sobrevivió -en lo que tiempo después sería Wamani- gracias a los puesteros de la zona de los Luffi, al límite de Pareditas, en las adyacencias de la traza de la vieja Ruta Nacional 40. “Aunque no te conozcan, siempre tendrán un plato de comida para vos”, jura.
Cuando ya estaba habituado a la vida agreste, la muerte de su padre precipitó la venta de las tierras. Mantenerlas no era costoso –los impuestos son una ganga por el difícil acceso y la poca rentabilidad-, pero la familia necesitaba el dinero y su mamá, ahora viuda, una buena casa.
Después de 7 meses de charlas telefónicas, Martín y sus hermanos se decidieron: Varsavsky era el comprador indicado.
“Le ofrecí quedarme ayudando en lo que fuera”. Y lo consiguió. El dueño necesitaba alguien que manejase la estancia como propia, que conociera el campo de memoria y que tuviese experiencia con los animales.
Y qué mejor que uno de los antiguos dueños para eso.
Además de los caballos, ideales para recorrer Wamani de una punta a la otra, hay vacas. La intención de los inversores es hacer crecer en un proyecto ganadero desde la cría hasta el destete.
También hay choiques, quirquinchos, guanacos y hasta pumas. Ya no asoman cazadores y las hectáreas totales son 32.000. A las originales de los Salcedo, se anexaron las del puesto de al lado, El Selerpe.
De campo familiar a refugio de millonarios
Para los dueños, la estancia Wamani es un refugio de paz y, por qué no, su lugar en el mundo para escapar del colapso del Hemisferio Norte, cuando este suceda. Hasta allí viajan al menos una vez al año para entregarse plenamente a la naturaleza. Mientras tanto, las puertas están abiertas a los turistas, locales, nacionales y extranjeros.
En el casco principal, la casa se refaccionó a nuevo y se levantaron cabañas para 12 personas.
A poco más de 20 kilómetros, entre dos quebradas, y a 2.600 metros de altura, hay domos para hospedarse a la vera del río y esperar la noche tras horas de cabalgata. Lo próximo: campamentos al pie de la montaña.
En cada una de las actividades están Martín y el resto de los host, tres sancarlinos que la dan vida a lugar y le enseñan a los propietarios y a los visitantes que allí, la que manda es la naturaleza.
En pocas palabras
- Martín Salcedo: vendió el campo familiar y vive en su proyecto turístico Wamani.
- San Carlos: el campo de 23.000 hectáreas se convirtió en refugio y sitio de aventura para magnates.
- Proyecto Wamani: ofrece hospedaje y actividades en la naturaleza, con planes de expansión ganadera.