La Municipalidad local inició el operativo anual de recolección de hojas en la ciudad, tarea que demanda un gran movimiento de personal y máquinas para mantener la característica principal de las ciudades mendocinas: la limpieza de la vía pública.
Es que con la llegada del otoño los árboles comienzan a desnudar sus copas y, como dice la famosa tonada, hay que “comprenderle el adiós a las hojas y acostarse en su sueño amarillo”.
Ese sueño amarillo cubre veredas, acequias y calles del departamento, lo que lleva a que cada año en San Rafael se levanten en promedio 21.600.000 kilos de hojas, según datos de la Secretaría de Obras y Servicios Públicos del municipio. Por día significa levantar un promedio de 180.000 kilos a través de 45 recorridos por la zona urbana.
Esto se da porque San Rafael cuenta con una importante arboleda. Según el último relevamiento de la Dirección Municipal de Espacios Verdes, sólo en la ciudad existen 105.000 árboles.
Esa semejante cantidad de hojas obliga a la comuna a reforzar los operativos habituales de limpieza, trabajo que se extenderá hasta agosto, período en el que se realiza más de 5.400 viajes para trasladar las hojas.
Desde el organismo explicaron que para organizar la recolección se divide la ciudad en zonas y en cada una de ellas trabajan las máquinas cargadoras y los camiones municipales, que luego acopian las hojas en puntos determinados previamente.
Desde allí se traspasan a camiones bateas que el municipio alquila cada otoño para trasladarlas al vertedero de basura de La Tombina. La mayor capacidad de carga de estos vehículos permite realizar menos viajes al basural, que está distante a unos 18 kilómetros de la ciudad, y ahorrar combustible.
Para agilizar este trabajo, desde la Municipalidad reiteraron el pedido de colaboración de cada año para que “los vecinos de todos los barrios de San Rafael colaboren juntando y embolsando las hojas que caen permanentemente de los árboles”. Además, recordaron que “no está permitido prenderlas fuego o arrojarlas a las acequias”, una mala costumbre que lamentablemente cada vez es más común y que es pasible de multas.
