San Rafael está surcado por dos importantes ríos que han hecho de él un vergel, un oasis que creció merced al trabajo fecundo de los pioneros. Estos ríos son el Diamante y el Atuel, los que nacen en la Cordillera de los Andes obteniendo sus aguas de los deshielos de la nieve que cae en el invierno y que en verano, merced al calor del sol, se derrite y se convierte en el agua vivificante que va a repartirse por canales y acequias.
En la formación de este oasis se conjugan dos grandes fuerzas, por un lado la naturaleza con su oferta de tierras fértiles y agua, y por el otro la acción del hombre, que con su esfuerzo y trabajo aprovechó esta maravillosa oferta transformando el paisaje de desierto en vergel.
El Diamante nace en la laguna del mismo nombre y recibe varios afluentes, todos arroyos torrentosos, como el arroyo Barroso, que le aporta enorme cantidad de sedimentos, los que le dan a sus aguas una tonalidad rojiza. Al llegar a la planicie no recibe más aportes, por lo que se transforma en un río sin afluentes.
Desde la antigüedad el hombre trató de cruzarlo y lo hacía por partes bajas, poco profundas, como los pasos de las Salinas, las Aucas o de Romero. Y cuando el río crecía era imposible su cruce, ese era el motivo por el cual los pehuenches llamaban a diciembre el mes de la carestía, porque al crecer por el deshielo, no podían cruzarlo para ir a sus trueques de ponchos por alimentos.
Cuando se decidió la construcción del Fuerte de San Rafael, en la margen izquierda del río Diamante, se eligió el sitio del Paso de Romero, que era el lugar por donde, al regreso de sus ataques a las haciendas de Mendoza, cruzaban los aborígenes con el ganado robado, porque era un vado, o sea la parte del río donde éste se ensancha y tiene poca profundidad.
La primera noticia que se tiene de un proyecto sobre la construcción de un puente fue durante la formación del Ejército de los Andes. Al llevar a cabo la Guerra de Zapa, el general San Martín dio a conocer la noticia de que el grueso del Ejército cruzaría la Cordillera por el Paso Planchón, pasando el río Diamante por un puente que se construiría a tal efecto. Por supuesto que ese puente no estuvo más que en la mente de San Martín, porque fue un elemento imaginado para la Guerra de Zapa pero que le dio resultados.
También durante la Campaña del Desierto se pensó en colocar una especie de pontones para facilitar el cruce de las tropas, pero nunca se llevó a cabo.
El primer puente que se construyó sobre el Diamante fue en el año 1878, según consta sobre una de las cabeceras de ese puente. Fue construido por don José Soler, un español que se dedicó a explorar yacimientos mineros y comenzó la explotación de plomo y plata en la mina La Picaza, ubicada en los campos llamados Piedra de Afilar, unos 40 kilómetros al suroeste de la Villa 25, antes de llegar a Agua del Toro, sobre la margen derecha del río Diamante. Estaba sostenido por dos cables, su piso era de madera y tenía aproximadamente ochenta centímetros de ancho.
En noviembre de 1900 los vecinos de la margen derecha del río Diamante, o sea los que estaban en los distritos del sur, solicitaron al intendente Alberto Herrero que les entregara cables de la Municipalidad, ya que un empresario les había ofrecido construir puentes, como los de alambre, que se hacían desde hacía varios años. La respuesta fue negativa, porque estos puentes no eran seguros y provocaban desgraciados accidentes.
Cuando se colonizó el espacio sanrafaelino y surgieron las colonias, la comunicación entre ellas se hacía imposible en tiempos de creciente, motivo por el cual algunos ediles no podían asistir a las reuniones del Concejo Deliberante. También se sabe que en una ocasión el doctor Schestakow cruzó con su caballo “Curcuncho” el río Diamante muy crecido, arriesgando su vida para ir a atender un parto en Rama Caída.
Justamente este nombre, Rama Caída, proviene del lugar donde luego de una tormenta había caído una gran rama de un árbol, y ahí se juntaban los carreros para cruzar el río Diamante todos juntos, ayudándose en caso de ser necesario.
En una noticia de esa época, publicada en el diario “Ecos de San Rafael”, se cuenta un percance que le sucedió a una carreta de Antonio Abbona, quien cruzaba el río llevando mercaderías a Cañada Seca cuando la llegada de una crecida le arrebató la mayor parte de la carga que transportaba, mojando lo restante, hasta dejarlo todo inservible: tabaco, azúcar, yerba, harina y otros productos.
Durante el año 1903, cuando llegó el tren a San Rafael, aparecieron varias noticias en el “Ecos de San Rafael” en las que los vecinos solicitaban que se construyera un puente sobre el río Diamante.
Cuando estuvo en San Rafael el ministro de Obras Públicas de la Nación, durante la segunda presidencia de Julio Argentino Roca, el mendocino Emilio Civit (que llegó en el tren procedente de Buenos Aires el 8 de noviembre de 1903), el pueblo le solicitó la construcción de un puente sobre el río Diamante.
La respuesta a ese pedido la podemos leer en el “Ecos de San Rafael” Nº 260 del 18 de noviembre de 1903 donde dice: “Puente Sobre el Río Diamante”.
“Ha sido gratamente sorprendido el departamento con la noticia de que se ha dado principio a la construcción del puente sobre el río Diamante. Estaría terminado en el segundo semestre de 1904 por la activa participación del Ministro de Obras Públicas”. Al fin se integrarían los distritos y el río no sería más una barrera.
María Elena Izuel
Especial para UNO SR
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