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China desafía a Estados Unidos al convertirse en el mayor exportador de autos de este país de América Latina

China le demostró a Estados Unidos que la producción ya no se mide únicamente por proximidad geográfica, sino por agilidad tecnológica y visión estratégica

Hay momentos en la historia donde se desdobla la narrativa de décadas y observamos un paisaje completamente distinto al que creíamos conocer. Eso está ocurriendo ahora mismo en el comercio internacional, donde China ha desplazado a Estados Unidos en un país de América Latina.

China está a punto de convertirse por primera vez en el mayor exportador de automóviles hacia un país de América Latina que ha sido históricamente socio comercial de Estados Unidos.

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China desafía a Estados Unidos al convertirse en el mayor exportador de autos de este país de América Latina

Ese país es México, donde en 2025 China exportó 625.187 vehículos, superando a todos los demás orígenes y marcando un hito sin precedentes en la relación automotriz regional. Es un número que rompe con los viejos mapas del comercio. No es solo una cifra de unidades, es la señal de una transformación geográfica y económica. Vehículos que antes podían verse con mayor frecuencia provenientes de Estados Unidos o incluso de Europa ahora llevan el sello de fábricas chinas.

China, con su industria automotriz en constante expansión, exportó un total de 8,32 millones de vehículos en 2025, un aumento interanual cercano al 30% que refleja no solo la fuerza productiva del gigante asiático, sino también su estrategia de diversificación global. México, con su cercanía geográfica, su integración logística y su red de tratados comerciales, se ha convertido en una puerta de entrada estratégica para esos autos chinos que buscan llegar tanto a consumidores locales como a mercados regionales más amplios.

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El lazo entre Estados Unidos y este país de América Latina

Estados Unidos y México comparten décadas de integración industrial bajo acuerdos como el TMEC, que han moldeado la manufactura avanzada y la industria automotriz en Norteamérica. Sin embargo, el ascenso chino en este sector sugiere que las cadenas de valor se están reconfigurando. Ya no es solo una cuestión de quién tiene el tratado más antiguo, sino quién ofrece productos competitivos y adaptados a las nuevas demandas del mercado, particularmente en la era de la electrificación automotriz.

Detrás de estos números están fábricas que trabajan a ritmo incansable, ingenieros que afinan baterías y sistemas eléctricos y consumidores que, en sus decisiones de compra, están definiendo un nuevo horizonte. Quizás lo más revelador no sea solo que China haya tomado la punta de ese flujo comercial en México, sino que lo haya hecho en un terreno donde hace solo unos años parecía impensable desplazar la influencia estadounidense.