Sanz, el amasador

Ernesto Sanz es, en principio, un dirigente difícil de catalogar. A veces parece un político fuera de lo común. Otras veces el ingreso a ese casillero parece generar un imperceptible cortocircuito y dudas entre quienes deberían merituarlo. 

Hace unos días lo vi -al pasar- saliendo de una reunión en Mendoza. Su imagen me dio a político de pueblo, como si su vuelta a San Rafael le hubiera pegado muy rápido.

Tal vez esa visión haya sido porque en ese momento estaba rodeado de esos típicos aprendices de comité,  fauna tan singular en provincias. O porque se me antojó algo excedido de abdomen y con las pocas chapas capilares en actitud de rebeldía.

La sensación fue como si hubiese visto a uno de esos tíos medianamente influyentes que de chico uno solía tener en lugares como Monte Comán o en Las Catitas, de los que se decía, a media voz: "Ese está metido en la política".

El tipo

En una disertación en el Colegio de Abogados de Buenos Aires Sanz acaba de dejar interesantes ideas políticas que ratifican, otra vez, que este político está muy lejos de gestionar el carnet de jubilado. O de ser del pelotón.

Ninguna persona lentona hubiese hecho la carrera que nuestro protagonista realizó en el Congreso nacional donde se lo recuerda como uno de los legisladores más destacados de la oposición durante los gobiernos kirchneristas.

No cualquier dirigente político llega a jefe nacional de la UCR ni se transforma porque sí en arquitecto de un proyecto político como Cambiemos junto a otro referente político tan distinto como Mauricio Macri. Ahí hay pasta y muñeca política.

Uno lee ahora que Sanz afirma que "el PRO nunca creyó en una coalición" y pega un respingo. Pero apenas sigue leyendo se da cuenta de que el sanrafaelino no está dinamitando el acuerdo que alumbró con Macri sino que está hablando, como buen político, del futuro.

Está diciendo, como viene pontificando Alfredo Cornejo, que si Macri es nuevamente el candidato presidencial de Cambiemos, es vital que la coalición se recree en serio. Si no es así, el sanrafaelino cree que la nueva presidencia va ser un infierno.  

Otra naturaleza

 Para Sanz, radicales y macristas deben construir una verdadera coalición para enfrentar el 2020. Y explica que si el PRO nunca creyó en una coalición es porque eso no estaba en su naturaleza inicial. Y remarca que no lo dice como un reproche. 

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Por eso es que machaca que en otra gestión presidencial de Cambiemos se debe construir una verdadera coalición en la que los del PRO piensen en el rol vital de la UCR y los radicales logren merituar mejor a los del PRO. Y donde se abran más ventanas. Nada dice de Lilita.

Sanz está convencido de que Macri va a ser reelecto. Y transcribo el textual: "No creo que la sociedad, por más desencanto y angustia que haya, se vaya a suicidar".

Lo que no fue

El error de Cambiemos fue, según su radar, el de no haber gestionado un acuerdo de gobernabilidad en los momentos de mayor fortaleza, como después del triunfo presidencial de noviembre de 2015, o en octubre de 2017, tras el éxito en las elecciones legislativas.

Admite que haberlo planteado este año es tardío y será más dificultoso por las "debilidades del oficialismo", pero lanza que el peor escenario sería dejar todo como está.

Potaje político

La singular alquimia política que se está dando en la Argentina ofrece datos más o menos concretos, que parecen darle cierto plafond a Sanz:

1) Pese a la legión de "decepcionados" que registra  el oficialismo (el calificativo es del gurú de Macri, Jaime Durán Barba), la mayoría de los  votantes de Cambiemos parecen no encontrar nada superador. De allí el lema "la Argentina no se va a suicidar" que lanzó Sanz.

2) Si el kirchnerismo con Cristina de candidata a presidenta ya generaba dudas de poder pasar el filtro de un balotaje, con Alberto Fernández las proyecciones no parecen generar mejores escenarios sino todo lo contrario.

3) El peronismo republicano o razonable, al no encontrar un liderazgo concreto entre sus dirigentes, agravado por las dudas de Sergio Massa de si debe pactar o no con Cristina (o mejor dicho con parte de sus votantes), los desluce e invisibiliza.

Telón

¿Qué rol debemos esperar de Sanz en esta arremetida oficialista que tiene a los radicales como molestos protagonistas? ¿Cómo lo tomará finalmente la  gente bien del PRO que creía que todo se resolvía generando un ejército de militancia virtual en las redes?

Todo pareciera indicar que él prevé para sí un rol clave de gran consejero y de armador de estrategias. Sabe, como decía Carlos Aguinaga, el viejo dirigente demócrata de los años '60, apodado el panadero, que  "La política es como el pan: Se amasa todos los días".