Una pareja que realizaba tareas domésticas en su patio trasero en la localidad de Milford-on-Sea, al sur de Inglaterra, dio con un hallazgo de gran valor histórico. Mientras intentaban fijar un poste en el terreno, los propietarios extrajeron del lodo un total de setenta monedas de oro que datan de la época Tudor. Las piezas presentaban un estado de conservación notable a pesar de haber permanecido bajo la superficie durante varios siglos.
El incidente derivó en una investigación por parte de especialistas del Museo Ashmolean de Oxford. El experto John Naylor analizó los grabados y las inscripciones en latín que decoraban los discos de metal. Este descubrimiento permitió identificar rostros de monarcas que gobernaron entre los años 1420 y la década de 1530. La presencia de piezas acuñadas bajo los reinados de Enrique VI y Enrique VIII facilitó la tarea de datación del conjunto.
El valor de la arqueología en el ámbito privado
Los análisis técnicos determinaron que el conjunto de monedas incluía denominaciones conocidas como ángeles y coronas. Un detalle relevante para la arqueología fue la aparición de iniciales pertenecientes a las esposas de Enrique VIII, como Catalina de Aragón y Juana Seymour. Estos marcos temporales sugieren que el tesoro fue ocultado cerca del año 1530, una época de gran inestabilidad política y religiosa en el territorio británico.
El contexto histórico de la época coincide con la Disolución de los Monasterios impulsada por la corona. Durante ese periodo, las instituciones religiosas y los propietarios particulares enfrentaron la confiscación de bienes por parte de los agentes reales. El enterramiento de estas piezas de oro representaba una estrategia común para proteger el patrimonio personal o eclesiástico ante la presión del Estado, con la esperanza de recuperarlo en un futuro más estable.
Procedimientos legales y destino del hallazgo en Inglaterra
En Inglaterra, el tratamiento de estos hallazgos se rige por la Ley del Tesoro y el Esquema de Antigüedades Portátiles. Este sistema permite registrar formalmente los objetos y evaluar su importancia para el patrimonio nacional. Tras el descubrimiento, las autoridades pertinentes realizaron una valoración y el caso pasó por un proceso de revisión forense para determinar su propiedad y posible adquisición por parte de instituciones públicas.
Finalmente, el conjunto de monedas fue subastado en Zúrich a finales del año 2025, alcanzando una cifra superior a las 380.000 libras esterlinas. Aunque las piezas pasaron a manos de coleccionistas privados, el registro detallado de su ubicación y características aportó información valiosa para los estudiosos de la arqueología medieval. La composición del tesoro indica que el ahorro se produjo de forma constante a lo largo de varias décadas antes de su ocultamiento definitivo bajo el suelo del jardín.






