María Elena Izuel
Especial para UNO SR
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Daniel Bustelo fue uno de esos hombres que dedicaron su vida y esfuerzo a cambiar el Sur mendocino, convirtiendo el desierto improductivo en fértil zona agrícola e industrial, con espíritu de constante actividad creadora, agilidad y entusiasmo que puso siempre en sus tareas, coronadas por un meritorio éxito.
Don Bustelo había comprado el campo El Algarrobal para extender su ganado y, viendo el crecimiento de San Rafael, decidió iniciar su trabajo como colonizador y comenzó a vender parcelas, las que entregó a bajo costo, a largo plazo y con poca entrega, formando lo que él llamó Colonia Elena.
Algunos colonos con la primera cosecha pudieron pagar el total. En esos campos construyó el canal Elena que nace del río Diamante y circula por 74 kilómetros entre canales e hijuelas, dotando de agua a toda la zona. También construyó un magnífico camino para comunicar la colonia con San Rafael y Monte Comán.
A esta colonia llegaron 100 familias europeas, checoslovacas, dinamarquesas, lituanas y de otros remotos países, que se establecieron en esas tierras para trabajarlas y obtener de ellas la prosperidad deseada. Si bien sus emprendimientos bodegueros fueron muy valiosos, se considera que esta fue su obra más importante.
Estuvo entre los fundadores de la Cámara de Comercio en 1919 y ocupó la presidencia en los dos primeros años de su fundación, y fue reelegido en 1930.
El diario El Comercio de San Rafael en su número especial de 1925 lo nombra como uno de los principales bodegueros de ese momento, junto a Arizu, Rentería y Bilbao, Tirasso, Herrero, Barón, Jensen y otros. Participó en la Exposición Internacional de Rosario realizada entre el 5 de diciembre de ese año y el 5 de marzo de 1926, integrando como vocal la comisión que a nombre de San Rafael tuvo a su cargo la preparación de la misma.
Su gran voluntad y la honradez de su accionar le permitieron gozar de una brillante posición. Además, había construido una enorme casa al lado del Palacio Municipal, frente a la Plaza San Martín.
Lamentablemente Bustelo tuvo problemas con los bancos y en 1935 un juez le entregó las propiedades al Banco Anglo Sud Americano Limitado, que a su vez vendió en 1937 al Banco de Londres y América del Sur Limitado. Un nuevo propietario se hizo cargo de la Bodega El Rosal, el doctor Alberto Miguel Cano, hermano de entonces gobernador de Mendoza, Guillermo Cano.
Siguieron años malos en los que su salud se quebrantó y los negocios no marcharon bien, por lo que perdió muchas de sus posesiones.
Don Daniel tuvo cuatro hijos: Felicia, más conocida como Porota, casada con el doctor Francisco Yasle, y Elena, la menor, casada con Rafael Pont Lezica, quien era militar retirado. Los dos varones fueron Fernando, que había estudiado abogacía, y Luis.
En el distrito El Cerrito, su sociedad anónima poseía la finca La Porteña, de 78 hectáreas, ubicada entre las calles Tirasso y Callao. El 80% de la finca estaba plantada con viñedos y el resto con frutales. En ella había una casa de adobes y techos de zinc que fue habitada por el gerente de la sociedad anónima, un hombre de apellido Vuille. Esta finca fue adquirida años después por Pablo A. Vuille.
Don Daniel falleció el 11 de junio de 1947, a su muerte continuaron con los negocios sus hijos, bajo el ejemplo de rectitud marcado por su padre.
Su hermano Ángel, que siempre apoyó en sus negocios a Daniel, también vivió en San Rafael y fue cónsul de España en Mendoza. Juntos cultivaron vides de cepas traídas de La Rioja española.
Ángel contrajo matrimonio y tuvo cinco hijos, de los cuales el que tenía su mismo nombre fue un escritor muy famoso. Escribió varios libros sobre el departamento: “San Rafael de sus amores”, “Un muchacho de provincia” y una obra dedicada a Bufano: “Bufano, el montañés que vio el mar”.
Fue diputado y defendió siempre al Sur, tal es así que en la cámara lo llamaban “el Catalán del Sur”. Fue ciudadano ilustre de la Ciudad de Mendoza y una sala de reuniones en la zona del Barrio Cívico lleva su nombre.
