China busca construir su propia “ruta digital” global para asegurar que su conexión con el mundo no dependa de nadie más. Te contamos de qué se trata y cómo es que desafía la hegemonía de Estados Unidos.
China reta a Estados Unidos con una ruta submarina para asegurar que su conexión con el mundo
Durante décadas, la infraestructura de Internet estuvo dominada por rutas y empresas vinculadas a Estados Unidos y sus aliados. Esto significaba que gran parte del tráfico digital global, incluidos datos comerciales, financieros y gubernamentales, pasaba por redes donde Occidente tenía ventaja técnica y estratégica.
Para China, esta dependencia representaba una vulnerabilidad. La respuesta fue invertir miles de millones de dólares en el desarrollo de cables submarinos propios, capaces de conectar directamente Asia con África, Europa y América Latina.
Empresas como Huawei y China Mobile han participado en la construcción y financiamiento de estas redes, extendiendo kilómetros de fibra óptica a través de océanos completos. Estos cables permiten que los datos viajen entre países sin pasar por infraestructuras controladas por potencias rivales, reduciendo riesgos de interrupciones, bloqueos o vigilancia externa.
América del Sur en la mira de China
Uno de los focos más importantes de esta expansión es América del Sur, especialmente Chile, donde se han propuesto proyectos para conectar directamente el continente con Asia a través del Pacífico. Esta conexión no solo reduciría la distancia digital entre ambas regiones, sino que también cambiaría el equilibrio tecnológico, permitiendo rutas independientes de los centros tradicionales del hemisferio norte.
Esta estrategia forma parte de una visión más amplia. Asegurar la soberanía tecnológica. En un mundo donde la economía depende de los datos, controlar las rutas por donde circula la información es tan importante como controlar puertos, rutas comerciales o recursos naturales. Cada nuevo cable representa una conexión, pero también una declaración de independencia.
Al mismo tiempo, esta expansión ha generado tensiones globales. Estados Unidos y otros países han expresado preocupaciones sobre seguridad y vigilancia, y han bloqueado o limitado proyectos vinculados a empresas chinas. Esto ha transformado los cables submarinos en piezas de una competencia geopolítica silenciosa.






