Cuando la vida trae consigo cargas que agobian y hasta parece que logran quebrar la voluntad, la esperanza es la única arma válida para levantarse y continuar un día más.
Esa esperanza es lo que mantiene a Sonia Laurencio (31) con la voluntad inquebrantable y ahora que la justicia le abrió la puerta a un posible trasplante de riñón, pero proveniente de un amigo, los sueños de abandonar la máquina de diálisis para siempre y disfrutar de una vida totalmente normal están cada vez más cerca.
"Acarreo este problema desde que nací, tengo una malformación genética que la detectaron a los 2 años", comenzó explicando Sonia.
Los problemas renales se fueron agravando lentamente con el paso de los años y el cuadro se complicó aún más después de dar a luz a su hija, que hoy tiene 12 años, hasta que llegó el momento de someterse a diálisis.
"Cuando tuve a mi nena se agravó el cuadro porque la función renal va deteriorándose con el tiempo y entré a diálisis hace 7 años", comentó a Canal 6.
Tres veces a la semana, cuatro horas cada día, Sonia se somete a diálisis y "uno trata de aprender a vivir con esto, pero por momentos es muy difícil depender de una máquina para vivir", agregó.
El ingreso de Ariel Villafañe (36) en su vida fue como un milagro. Él es hermano de una de las mejores amigas de Sonia y cuando conoció su historia "lo pensé, pero no lo dudé", dijo, y desde ese momento se ofreció como donante.
Más allá de la decisión, llegar al momento de la ablación no sería algo sencillo. La legislación argentina sólo permite la ablación de órganos o materiales anatómicos en vida con fines de trasplante en caso de que el receptor sea pariente consanguíneo o por adopción hasta el cuarto grado, o su cónyuge.
Por eso encararon la vía judicial y la Justicia de Mendoza emitió un fallo a su favor autorizando que se sometan a los estudios de histocompatibilidad para determinar si son compatibles.
"La primera parte la pasamos, que era la aprobación del juez y ahora tenemos que presentarnos en el Incucai para seguir todo el trámite", sostuvo Sonia.
A Ariel no le asusta tener que vivir con un solo riñón y el ejemplo lo tiene en casa. "Mi mamá hace 20 años que vive así, lo más bien, de manera normal", por eso en lo único que piensa, su gran anhelo, el sueño que lo desvela cada día, "es llegar a ese momento en que se realice la operación, ella es una persona muy especial, muy buena de alma y me encantaría que deje de ir al hospital a hacer diálisis, un sufrimiento que ha llevado toda la vida", afirmó.
La Justicia les abrió la puerta pero todavía resta que se apruebe de manera efectiva el trasplante. Un gran paso que aleja a Sonia de la máquina de diálisis y la esperanza de una nueva vida con mejor calidad es cada vez más posible.
Situación crítica
Jubilada. Sonia vive en San Rafael, atiende un cotillón con su mamá y hace tortas de cumpleaños. Trabajaba en un supermercado pero la ANSES la jubiló por discapacidad.
En lista. En 2001 ingresó en la lista de espera del Incucai para un trasplante de riñón y sigue esperando. La condición se fue agravando y en 2011 empezó con la diálisis.
