Entrevista

Así piensa Gov.eth, el hacker más famoso de Argentina

Durante años alimentó un personaje seguido por 2.900.000 de personas. Mientras la Justicia lo vincula con algunos de los mayores ciberataques del país, él cuenta otra historia

Lo primero que llama la atención del hacker "anónimo" Gov.eth no es lo que niega: es la naturalidad con la que habla de sí mismo. Las preguntas sobre hackeos, allanamientos o expedientes judiciales a las que accedió a hablar en exclusiva con Diario UNO no parecen incomodarlo demasiado.

Contesta algunas, pero esquiva otras. A veces responde con una certeza absoluta; otras deja la sensación de que sus respuestas tienen una puerta de salida similar a una coartada.

Es considerado el "Messi de los hackers", aunque cuenta que su formación fue completamente autodidacta. Aprendió haciendo, mirando y equivocándose. Pero, sobre todo, aprendió porque supuestamente quería resolver un problema que al ser niño lo preocupaba. "Quería dejar de perder", da el puntapié a su infancia.

El hackeo al diario Perfil lo reconoce.

El hackeo al diario Perfil lo reconoce.

"Cuando era chico jugaba mucho a la computadora y conocí gente que me hacía la vida imposible. Me tiraban la conexión, me rompían los juegos y yo quería vengarme porque, en ese momento, me hacían bullying. Un día dije: 'Voy a aprender a tirarles la conexión a estos giles'. Y eso hice", afirma.

"Así fui aprendiendo de a poco. Sin darme cuenta me metí en un mundo del que me costó mucho salir. Recién hace un año pude dejarlo y hoy me siento más feliz que nunca", continúa.

"Voy a aprender a hacerles lo mismo", recuerda haber pensado.

Con el tiempo, esa curiosidad dejó de tener relación con los videojuegos y un conocimiento llevó a otro y ese, a otro más. Cuando quiso darse cuenta, ya estaba metido en un ambiente que describe con una mezcla de fascinación y distancia.

"Entré en un mundo oscuro", se confiesa por primera vez en la charla, aunque no intenta romantizarlo.

Hay un tema sobre el que no duda ni un segundo en su relato al hablar. La fama.

"Todo lo que hice fue por un poquito de fama", confiesa, con un ego insoportablemente sostenido. En busca de este joven se hizo, hace algunos días, un operativo especial en Europa.

Así publicitaba uno de sus

Así publicitaba uno de sus "hackeos" al diario Perfil.

Matheo Enzo Torres Palacios, alias Gov.eth, estuvo para la Justicia Federal detrás de algunos de los ataques informáticos más resonantes de los últimos años. La investigación, a cargo del juez federal Adrián González Charvay, sostiene que el acusado participó de los ataques contra el portal Mi Argentina, la aplicación SUBE y otros sitios oficiales y privados. Entre ellos aparecen los portales de Perfil y Ámbito Financiero, donde se publicaron mensajes firmados justamente con el alias Gov.eth.

La causa también lo ubica en el centro de una investigación más amplia sobre un grupo de presuntos ciberdelincuentes conocido como "Los Dictadores", acusado de acceder ilegalmente a bases de datos oficiales y comercializar esa información a través de Telegram. Aunque Torres Palacios no aparece en la resolución que confirmó los procesamientos de otros integrantes del grupo, investigadores que participaron de la pesquisa sostuvieron públicamente que habría tenido un rol desde Europa, hipótesis que él rechaza por completo.

Su detención en Madrid, ocurrida en abril a pedido de la Justicia argentina, es otro de los puntos sobre los que evita dar una respuesta definitiva. Durante la conversación nunca confirmó ni desmintió de manera categórica su situación procesal actual.

"Puede ser que me hayan detenido. Puede ser que no", respondió primero. Minutos después agregó: "Estoy libre".

La "leyenda" de Gov

Al escribir esta nota, lo siguen 2.900.000 personas sólo en Instagram. En sus redes sociales aparecen hoteles de lujo, vuelos por Europa, recitales en distintas capitales del mundo, ropa de marcas exclusivas y videos de saludos de Bizarrap, Duki o C.R.O, los artistas más conocidos del género urbano.

