La semana pasada hemos asistido primero a una tragedia difícil de cuantificar para muchas personas y seres queridos por el caso Genaro Fortunato y luego fuimos testigos de un festival de opiniones y versiones sin fin que sólo añaden leña al fuego.
No es nuevo, somos parte de una sociedad así cuya característica se ha visto favorecida y potenciada por herramientas como las redes sociales. Inmediatamente sucedido este trágico caso y solamente con una primera versión se agolparon de a miles los opinadores con su sentencia lista para ser emitida.
Calificativos de todo tipo y una danza de versiones que comenzaron a meterse en supuestas cuestiones personales. Comentaristas y algunos medios entraron en este triste juego de rumores personales.
Pasó mucho con medios porteños que no pararon de hacer hincapié en las cuestiones más personales de algunos de los protagonistas. Feo de ver.
La cuestión principal acá es si hubo o no intencionalidad de parte de Julieta Silva en atropellar Genaro Fortunato. No es una cuestión sencilla de probar, por más que un testigo diga que Julieta volvió tras hacer 150 metros, ya que Julieta dice lo mismo, volvió para regresarle algo.
¿Cómo probar la intención? Será tarea de la justicia determinar esta cuestión trascendental para dirimir si fue un homicidio intencional o culposo, como se tipifica a todos los accidentes de tránsito.
Si bien de entrada el ministerio público eligió la acusación más grave "homicidio doblemente calificado por alevosía y por el vínculo", esto es recién el comienzo de la instrucción y en un futuro juicio puede no ser sencillo sostener esa calificación, con pruebas, como demanda un juicio ya que la instrucción es en base a indicios.
Hay que dejar que prosiga el proceso penal y no ser tan apresurados para opinar de cuestiones tan sensibles.



