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Lorenzo fue un reconocido personaje de la ciudad que se supo ganar el cariño de todos. En esta nota, la historia menos conocida de él que alguna vez publicamos.

Murió el querido Lorenzo Ruiz

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 A los 59 años falleció Lorenzo Ruiz, ese reconocido personaje sanrafaelino que supo dejar huellas de tanto andar en bicicleta y estar en cada acontecimiento público trascendente. Su simpatía incluso hizo que fuera protagonista de algunas publicidades locales. 

Fue en la Clínica Ciudad donde estaba internado. Desde hace tiempo Lorenzo tenía algunos problemas de salud que incluso una vez lo llevaron a encadenarse en la plaza San Martín para protestar para lograr ser internado. Sus restos ya están siendo velados en Casa Codó.

La historia que pocos sabían de él

UNO de San Rafael le realizó una nota en algún momento y logró que Lorenzo contara detalles de su vida que pocos conocían. Esta es la reproducción de aquella nota:

El ancho bigote poblado por algunas canas y los lentes grandes con marco de carey, realzan su imagen pintoresca y alegre. Lorenzo Fermín Ruiz se convirtió con el tiempo en parte del paisaje sanrafaelino ganándose el cariño de muchos. No es que no haya tenido problemas a lo largo de sus 58 años, sino que con mucho esfuerzo y pensando en quienes lo quieren – especialmente en la historia de amor con su padre- supo salir de ellos.

A diario recorre las calles y avenidas en su triciclo celeste y blanco, levantando la mano para saludar a cientos de conocidos que le gritan al pasar y repartiendo revistas. Sólo un puñado de esas personas saben su historia, por ejemplo que nació en un horno de ladrillo en la Villa 25 de Mayo.

En honor a él y a la población, un día se le ocurrió donar banderas “entregué siente a distintas escuelas y entidades”.

Junto a su padre, Lorenzo recorrió casi todo el departamento ayudándolo en su trabajo en la vid, hasta que a los 18 llegó a la Ciudad y comenzó a vender “golosinas y diarios, además lustraba zapatos. Estuve 20 años haciendo lo mismo, por eso y por el respeto es que la gente me conoce. También viví mucho tiempo en Mendoza, pero me volví porque tuve un juicio con un hombre que me hacía trabajar forzado y casi no me daba de comer”, se lamentó Lorenzo que por mucho tiempo durmió en las calles, tapado sólo por un cartón, “un día casi muero porque me metí debajo de un puente y empezó a nevar. Me salvó la vida un comerciante de la calle Las Heras que vio las piernas que me habían quedado afuera, sino es por él hoy no estaría”.

También tuvo épocas oscuras en los vicios “me hicieron meter la pata. Un día me llamó un Juez y me habló. Eso, junto con las amistades que tengo y que estaba perdiendo, además del cariño de la gente, hizo que entrara en razón. Ahí me alejé del alcohol y el casino, hice una carta de autoexclusión para que no me dejaran entrar más. Empecé a mejorarme y todo lo que tengo es gracias a eso. Es que ya estaba perdiendo hasta la ayuda que muchos me daban – dijo en tono reflexivo y serio, mientras apoyó los codos en la mesa del bar- Yo vivo de eso y de la pensión del Gobierno. No tenía sentido quedarme solo y sin nada por andar mal en la vida”.

Entre muchas anécdotas, recordó el día en que se fue a “Villa Atuel en el triciclo. Tardé cinco horas. Fui al partido que jugaba ese distrito contra Monte Comán. Salió por las radios y no lo podían creer”.

Finalmente Lorenzo agradeció a toda la población, especialmente a los que lo ayudan y a los que le dieron “una mano cuando me enfermé. En Malargüe me atendieron como a un rey. La semana que viene tengo que volver para seguir con el tratamiento. Siempre hay que reconocer lo bueno”.

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Lorenzo posó en la plaza del inmigrante con su triciclo.
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