Tesón español: ir a votar en pandemia

Sobremesa del domingo 12 de julio. Ingreso a la tele para ver datos de las primeras elecciones regionales de España realizadas en pandemia. Como suele ser habitual en la TV nacional de ese país, la cobertura televisiva resulta óptima: sobria, sin palabrerío de más, sin vedetismos de los presentadores, sin exceso de simpatía ni de acartonamiento, con enlaces aceitados entre la central de Madrid y los corresponsales en Galicia y País Vasco, las dos regiones autonómicas donde se sufragaba.

Hablo de ese profesionalismo donde nadie hace las cosas de taquito ni muestra la hilacha en cuanto a sus preferencias políticas particulares. Y donde el dato concreto de la realidad, es decir la noticia, es lo que se destaca y no la opinión de quien la presenta.

Gallegos y vascos fueron a votar a pesar de los rebrotes de Covid 19 que afectan a varias zonas de España y que, por ejemplo, en Cataluña han sido provocados por la falta de controles adecuados a los "temporeros" que levantan las cosechas.

A quienes en la mañana del domingo se les dio por curiosear los diarios digitales ibéricos deben haber reparado, tal vez, en una nota de tapa de El Mundo cuyo título invitaba a leer: "España contra España: por qué somos el país más polarizado del mundo".

¿Pero no era que ese galardón -el de la polarización- nos lo llevábamos los argentinos con nuestra grieta? Una vez más ratifiqué que a veces hacemos una dramatización extrema de nuestra situación política en el sentido de creernos únicos en todo lo malo. Tenemos una pésima performance económica, pero en perrerías políticas son varios los que nos empardan e incluso nos ganan.

Toros y votos

Lo concreto es que después del almuerzo dominguero y como me había quedado con la intriga, me prendí en la Televisión Nacional de España para ver qué pasaba con esas elecciones vascas y gallegas en medio de un país que aún está inmerso en la pandemia del coronavirus y que junto con Italia e Inglaterra han sido los más afectados de la Unión Europea.

Se votó en plazas de toros, en estadios y en escuelas amplias, todos sitios que permitían mantener el distanciamiento social, para lo cual los pisos habían sido debidamente demarcadas para mantener un metro y medio de distancia entre los votantes, con rigurosos barbijos y alcohol en gel.

Los presidentes de mesa no tocaban los DNI de los votantes sino que éstos se los acercaban para que ratificaran la identidad. La otra novedad importante fue que se había autorizado -en los días previos- a votar por correo por lo cual arribaban cada tanto a los sitios de votación las traffic trayendo las sacas con los sobres para entregarlos ante los presidentes de mesa.

Cada región, un mundo

La realidad política de vascos y gallegos no es fácil de asimilar para quien no está familiarizado con sus singularidades. Es que una cosa es entender una elección presidencial de España, donde surgen dos bloques, uno de derecha corporizado por el Partido Popular (PP), y otro de izquierda cuyo mascarón de proa es el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), y otra cosa muy distinta es cómo juegan esos dos bloques cuando se trata de elecciones regionales.

Tanto vascos como gallegos tienen partidos nacionalistas, que son los que ya estaban en el gobierno de ambas autonomías y que este domingo fueron ratificados. Los dos grandes bloques de populares y socialistas ya aludidos tienen en estos casos que ir al pie y negociar candidatos con los nacionalistas autonómicos.

Ahora bien, en torno a esos dos grandes grupos de derecha e izquierda han ido surgiendo nuevas vertientes de pequeños partidos. Por ejemplo los populistas de Podemos, conducidos por el polémico Pablo Iglesias, hoy socio en el gobierno presidencial del socialista Pedro Sánchez; o los de centro derecha de Ciudadanos o los de extrema derecha de Vox, entre otros) a los que deben acudir los capitostes del PP y el PSOE cuando los votos propios no le alcanzan en una elección general para formar el gobierno central de esa monarquía republicana que es España.

No jodidos, complejos

Como se verá, los españoles no son ricamente complejos porque se les ocurra sino porque están compuestos por esa de suma de aspectos tan particulares que les proporcionan tanto sus autonomías como una historia milenaria llena de encuentros y desencuentros, adelantos y retrocesos, de genialidades y de negrura.

Los españoles fueron potencia y dueños de los mares, fueron invadidos durante siglos por otras culturas y religiones, llevaron la lengua y su idiosincrasia a buena parte del Nuevo Mundo, tuvieron desgarradoras luchas intestinas.

Todo ello fue la argamasa para lo que hoy son: miembros de una comunidad de naciones como la Unión Europea, pero con un perfil donde se destaca la propia diversidad interna, esa variopinta muestra de caracteres humanos, donde vascos y gallegos, que convocaron nuestra atención el domingo pasado, conviven con catalanes, andaluces, castellanos, asturianos, valencianos o madrileños para no hacerle larga la lista.

Y, mire usted, todos españoles. Joder, hombre, ahí hay tesón.