Una de las críticas con las que el peronismo suele refutar las políticas de Mauricio Macri insiste con la idea de que el actual gobierno nacional, al estar manejado por ricos sin corazón, es insensible ante las necesidades de los más pobres.
El jueves 9 de mayo, en la Feria de el Libro de Buenos Aires, Cristina Kirchner refutó esa idea. Dijo que la administración de Cambiemos "tiene casi el doble de planes sociales de los que tenía nuestro gobierno, el de los choriplaneros”.
Ella (que nunca nombró el apellido Macri en su discurso) apeló a esa ironía para indicar que el actual gobierno ha tenido que echar mano a esas políticas "populistas" para aquietar las protestas mientras se ve obligado por el FMI a sostener políticas liberales y globales que afectan el empleo.
La ex presidenta recordó que al fin de su segundo mandato había 207.000 planes sociales y ahora esa cifra supera los 400.000.
¿Cómo fue?
En realidad, desde que inició su gestión en diciembre de 2015 Macri se cuidó -como de orinarse en la cama- para que no se le fuera a desmadrar el escenario social, a la espera de que hubiera crecimiento económico.
En realidad hacía rato que el crecimiento económico estaba frenado en el gobierno "nacional y popular" de Cristina, que había prohibido que los argentinos tuvieran índices oficiales de inflación y de pobreza, entre otros indicadores.
Ya con Macri en la Rosada, supimos de los brotes verdes que nos iban a inundar en un supuesto "segundo semestre" de 2016. Con ello se iba a poder bajar el número de las familias asistidas con planes sociales. Cada nuevo puesto laboral creado por la "lluvia de inversiones" iba a significar un plan menos.
La red de asistencia social que engordó la crisis de 2001, tras la debacle económica y política que nos dejaron De la Rúa y Cavallo, fue mantenida y aumentada en las tres gestiones kirchneristas, pero sobre todo en el segundo gobierno de Cristina cuando los índices económicos se estancaron y no hubo forma de enderezarlos.
Macri, que desechó el shock económico por salvaje, continuó a su manera con esa red de contención, al preferir meterse con otros pozos negros, como el de los subsidios indiscriminados a la luz, el gas y el agua, con el cual el kirchnerismo había beneficiado sobre todo a los ricos.
La amnesia K
La militancia kirchnerista tiende a olvidar muy fácilmente no sólo la corrupción escandalosa que caracterizó a la "década ganada", sino también el nivel de crispación política que Néstor y Cristina instalaron en la sociedad. Pero, sobre todo, el relato K ha borrado de su memoria cómo se le encarajinó la realidad económica a Cristina entre 2011 y 2015.
Tanto en 2013 como en 2014 hubo devaluaciones superiores al 30% del peso, las más altas de todo el kirchnerismo.
El diputado Axel Kicilloff que era ministro de Economía cuando aquello ocurría, habla hoy como si dicha realidad registrada bajo su gestión hubiese sido sólo un mal sueño.
Lo cierto es que cuando Macri asumió su presidencia, la Argentina ya había vuelto a la pobreza histórica de los últimos 50 años: esto es, casi un 30% de personas en esa situación.
Casi epílogo
Tanto por derecha como por izquierda, Macri ha sido cuestionado por mantener la realidad choriplanera.
Desde la ortodoxia económica porque, dicen, el presidente nunca debió apelar al gradualismo para poner el país en movimiento.
Y desde el ámbito nac y pop porque, indican, el hecho de ganar la provincia de Buenos Aires y sobre todo el Conurbano los "peronizó" a los del PRO que se dieron cuenta de que allí estaba y está el poder de los votos.
En realidad la tesis choriplanera que planteó Cristina es mucho más que el juego irónico que, con mala memoria, plantea una postulante presidencial.
Es la aceptación de un rotundo fracaso argentino La comprobación de que hay un país que alguna vez fue definido como el granero del mundo y que sin embargo tiene al 30% de sus habitantes en un apartheid macabro.




