El asentamiento de Cuadro Nacional es un lugar duro para vivir. La inexistencia de servicios básicos, el frío, las tormentas y la falta de empleo conspiran contra la calidad de vida de 200 familias que se asentaron en esta zona de Cuadro Nacional donde en el pasado había galpones del ferrocarril.
Calles irregulares de tierra, casas con techos de chapa revestidos con nylon y ladrillos comprados con mucho esfuerzo son la postal de un lugar incómodo para muchos y no tanto para unos pocos.
Es que muchos ya se "acostumbraron" a esta forma de vida pero no pierden las esperanzas para obtener una de las casas que se levantan en el barrio "El Álamo", que nació con el objetivo de erradicar el asentamiento.
Franco Navarro, un joven albañil que vive en una casa que construyó su padre hace 10 años, es uno de los tantos vecinos que hacen changas para sobrevivir. "Por suerte ahora trabajo en la construcción del nuevo barrio pero la vida acá es muy dura, sobre todo en invierno. Nos calefaccionamos con leña".
Para Franco, "este no es un lugar adecuado para los niños. Yo hace 6 años vine al barrio y ahora estoy con mamá que llegó hace 10 años con mi papá, que compró un terreno en el asentamiento y construyó la casa".
Esperanzado en poder salir de esta situación tan difícil, Franco señaló que "el barrio se tranquilizó, ya no hay tantos problemas" y agregó que "los vecinos son buena gente, lástima que muchos no tienen un trabajo estable".
Caminando por las callecitas del asentamiento encontramos a Cinthia Araya, una joven mamá de 22 años que tiene dos hijos y vive con su madre y hermanos. "Hace un año nos mudamos porque no podíamos pagar el alquiler. Vivimos 7 personas en un ambiente, hago changas, cobro la asignación y mi mamá la pensión, pero ese dinero no alcanza para vivir en un sitio mejor".
Sus hijos, al igual que ella, padecen asma y el invierno es su peor enemigo. Apenas una salamandra cargada con leña sirve para darle calor al humilde hogar. "No nos falta comida porque lo poco que ganamos lo gastamos para alimentarnos", dijo Cinthia.
Una de sus hijas, Sheila, cursa el segundo grado en la escuela. Para ella el barrio "es lindo porque podemos jugar con nuestros amiguitos". La pequeña ya se acostumbró a esta vida y su único sueño es jugar y divertirse.
En este contexto duro no a todos les va mal. Para Rosa Ubilla (56), vivir en el asentamiento no es una desgracia aunque reconoció que "me gustaría que me instalen el agua y la luz para pagarla".
Esta mujer y su esposo se dedican a descarozar ciruelas. "Esa es nuestra fuente de ingresos. Yo estoy contenta, me gusta vivir acá, es tranquilo y no tenemos problemas con los vecinos".
El contraste lo dio Cinthia Gutiérrez (65), mamá de Franco, que se quiere mudar lo más rápido posible. La mujer, que perdió a su esposo hace dos años, fue contundente y dijo que "vivir acá es feo, no hay condiciones de higiene" y "cada vez que hay una tormenta se rompen los techos y las casas se llenan de agua".
Cinthia está esperanzada con la construcción del nuevo barrio. "A algunos ya les dieron su casa, espero que pronto nos podamos mudar".
El barrio está más seguro, muchos de los delincuentes que frecuentaban la zona están presos pero las condiciones de vida siguen siendo muy frágiles.
"Por suerte, las ambulancias volvieron a entrar al asentamiento", recordó Cinthia en su despedida mientras conversaba de bueyes perdidos con su vecina.
Luz y agua
Son los únicos servicios a los que pueden acceder los vecinos. Se cuelgan del alumbrado público o fabrican conexiones clandestinas para obtener agua potable. En la zona no hay cloacas y todas las casas tienen un pozo donde se acumulan los desechos.
Educación
La mayoría de los niños asisten por la tarde a las tres escuelas que hay en las inmediaciones del barrio. Por la mañana se los ve jugando en las calles junto a sus amiguitos.



