Su nombre y su vida fueron la mejor representación de que hay cosas buenas en la vida. Que hay gente que puede darlo todo por los demás. Quien alzó esa bandera de amor al prójimo fue una monja, y el pabellón era blanco con bordes azules, tal como su hábito, el de las Misioneras de la Caridad, que hicieron de la caridad un verbo. El 26 de agosto de 1910 nació en Macedonia Agnes Gonxha Bojaxhiu, más conocida como la Madre Teresa de Calcuta, hoy Santa Teresa, tras ser canonizada en 2016.
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Fue considerada uno de los personajes más destacados del siglo XX y ganadora del premio Nobel de la Paz en 1979. Recibió formación religiosa en Irlanda, a sus 18 años, y luego se fue a Calcuta, en la India, para estar cerca de los que sufren de veras. Ahí se hizo monja y y fundó una congregación religiosa a la que llamó Misioneras de la Caridad, tras ser por 20 años docente, hasta sentir el llamado de Dios, para que derramara su amor sobre los afligidos. Se internó en los barrios más pobres para ayudar a los hambrientos, a los enfermos de lepra, a los niños abandonados, a los tuberculosos. Más de un moribundo tuvo un visión del cielo que lo esperaba al partir tomado de la mano de Teresa.
Las seguidoras de sus enseñanzas se expandieron desde 1965 a otros lugares del mundo donde el padecer hambre y miseria era la moneda común. Sus centros de acogida al sufriente hoy son más de 600, en cerca de 123 distintos países del mundo.
Tras su muerte, el 5 de septiembre de 1997, fue beatificada por el papa Juan Pablo II. La canonización fue aprobada por el papa Francisco en diciembre de 2015, después de que la Congregación para las Causas de los Santos reconociera como extraordinaria la curación de un brasileño enfermo en estado terminal. El acto oficial de canonización tuvo lugar en Roma en la mañana del domingo 4 de septiembre de 2016.