Y específicamente sobre esto último los medios hicieron alarde, pero él aclara que esos músicos no "necesariamente" lo respaldan. Los saludos cuenta que llegaron a través de personas del ambiente musical y no significan que exista una relación de amistad. También rechaza una asociación que aparece con frecuencia cada vez que alguien observa el nivel de vida que exhibe en internet.

"Tengo plata, pero no por los hackeos", comenta. No desarrolla demasiado esa respuesta, y es que él construye su fama también mostrando una vida de lujo. Tampoco parece interesado en convencer a nadie. Simplemente la deja ahí y sigue hablando.

Llegado este punto, vale aclarar un detalle. Esta entrevista no nació de una búsqueda periodística. Fue Gov.eth, mezclado con un mensaje de otra índole, quien motivó la nota.

Durante varios días hubo un intercambio de mensajes, audios y videos. En un universo donde cualquiera puede ocultarse detrás de un nombre de usuario, nunca existe una certeza absoluta sobre quién está del otro lado. Sin embargo, lo difícil de falsificar es su voz, reconocible al igual que su particular acento porteño.

En sus redes aparecen hoteles de lujo, viajes, recitales en distintas capitales del mundo, ropa de marcas exclusivas y videos de saludos de Bizarrap, Duki o C.R.O.

En sus redes aparecen hoteles de lujo, viajes, recitales en distintas capitales del mundo, ropa de marcas exclusivas y videos de saludos de Bizarrap, Duki o C.R.O.

"El Messi de los hackers", dicen los medios

Gov.eth habla con la tranquilidad de alguien que lleva años respondiendo las mismas preguntas, a haters, a investigadores, aunque nunca a un periodista. Esta es su primera entrevista.

Cuando aparece el apodo con el que lo bautizaron distintos medios -"el Messi de los hackers"-, lejos de apoderarse del título lo relativiza a nivel técnico pero no a nivel celebridad.

Dice que existen especialistas muchísimo mejores que él. Que desde el punto de vista técnico está lejos de ocupar ese lugar. Sin embargo, tampoco hace ningún esfuerzo por despegarse del personaje porque entiende que una cosa es el prestigio dentro de la comunidad hacker y otra muy distinta es la fama.

"Me hago cargo de que me llamen el 'Messi de los hackers'. Tengo bastante ego, no te voy a mentir", dice.

"Estoy orgulloso de ese apodo. Me da un gran aval y me gusta que la gente me vea así. Me gusta que me quieran, aunque sé que todo esto, en el fondo, es bastante jodido".

"Sí, creo que soy el hacker argentino más famoso. Lo dije muchas veces".

El supuesto defacement a una página oficial del Gobierno.

El supuesto defacement a una página oficial del Gobierno.

Pero la conversación todavía no lleva cinco minutos cuando aparece una palabra que lleva años persiguiéndolo: Renaper.

No hace falta terminar la pregunta y me interrumpe apenas intento mencionarlo.

"Yo no hackeé el Renaper".

Según sostiene, gran parte de las historias que se publicaron sobre él terminaron mezclando hechos completamente distintos. El ataque que reconoce haber realizado afectó un portal estatal que compartía infraestructura con otros servicios y, con el tiempo, esa conexión derivó en una serie de acusaciones que asegura no le corresponden.

Entonces, utiliza un término que repite varias veces durante la entrevista: defacement. Asegurar que es un defacement lo que hizo y no un hackeo cambia mucho su posición frente a la Justicia. Porque su versión es que no explotó, ni destruyó ni alteró un sistema informático del gobierno nacional, sino que simplemente consiguió una clave que ya estaba circulando en ciertos grupos de hackers, ingresó y cambió algunos datos.

"Es jodido acceder a bases de datos, obviamente depende del sistema. Yo nunca intenté hacer eso. Siempre hice defacements y poco más. Lo aclaro porque mucha gente no sabe de qué se trata. Yo usaba IntelX, que es un buscador donde aparecen credenciales que ya fueron filtradas. Cuando entraba a un panel de administración, no vulneraba ningún sistema ni explotaba ninguna falla. Encontraba una contraseña que ya estaba filtrada y entraba con esas credenciales. Era muy estúpido. Por eso tampoco siento que sea hacker, ni mucho menos", explica.

"Pusimos nuestros nombres. Hasta ahí llegó el daño. Niego totalmente haber vendido bases de datos o haber robado plata de empresas", dice, por primera vez, públicamente en un diario, sobre sus acusaciones.

