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 "El Lorenzo" es tal vez el personaje más conocido de nuestras calles, pero muy pocos saben la historia de su vida. Una crónica para conocerlo mejor.

La historia de vida que pocos conocen de Lorenzo Ruiz

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El ancho bigote poblado por algunas canas y los lentes grandes con marco de carey, realzan su imagen pintoresca y alegre. Lorenzo Fermín Ruiz se convirtió con el tiempo en parte del paisaje sanrafaelino ganándose el cariño de muchos. No es que no haya tenido problemas a lo largo de sus 58 años, sino que con mucho esfuerzo y pensando en quienes lo quieren – especialmente en la historia de amor con su padre- supo salir de ellos.

A diario recorre las calles y avenidas en su triciclo celeste y blanco, levantando la mano para saludar a cientos de conocidos que le gritan al pasar y repartiendo revistas. Sólo un puñado de esas personas saben su historia, por ejemplo que nació en un horno de ladrillo en la Villa 25 de Mayo “a los seis meses mi madre me abandonó y mi papá me crió solo, me dio todo lo que necesitaba y una buena educación porque era un hombre muy instruido y recto. Lo perdí cuando cumplí los 30 años. Me corregía sin mirar los libros…era muy sabio. Yo le escribía cartas siempre, no importaba por donde anduviera. –los ojos se le empañaron y luego de una pausa continuó- A los 11 años mi mamá volvió y pidió que me mandaran al Patronato, pero el Juez vio el amor de mi padre, como me trataba y nos dejó juntos. Muchas veces vino gente a buscarme para adoptarme y él siempre se negó”, contó con orgullo y pena.

En honor a él y a la población, un día se le ocurrió donar banderas “entregué siente a distintas escuelas y entidades”.

Junto a su padre, Lorenzo recorrió casi todo el departamento ayudándolo en su trabajo en la vid, hasta que a los 18 llegó a la Ciudad y comenzó a vender “golosinas y diarios, además lustraba zapatos. Estuve 20 años haciendo lo mismo, por eso y por el respeto es que la gente me conoce. También viví mucho tiempo en Mendoza, pero me volví porque tuve un juicio con un hombre que me hacía trabajar forzado y casi no me daba de comer, es por privación ilegítima de la libertad”, se lamentó Lorenzo que por mucho tiempo durmió en las calles, tapado sólo por un cartón, “un día casi muero porque me metí debajo de un puente y empezó a nevar. Me salvó la vida un comerciante de la calle Las Heras que vio las piernas que me habían quedado afuera, sino es por él hoy no estaría”.

También tuvo épocas oscuras en los vicios “me hicieron meter la pata. Un día me llamó un Juez y me habló. Eso, junto con las amistades que tengo y que estaba perdiendo, además del cariño de la gente, hizo que entrara en razón. Ahí me alejé del alcohol y el casino, hice una carta de autoexclusión para que no me dejaran entrar más. Empecé a mejorarme y todo lo que tengo es gracias a eso. Es que ya estaba perdiendo hasta la ayuda que muchos me daban – dijo en tono reflexivo y serio, mientras apoyó los codos en la mesa del bar- Yo vivo de eso y de la pensión del Gobierno. No tenía sentido quedarme solo y sin nada por andar mal en la vida”.

Entre muchas anécdotas, recordó el día en que se fue a “Villa Atuel en el triciclo. Tardé cinco horas. Fui al partido que jugaba ese distrito contra Monte Comán. Salió por las radios y no lo podían creer”.

Finalmente Lorenzo agradeció a toda la población, especialmente a los que lo ayudan y a los que le dieron “una mano cuando me enfermé. En Malargüe me atendieron como a un rey. La semana que viene tengo que volver para seguir con el tratamiento. Siempre hay que reconocer lo bueno”.

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Lorenzo posando en la zona de la rotonda de la bandera.

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