En 2021 la NASA renombró el cuartel general de Washington con el nombre de Mary W. Jackson NASA Headquarters. Ese nombre se debe a una mujer que llevaba 16 años fallecida e hizo historia en la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio del gobierno de Estados Unidos.
El camino de Mary hacia una carrera de ingeniería en la NASA distó mucho de ser directo. Originaria de Hampton, Virginia, aceptó un trabajo como profesora de matemática en una escuela para personas negras en el condado de Calvert, Maryland.
Un año después, encontró un puesto como recepcionista en el Club USO de King Street, que atendía a la población negra de la ciudad. Pasó por tres cambios de carrera más, antes de llegar en 1951 a la sección segregada de Computación del Área Oeste del Laboratorio Aeronáutico Memorial Langley, donde reportaba a la supervisora del grupo, Dorothy Vaughan.
Las computadoras humanas de la NASA
En sus inicios, formó parte del área de “computadoras humanas”, un grupo de mujeres que realizaban cálculos complejos a mano en un contexto marcado por la segregación racial, donde las personas eran separadas por su color de piel. Pero su ambición iba más allá.
Tras destacarse en su trabajo, fue invitada a participar en un programa de formación para ingenieros. Para hacerlo, tuvo que pedir un permiso especial para asistir a clases en una escuela solo para blancos, un claro reflejo de las barreras de la época.
Lejos de rendirse, Jackson completó su formación y en 1958 se convirtió en la primera mujer afroamericana ingeniera de la NASA. Durante casi dos décadas, trabajó en investigaciones clave sobre aerodinámica, especialmente en el estudio del flujo de aire alrededor de aeronaves, contribuyendo al desarrollo de la aviación moderna.
Con el tiempo, al notar las dificultades que enfrentaban otras mujeres para crecer profesionalmente, decidió dar un giro en su carrera. Aceptó un rol administrativo para influir directamente en la contratación y promoción de mujeres dentro de la NASA, luchando por la igualdad de oportunidades.
Mary W. Jackson murió en 2005, pero su legado sigue vivo. Hoy es recordada como una pionera que rompió barreras de género y raza en uno de los campos más exigentes del mundo. La ingeniera logró demostrar que el talento y la perseverancia pueden cambiar la historia.
En 2016 salió el libro y la película Figuras ocultas, que cuenta su vida y la de otras mujeres negras trabajaron en la NASA y ayudaron a Estados Unidos a competir y vencer a la URSS en la carrera espacial durante la Guerra Fría.





