Trilogía del dólar: los datos curiosos que no sabías y te dejarán desconcertado

Protagonizada por Clint Eastwood, El bueno, el malo y el feo (Prime Video) tuvo un error insólito que costó miles de dólares y la furia de su director, Sergio Leone

Que un director italiano como Sergio Leone se interesara en el western fue el inicio de una nueva forma de abordar este género que se conocería como “western spaghetti”, para destacar el carácter extranjero de su creador. Y de su mano, la famosa “Trilogía del dólar” se hizo parte de historia del cine.

Su culminación, El bueno, el malo y el feo, disponible en Prime Video, suma miles de fanáticos cada año, en todo el mundo.

Trilogía del dólar

El proyecto se inició con Por un puñado de dólares (1964), que era un descarado plagio de Yojimbo, a tal punto que le valió una denuncia por parte de su director, Akira Kurosawa, que Leone exhibía muy orgulloso en su oficina.

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Siguió con el filme Por unos dólares más (1965) y a pesar de que ambos filmes fueron muy exitosos en Europa, no conseguían que se exhibieran en Estados Unidos, el público al que estaban destinados por naturaleza.

Fue entonces que Sergio Leone invitó a un grupo de ejecutivos de United Artist a Italia, para mostrarles los largometrajes y discutir la posible comercialización de ambos en Estados Unidos. En medio de esa negociación, le consultaron si tenía un tercer proyecto en mente, que pudiera completar una trilogía temática, y le ofrecieron un trato de 900.000 dólares por los derechos en Estados Unidos. Se trataba de una oferta imposible de rechazar, un negocio que ya tenía asegurado casi un millón de dólares incluso antes de comenzar. Por eso el cierre de esa trilogía, El bueno, el malo y el feo (1966) tenía que ser perfecto.

Los personajes

Ambientada durante la Guerra Civil norteamericana, el bueno y el feo (Clint Eastwood y Eli Wallach) se cruzan con una diligencia del Ejército del Sur en la cual un soldado moribundo les da a conocer la localización de un tesoro en monedas de oro a cambio de agua, pero resulta que muere sin que ninguno de los dos tenga la información completa: al feo le dijo el nombre del cementerio, “Sad Hill” y al bueno le dijo el de la tumba donde estaba enterrado el tesoro, con lo cual ambos se necesitan, a pesar de no tenerse nada de confianza. El tercero en discordia, el malo (Lee Van Cleef) es un mercenario despiadado, obsesionado por llegar a cualquier precio al tesoro.

Rico y famoso

Clint Eastwood era prácticamente un desconocido cuando se embarcó en esta trilogía y para el tercer filme estaba bastante molesto. "En la primera película fui el único protagonista. En la segunda lo compartí con otro actor. En esta tercera ya somos tres. ¿Qué haré en la próxima? ¿De séptimo de caballería?", le dijo al director en referencia a haber sumado a Eli Wallach y Lee Van Cleef en la película final.

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El enojo se le pasó cuando el salario se hizo muy tentador. Por el papel principal en Un puñado de dólares cobró 15.000 dólares. El impactante éxito de la película en Italia llevó a un presupuesto mucho mayor para la segunda entrega, lo que le permitió a Eastwood cobrar 50.000 dólares para hacer Por unos dólares más, con lo cual el actor esperaba no sólo una cifra muy alta, sino su reconocimiento como único protagonista, algo que el director Sergio Leone no pensaba resignar, porque hubiera sido alterar el guion completo de su película.

Se llegó a pensar incluso en un remplazo para ese rol, pero finalmente su enojo se disipó cuando le ofrecieron 250.000 dólares (nada mal para un actor que incluso en Estados Unidos era casi un desconocido) y una Ferrari 275 GTB. Además, el acuerdo le prometía al actor una parte de las ganancias de taquilla de la película en Occidente, que se estima fue alrededor del 10%. Clint Eastwood sabe tanto de actuación como de hacer buenos negocios.

