Una tradición

Se celebra el día de San Pedro y San Pablo, aquel de las fogatas nocturnas

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Más allá de cuarentenas y aislamientos sociales, el tiempo ha ido alejando a las personas que forman las sociedades, haciéndolos cada vez más individualistas y olvidando hermosa costumbres que involucraban al colectivo. Varias décadas atrás, seguramente este lunes muchos chicos -y otros no tanto- estaríamos buscando en el cercano piedemonte o baldíos cercanos una ubérrima cosecha de yuyos secos, como el cardo ruso o rodadoras (estepicursores) para amontonarlos en algún espacio libre de obstáculos y hacer una gran montaña de materia inflamable. En la noche pondríamos un muñeco de trapo y dentro de una hermosa fiesta callejera le prenderíamos fuego. Este lunes es la fiesta de San Pedro y San Pablo.

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Mendoza siempre fue una provincia muy afín a las celebraciones callejeras, a salir a la vereda y socializar con los vecinos, y para los mendocinos, la celebración que recuerda cada 29 de junio a los mártires apóstoles Simón Pedro y Pablo de Tarso.

Esta celebración que fuera tan popular en toda Argentina, fue heredada de los españoles, y es, junto a la de San Juan (24 de junio) y la Navidad, la más importante del santoral cristiano, aunque tiene relación y parentesco con antiguas fiestas paganas europeas.

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La llegada del solsticio de verano se celebra en toda la geografía española con ritos y tradiciones ancestrales. Algunos piensan que la noche San Juan es la noche más corta del año (en el hemisferio norte) o la más larga (en el sur), aunque esto suele ocurrir el día 21 de junio, por lo que en un acto de perfecto "marketing", la antigua iglesia cristiana asoció esas celebraciones con las correspondientes al santoral.

Más allá del perfil religioso de la fecha, que recuerda a nada menos que a Pedro, la Piedra sobre la que se fundó la Iglesia en Roma, y al convertido Pablo (Saulo de Tarso), llamado el apóstol de los gentiles, la ocasión tomaba un cariz más social para los argentinos y sudamericanos.

El sentido de las fogatas y la quema de un muñeco era considerado como una quema de las pecados, un renacer del alma.

En los barrios de Mendoza se aprovechaba la reunión para cantar y hacer juegos, carreras y simplemente charlar con los vecinos. Algunos aprovechaban el rescoldo o las brasas para improvisar algún bocado, como papas al rescoldo o asar algún embutido.

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