Imagina por un momento que el mundo se queda sin electricidad y que todos los dispositivos desaparecen de la mesita de luz dejando un vacío de silencio absoluto al amanecer donde la responsabilidad de despertar recae exclusivamente en el instinto de las personas. ¿Cómo lo harían?
Durante siglos antes de que el primer despertador mecánico fuera patentado por Levi Hutchins en 1787, el ser humano ya había perfeccionado una serie de técnicas para poder despertarse.
¿Cómo se despertaban las personas antes de que existieran las alarmas?
Una de las formas más antiguas y efectivas de garantizar que las personas se despertarán consistía en manipular las necesidades fisiológicas del propio cuerpo mediante una técnica que muchos hoy considerarían incómoda pero infalible.
Esta se basaba en ingerir grandes cantidades de agua justo antes de ir a la cama para que la presión sobre la vejiga actuara como un recordatorio ineludible que obligaba a la persona a levantarse mucho antes de lo deseado.
Sin embargo, con la llegada de la Revolución Industrial y la necesidad de cumplir horarios estrictos en las fábricas de Inglaterra y Escocia surgió una de las profesiones más curiosas de la historia, conocida como el knocker-up o despertador humano.
La labor consistía en recorrer las calles de los barrios obreros portando largos palos de bambú o incluso cerbatanas cargadas con guisantes para golpear los cristales de las habitaciones en los pisos superiores hasta tener la certeza de que el inquilino se había levantado de la cama.
Aunque, para aquellos que no podían permitirse pagar a un despertador humano o que vivían en zonas rurales alejadas existía el ingenioso truco de la vela de clavos que consistía en insertar clavos metálicos en una vela de cera a intervalos calculados según el tiempo que se deseaba dormir para luego colocar la vela sobre un plato de metal.
De este modo, cuando la cera se derretía hasta alcanzar la marca deseada, el clavo caía por efecto de la gravedad impactando ruidosamente contra el plato suficiente para romper el silencio de la habitación.
Finalmente, el papel de las instituciones sociales como la Iglesia y sus campanarios que marcaban el ritmo de la vida comunitaria con toques específicos para la oración del alba conocidos como el Ángelus o las sofisticadas clepsidras de la antigua Grecia que eran relojes de agua capaces de activar silbatos o soltar bolas de metal sobre bandejas tras el paso de un volumen determinado de líquido.
Es decir, la humanidad siempre encontró la manera de vencer al sueño mediante la observación de la naturaleza y el ingenio aplicado a la supervivencia diaria sin tener alarma.