No espera que esa respuesta cierre el debate y más bien parece acostumbrado a convivir con la sospecha. Y quizá esa sea otra de las contradicciones que mejor lo describen. Mientras intenta reducir el alcance de las acusaciones que pesan sobre su nombre, nunca renuncia del todo al personaje que esas mismas historias ayudaron a construir.

Cada vez que el tema gira alrededor de expedientes judiciales, responde con cautela.

Pero cuando la charla se corre unos centímetros y empieza a hablar de sí mismo, el tono cambia por completo. Porque no tiene problemas en reconocer que le gusta la exposición. Porque dice que sigue leyendo lo que se publica sobre él. Que todavía entra a Twitter -o X- para ver cómo reaccionan después de cada noticia y hecho que le atribuyen.

Durante años, reconoce, buena parte de lo que hizo tuvo un motor bastante menos sofisticado de lo que muchos imaginan.

Que no era por plata, sino por fama.

Aunque después encuentra una definición que parece gustarle más: "Por un momento de gloria".

Por eso tampoco intenta despegarse del apodo que empezó a circular en distintos medios.

El nombre gov.eth circula por todos los medios del país.

El nombre gov.eth circula por todos los medios del país.

Reconoce que existen especialistas mucho más preparados. Dice que hay personas capaces de hacer cosas que él ni siquiera sabría por dónde empezar. Desde ese lugar, el sobrenombre le parece exagerado.

Pero también entiende y juega con lo que produce, porque un título así instala un personaje ideal para alguien con mucho ego. Cuando menciona un sitio especializado que contabiliza los ataques atribuidos a Gov.eth se emociona. "Según Benarix, que es una página web del hacking, dicen que hice 46 hackeos en 6 meses, que es una barbaridad. Hasta quizás fueron más, ¿quién sabe?", explica y se burla.

Gov.eth publica fotos desde Londres, París, Ámsterdam o Madrid con la misma naturalidad con la que yo muestro un fin de semana en Potrerillos. Hay videos en festivales de música, hoteles de lujo y recitales de artistas internacionales. Esa estética terminó alimentando otra pregunta que se repite cada vez que su nombre vuelve a aparecer en una noticia.

-¿Si la plata no viene del hackeo, de dónde la sacás?

-Tengo plata. Pero no por los hackeos.

De hecho, cuando la conversación deriva hacia ese mercado clandestino, su reacción es bastante menos romántica de lo que suele mostrar el cine.

Para él vender información robada, como lo acusan de hacer, es un negocio absurdo: "Capaz ganás U$S1.000. Es una plata que no vale la pena", se defiende, aunque una base de datos robusta es mucho más cara que lo que él afirma.

Y lo dice casi con desprecio, quizás buscando polemizar con otros del mundillo, porque afirma que arriesgar la libertad por una suma así le parece una mala decisión.

No profundiza demasiado. Tampoco acepta describir cómo funciona ese mercado ni contar historias sobre otros grupos. Prefiere mantenerse al margen. Repite que hace un año dejó ese mundo y que ya no quiere involucrarse con nada relacionado con el cibercrimen.

También hay un esfuerzo permanente por separar su nombre de otros expedientes.

Las investigaciones sobre distintos grupos de hackers lo mencionaron en varias oportunidades y algunos medios llegaron a describirlo como el líder de una organización.

-Nada que ver- insiste él.

Reconoce que conoce a muchas personas de ese ambiente. Sería extraño que no ocurriera porque la comunidad hacker argentina es relativamente pequeña y quienes pasan años dentro de ese universo terminan cruzándose tarde o temprano.

La misma distancia intenta marcar cuando aparecen las amenazas a periodistas que circularon tiempo atrás junto con imágenes atribuidas a Gov.eth. No recuerda haber participado de esos episodios y sostiene que durante años muchas personas utilizaron su identidad para adjudicarse acciones que nunca realizó.

"Hoy cualquiera puede hacer una foto con inteligencia artificial o escribirte desde Telegram diciendo que es Gov", dice y deja un dato clave que lo emociona: nunca se podrá saber cuándo actuó él y cuándo no. Aunque los investigadores intentan descifrarlo.

Lo plantea como una posibilidad que, según él, forma parte del problema de haber convertido un alias en una figura pública.

