Uno está tentado de decir: che, no nos toquen la avenida San Martín sin antes consultarnos. Todo lo que vayan a hacer en esa arteria es como si se metieran con una parte nuestra, con tu casa o la mía.
¿Viste, sin ir más lejos, las discusiones que se dan en cualquier vivienda cuando la señora quiere poner una leonera en el patio y el señor opina que eso es encarcelarse (o al revés) y debaten hasta lograr un punto de encuentro? Bueno, esa pareja, a su manera, está haciendo política.
Imaginate si alguien viene y te dice de sopetón: pibe, te vamos a depilar el torso porque ahora ya no se usa el pelo en pecho. No, pará, es mi vello. Charlemos primero. ¿Cachai la simbología que posee la calle San Martín?
No es que este columnista pelmazo quiera joder porque sí, ni cuestionar la capacidad de gestión de la Muni de la Ciudad de Mendoza.
Te saco un cacho
Simplemente me parece que esta idea de convertir a una parte de nuestra arteria de cabecera en una larga bicisenda, necesita quizás un poco más de argumentación, de convencimiento y de información y todos vamos a estar más tranquilos y seguros de la decisión. E insisto: no cuestiono la idea. Sugiero, simplemente, que nos convenzan.
Es que cualquier obra que nos modifique el paisaje urbano necesita tener un por qué sólido. Si de los cuatro carriles de circulación que hoy tiene la avenida San Martín, le vamos a eliminar uno para transformarlo en bicisenda (aun no se sabe si con sentido al Norte o al Sur) eso no es moco de pavo.
Contame, por caso, por dónde piensan mandar a los coches que ya no podrán circular por la San Martín. O qué campaña tienen pensada para educar a los ciclistas, muchos de los cuales parecen ignorar las leyes viales más elementales, como ya lo relatamos en una reciente columna (Ver: Anarcociclistas: hago lo que se me canta).
El factor Fayad
A fines de los años '80, el intendente Viti Fayad modificó la calle San Martín y amplió las veredas. Para eso eliminó el carril de estacionamiento y prohibió las playas para autos en la zona más céntrica de esa arteria.
Por entonces hubo una fuerte discusión que duró meses porque los comerciantes aducían que eso les había quitado clientela al no poder estacionar cerca de los negocios.
Otros adujeron -a lo largo de años- que la vereda de la calle San Martín había sido ampliada al cuete ya que la gente seguía caminando por el mismo espacio que antes, como el agua de las lluvias que siempre discurre por sus cauces naturales e históricos.
Ahora, el intendente Ulpiano Suarez ha presentado su proyecto bicicletero como otra forma de desalentar el uso de los autos particulares en el microcentro y como un aporte para mejorar la crisis ambiental.
Otras ciudades del mundo han peatonalizado sus zonas claves. En algunas, el resultado ha sido muy bueno, pero en otras han debido revisar parte de esas decisiones porque terminaron desjerarquizando la historia comercial de determinados sectores.
La vida secreta de las urbes
Las ciudades tienen una vida propia que a veces no tiene nada que ver con las planificaciones de los funcionarios. En Mendoza ningún político previó el auge comercial de la calle Arístides (que ya perdió el apellido de Villanueva) sino que el municipio de Ciudad debió correr detrás de las tendencias que marcaban los ciudadanos.
Muchos entienden que la calle Arístides logró consolidarse como polo comercial cuando Fayad corrió los autos de la calle San Martín.
Sintetizo: a veces las ciudades se topan con planificadores de excepción, como Emilio Civit al crear el Parque San Martín, y otras veces son los mismos habitantes o la actividad privada quienes empujan a los políticos a seguirlos.
Sería bueno que en este caso de la bicisenda de luxe de nuestra Gran Vía se terminen conjugando ambas cosas.