Malo no tan malo

Lee Van Cleef fue mucho más moderado en sus exigencias, aunque en una oportunidad se negó a acatar un pedido del director. En una escena en la que su personaje debía golpear a una prostituta, el actor le dijo a Sergio Leone que no iba a hacer eso: “No voy a pegarle a una mujer, simplemente no puedo. Hay muy pocos principios que rigen mi vida. Uno de ellos es no maltratar a los perros, y el otro es no pegarle a ninguna mujer”.

El único requisito de Lee Van Cleef también se refería a una cifra: seis cajas de cerveza durante el rodaje. Cuando terminaba de rodar, bajaba a Almería (porque a pesar de estar ambientada en Estados Unidos, se filmó en España) y seguía de fiesta, combinando whisky, brandy y todo lo que encontrase en su camino. Alcoholizado era imposible de tratar, mucho menos de ser dirigido, con lo cual el director tomó una medida desesperada: llevó a la esposa de Lee Van Cleef al rodaje. Fue santo remedio.

Una banda sonora inolvidable

Ennio Morricone hizo la banda sonora de las tres películas, pero la de El bueno, el feo y el malo es especial.

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El tema principal se asemeja al aullido de un coyote. Es una sencilla melodía de dos notas que se toca con un instrumento diferente para cada personaje: flauta para el bueno, voces para el feo y ocarina para el malo. Es una de las bandas sonoras más famosas de la historia del cine y entre sus temas destaca El éxtasis del oro, utilizada por Metallica, New Order y Ramones en sus conciertos.

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El cementerio de Sad Hill

El cementerio Sad Hill que se nombra en la película está construido en el Valle de Mirandilla, entre las localidades de Contreras y Santo Domingo de Silos, en el municipio de Burgos, España. Ese cementerio en la ficción, con su círculo de piedras blancas en el cual se desarrolló el mítico “trielo”, el enfrentamiento final de los tres protagonistas, fue desenterrado y reconstruido cuando se cumplieron los 50 años del estreno de la película.

Fanáticos de todo el mundo, fundamentalmente de Europa, compraron simbólicas tumbas con cruces con sus nombres para dar vida nuevamente al aspecto que el lugar tenía en el filme, tal cual lo mostró el realizador Guillermo de Oliveira en el documental Desenterrando Sad Hill (2017).

Un error carísimo

La batalla entre los norteños y los sureños por el puente Langstone se grabó en el río Arlanza, cerca de la localidad de Covarrubias. El este caso el pequeño río Arlanza se usó para representar el Río Grande del filme.

En el rodaje de la escena de la batalla del puente de Langstone trabajaron cerca de 1.500 soldados españoles, que durante la dictadura de Francisco Franco también actuaron como extras. Ellos ayudaron a construir el puente y el cementerio para la escena final.

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También el ejército tuvo a su cargo la colocación de los explosivos para la impactante escena de la detonación del puente y ya que los militares habían estado tan involucrados en esta tarea, el teniente a cargo le pidió a Sergio Leone si podía concederle el honor de dar él mismo la orden para estallar el puente. Después de todo, eran sus soldados los que levantaron la estructura y colocaron los explosivos.

Leone no puso ninguna objeción al pedido y le explicó al militar la manera en que debía ejecutar la orden. “Lo único que tiene que hacer es tomar un pañuelo, agitarlo y esa será la indicación de que deben detonar”.

El teniente, para ver si había entendido perfectamente y con el afán de ser lo más exacto posible le dijo: “Quiere decir que solo debo agitar mi pañuelo de esta manera y el puente…”. Y sí, el puente explotó, tal como lo marcó su orden, pero sin que el director dijera “acción” y sin las cámaras rodando.

Clint Eastwood cuenta en ese mismo documental que supo que las cámaras no estaban rodando cuando vio subir una colina a un enrojecido Sergio Leone, insultando en su idioma materno.

El rodaje tuvo que trasladarse a otra locación hasta que el ejército volviera a construirlo y poder detonarlo, esta vez sí con las cámaras andando.

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