¿Quién es Gov.eth?

Hay una pregunta que queda dando vueltas durante toda la conversación.

¿Quién es realmente Gov.eth?

No alcanza con mirar sus redes sociales y él mismo invita a desconfiar de esa versión.

"Vos ves mi Instagram", hace una pausa para entrar en un juego: "¿Pero esa es realmente mi vida o es solamente lo que yo quiero mostrar?".

La frase aparece casi al pasar, pero funciona como una advertencia para todo lo que vino antes.

Gov.eth niega ser un hacker.

Gov.eth niega ser un hacker.

Sobre su vinculación con "Los Dictadores", una banda de ciberdelincuentes que cayó, responde que: "No tengo ninguna vinculación, bah, para mí no tengo ningún tipo de vinculación. Se me acusa también de ser como el jefe, el jefe de una mafia, de un grupo de ciberdelincuentes y nada que ver, soy una persona normal y corriente que, obvio, me mandé mis cagadas hace mucho; pero hace un año estoy limpio".

"Obviamente esas personas son conocidas en la comunidad, porque somos una comunidad y nos conocemos, pero creo que yo con esa gente no tengo nada que ver ¡Créanlo!, te digo que no tengo nada que ver", repite, aunque le encanta insistir sobre este tema.

Le pregunto qué significa exactamente estar limpio pero la respuesta no llega. O, mejor dicho, llega de otra manera. Habla de la familia. De la tranquilidad. De la libertad. De la música. De las ganas de dedicar el tiempo a otra cosa. Nunca define de qué está limpio. Tampoco enumera qué dejó atrás.

"En su tiempo me hacía gracia leer lo que comentaban de mí en Twitter. Hoy me sigo cagando de risa con muchas de las cosas que dicen. Estoy atento a las redes y siempre lo voy a estar. Todo eso también era una forma de publicitar mis hackeos, entre comillas. Lo que yo hacía eran defacement. Sí, técnicamente es un hackeo, pero es una boludez. Cualquiera que realmente sepa del tema te va a decir que este tipo no sabe nada. Yo no me considero hacker ni ciberdelincuente. Un hacker es otra cosa", se desliga.

Y acota: "Me considero una persona normal, con algunos conocimientos de computación. Estoy frente a una computadora desde que tenía 5 o 6 años".

Incluso cuando intenta explicar por qué tantas personas lo vinculan con hechos que él niega, Gov parece haber descubierto hace tiempo que Internet funciona con una lógica particular: una vez que un personaje empieza a crecer, deja de pertenecer por completo a quien lo creó.

Por momentos, mientras habla, da la impresión de convivir con dos versiones de sí mismo. Está el joven que insiste en que muchas de las acusaciones que circulan sobre él son falsas, que rechaza haber participado de determinados ataques y que asegura haber abandonado ese mundo hace un año.

Y está Gov.eth.

Los saludos de artistas musicales reconocidos a Gov.eth.

Los saludos de artistas musicales reconocidos a Gov.eth.

El nombre que aparece en titulares, publicaciones, videos y conversaciones cada vez que un caso de ciberseguridad sacude a la Argentina.

No siempre parece claro cuál de los dos responde las preguntas.

Antes de despedirse, la charla vuelve por última vez sobre el presente. Le pregunto cómo imagina los próximos años y habla de música.

Habla de música.

Puede ser una manera de cerrar una etapa. Puede ser otra forma de reinventarse. O puede ser, simplemente, el próximo capítulo de alguien que entendió muy temprano que, en Internet, las identidades nunca son del todo definitivas.

Hay una última frase que queda resonando después de cortar la llamada.

"Todos creen que lo peor que te puede pasar es que te busque la Federal".

Hace una pausa breve.

"Hay cosas peores".

Le pregunto cuáles.

"Que te busque tu peor hater".

Tal vez por eso resulte tan difícil responder quién es Gov.eth.

En el mundo del cibercrimen todo ocurre detrás de computadoras. Aunque no siempre sofisticadas como muestran las películas.

En el mundo del cibercrimen todo ocurre detrás de computadoras. Aunque no siempre sofisticadas como muestran las películas.

No porque falten datos.

Sino porque buena parte de su historia consiste, precisamente, en administrar esa incertidumbre.