Se trata de un trazado de unos 2.100 kilómetros proyectado para conectar directamente a China con Irán, atravesando Kirguistán, Tayikistán y el norte de Afganistán, para desembocar en los puertos iraníes de Chabahar y Bandar Abbas.
China acelera una ruta clave hacia Irán para reducir su dependencia del Estrecho de Ormuz
Esta infraestructura busca reducir los tiempos de transporte a casi la mitad, pasando de 30 a 15 días. Asimismo, China pretende reducir la influencia de Estados Unidos evitando rutas marítimas estratégicas y disminuyendo su dependencia de corredores bajo influencia de Washington.
Bajo el acuerdo multilateral firmado en Estambul, el financiamiento se realiza de forma cooperativa. Cada país participante aporta recursos financieros, técnicos y humanos para los tramos ubicados en su territorio. No obstante, China proporciona el principal respaldo financiero a través de fondos soberanos como el Fondo de la Ruta de la Seda y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB).
Ni por mar ni por Ormuz: la nueva ruta que acerca a China e Irán
Este nuevo eje ferroviario tiene implicaciones geopolíticas profundas. Al permitir la exportación de petróleo iraní a China y el tránsito de productos chinos hacia Europa, sin pasar por rutas marítimas vulnerables al control naval estadounidense, Irán refuerza su soberanía económica.
Tras acelerarse las gestiones debido a las tensiones navales en el Golfo de Omán, los estudios de viabilidad técnica de los tramos más complejos concluyeron en marzo de 2026. La finalización del último tramo de conexión directa entre Khaf (Irán) y Herat (Afganistán) está programada para finales de 2026, año en el que también se prevé el inicio de las obras de expansión a gran escala hacia el norte afgano, en dirección a Mazar-i-Sharif.






