Quien tiene una planta de tomates en casa, cuenta con un ejemplar de múltiples beneficios. Esta especie no solamente ofrece belleza al huerto, sino que también nos permite cosechar deliciosas frutas que podemos utilizar en múltiples preparaciones culinarias. Para aprovechar todas estas ventajas, es menester conocer un secreto de jardinería: cuál es el mejor momento del año para realizar su poda.
Jardinería: cuándo podar una planta de tomate para potenciar su crecimiento
Si bien el tomate es una planta de cuidados sencillos, el éxito de una cosecha abundante y del sabor intenso depende directamente de la gestión de su energía. Realizar podas adecuadas no solo permite controlar el crecimiento, sino que asegura que los nutrientes se dirijan específicamente a la producción de frutos sanos.
En concreto, no hay un momento exacto del calendario que nos marque cuándo podar la planta de tomate, sino que debemos hacer continuas podas que nos ayudarán a regular la estructura y el tamaño del ejemplar.
Según expertos en jardinería, es vital mantener un equilibrio, por lo que las podas deben ser frecuentes pero leves. En plantas maduras se recomienda una regularidad mayor, mientras que en ejemplares jóvenes la intervención debe ser mínima para no entorpecer su crecimiento inicial. El objetivo es nunca debilitar la planta por un exceso de cortes en una sola sesión.
Al momento de realizar la poda, tendremos que enfocarnos en estos puntos:
- Hojas improductivas: deben eliminarse todas aquellas que presenten un color amarillento, sequedad o daños visibles, ya que consumen energía sin aportar al proceso de fotosíntesis.
- Gestión de chupones: estos brotes aparecen en entre el tallo principal y las ramas laterales. Es fundamental quitarlos cuando son pequeños y blandos, de lo contrario, absorberán nutrientes valiosos y endurecerán el tallo, dificultando su remoción posterior.
- Control de puntas: cuando la planta de tomate alcanza la altura máxima permitida por su tutor o soporte, se debe realizar un corte en la punta superior. Esto detiene el crecimiento vertical y obliga a la planta a concentrar su energía en engordar los tomates ya existentes y en el desarrollo de brotes laterales controlados.
Mantener la planta bajo control mediante cortes estratégicos favorecerá, además, la ventilación interna y permitirá una distribución de luz más eficiente. Estas condiciones son críticas para prevenir la aparición de hongos y plagas, los cuales suelen proliferar en entornos de alta humedad y follaje excesivo.






