Que Carlos Saúl Menem (90) vuelva a casarse con Zulema Yoma (77), boda que veríamos en los próximos días, podría leerse en primer término como una decisión personalísima y, quizás, como la culminación de una enrevesada historia de amor y desamor con su primera ex esposa.

Pero como los argentinos conocemos al ex presidente como si fuera uno más de nuestros familiares (un tío lejano, un consuegro, un padrino de casamiento) sabemos que si en realidad Menem se vuelve a casar será mucho más que un asunto personal. El ex presidente trae siempre consigo mar de fondo. Siempre viene con premio.

Menem ha sido de todo en su vida. Nacionalista, renovador, conservador, mujeriego, revisionista, pícaro, versero, coqueteador de derechas e izquierdas, revolucionario productivista, liberal salvaje, futbolista, estatista, montonerista de la línea Facundo, basquetbolista, Bunge y Bornista, cavallista, vedettista de la línea Maipo, nacional y popular, capitalista, mentiroso, seductor, vendehumo, neustadista, ferrarista, fiestero, amiguero, patilludo, poco riguroso y audaz como pocos.

Todas esas cosas las ha hecho con una liviandad cercana a la caradurez, pero también con cierta -digamos- valentía. Por ejemplo al haberse animado a desestatizar una Argentina que estaba infectada de un estatismo improductivo y malsano.

Mal, pero vamos bien

Las privatizaciones de Menem desconcertaron al país y a la clase dirigencial. Muchos políticos hubiesen querido hacerlas pero no se animaron a dar el paso por considerarlo algo impopular en una Argentina atravesada de manera profunda por los dogmas del catecismo peronista.

Desestizar el Estado era tarea para un estadista, que no es su caso. Menem fue meritorio al dar el primer paso y tirar barreras, pero después terminó desvirtuando ese proceso histórico al hacer varias de esas privatizaciones a la marchanta, sin rigores, y con muchos amigos y grupos que se favorecieron de manera poco republicana.

La Doña

Zulema no le fue en zaga, aunque por otras razones no político-partidarias, sino por cuestiones de su carácter o, si se quiere, de la jodida vida misma. Algunos llegaron a decir que era la única mujer a la que Menem le temía.

Ella fue y es una madre traspasada por el dolor de que su hijo mayor se le matara en un accidente de helicóptero, suceso al que siempre denunció como un atentado. Esa suposición nunca fue compartida por su marido presidente hasta que hace un tiempo, arañando los 90 años, el hoy senador nacional terminó aceptando que Zulema tenía razón.

Pero además Zulema Yoma fue y es una mujer que fue echada a los empujones de la residencia oficial de Olivos, cuando era primera dama, por un marido con quien ya no se soportaban mutuamente.

La puesta en escena

En realidad ellos ya estaban prácticamente separados desde mediados de los años 80. Los amoríos ocasionales del bon vivant riojano eran pan caliente en los programas de chismes.

Cuando Menem le ganó a Cafiero la interna de la renovación peronista en 1989 y pasó a ser el inesperado candidato presidencial de un peronismo que volvería al poder tras el fracaso económico de Alfonsín, la hipocresía imperante marcó la necesidad de que Zulema y Carlos hicieran las paces.

Y entonces Zulema fue primera dama, algo que jamás hubiera pensado en 1964 cuando en Damasco, Siria, conoció a un todavía ignoto pero ya aparatoso Carlos Menem del que se enamoró y con quien se casó en 1966 para irse a vivir a La Rioja.

El relato

Ciertos exégetas de Carlos y Zulema han salido a explicar que la razón de este nuevo casamiento es "purgar el divorcio de ambos en los '90" para que tanto él, que es o simula ser católico, y ella, que es musulmana, puedan pasar sus últimos años en paz ante los dioses que veneran. Con énfasis, esos "biógrafos" desechan que haya algún interés económico" de por medio en este casamiento.

Explican que Zulema tiene mucha plata (de la Curtiembre de los Yoma) e insisten en que esto no es para evitar que una parte se la lleve la conductora chilena Cecilia Bolocco (54), con quien Menem estuvo casado unos años y con quien tuvieron un hijo, Máximo (el mismo nombre que el primogénito de los Kirchner) que hoy tiene 16 años y acaba de curarse de un cáncer .

Otros recuerdan que el senador nacional Carlos Menem tiene inhibido parte de sus bienes por las condenas en las causas de la venta ilegal de armas a Croacia-Ecuador y la explosión de la fábrica de armas de Río Tercero y por el pago ilegal de sobresueldos, causas por las que él fue condenado a prisión pero que nunca llegaron a cumplirse porque la Corte nacional las cajoneó y porque Menem siempre tuvo fueros legislativos para guarecerse.

No jodan, che

Carlos Menem, al igual que Cristina Kirchner, están convencidos de que la Historia ya los ha juzgado y los ha absuelto.

La propia clase política ha protegido a Menem como un miembro emérito de la "famiglia". Por ejemplo lo hizo, Eduardo Duhalde cuando fue presidente argentino, y luego lo replicaron tanto Néstor kirchner como Cristina Fernández. Siempre lo tuvieron a resguardo porque el voto de Menem en el Senado podía llegar a servirles para alguna trapisonda. Y Carlos siempre estaba presto para darles un mano.

Ojalá que este casamiento, si se da, les ayude tanto a Carlos Menem como a Zulema Yoma a cumplir deseos estrictamente personales o familiares. O a acomodar sus cuentas.

Pero que no crean -ni sus exégetas ni estos nuevos contrayentes de Cupido- que esto vaya a servir para que seamos los ciudadanos los que terminemos absolviendo al ex presidente argentino.

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